La garnacha busca sin complejos ser la decimotercera denominación de origen

Los asistentes y los participantes en la octava jornada de Juventud DiVino Tesoro. / Ramón Gómez
  • La Consejería de Agricultura trabaja ya en el decreto que regula esta figura de calidad del vino y confía en la pronta aprobación por parte de las autoridades de la Unión Europea

El artículo que cuelga en la bodega de Rafael Mancebo, ubicada en el abulense valle del Alberche, es de esos comentarios que hay que leer cada día porque suben la moral. «Solo he conocido otra zona que en tan poca superficie tenga tanta singularidad y matices y esa zona es la Borgoña francesa», reza el texto redactado por el experto inglés Andrew Jefford, publicado en la revista británica 'Decanter' tras una visita a la comarca de Cebreros.

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El aliento de tales palabras combina a la perfección con el ánimo y las ganas que ponen los viticultores de una zona tan antigua como potente en su capacidad para producir buenos vinos. De una belleza singular, que sorprendió al autodidacta Alfredo Maestro hasta llevarle a cultivar las olvidadas viñas de la zona de San Juan del Molinillo y Navarredondilla, y con una tierra fuerza bañada en un paisaje maravilloso, brotan antiguas y fuertes vides que secan la uva garnacha al sol. Se trata de una variedad dura en el paladar, que ha aprendido a evolucionar mimada desde el cariño de los nuevos viticultores. Maestro es el presidente de la Asociación de Garnachas de Gredos, que reúne a quince profesionales del sector y que está luchando por dotarle del sentido que se merece a esta histórica variedad de la uva. «Somos como el niño recién nacido», apuntaba Mancebo en la octava jornada dentro del ciclo Juventud DiVino Tesoro, celebrada ayer en Ávila, organizada por El Norte de Castilla y patrocinada por Tierra de Sabor, pero un niño peleón y orgulloso que lucha «sin complejos» por ser reconocido como figura de calidad en la que han puesto tanto empeño.

Y en esa pelea, ayer se ganó otra batalla cuando la viceconsejera de Desarrollo Rural de la Junta de Castilla y León, María Jesús Pascual, anunciaba los trabajos de la Consejería en la redacción del decreto que reconocerá la nueva Denominación de Origen Vinos de Cebreros. Será la decimotercera de la comunidad, a la que hay que sumar otras figuras que ya existen y que convierten a Castilla y León en una autonomía que ha apostado siempre «por la calidad», como explicó Pascual, y que produce 200 millones de litros de vino al año.

Más cifras

No fueron los únicos datos aplaudidos ayer en el salón de actos de la Universidad Católica de Ávila. También la cifra de las 20.000 personas que viven actualmente del sector del vino. Sin embargo, la potencia no se agota ahí. «Claro que es un nicho de empleo», reivindicó el presidente de los sumilleres de Ávila, Aurelio González, que compartió mesa con su hija, Gemma González, uno de los exponentes de que el sector del vino puede ser atractivo para los jóvenes de Castilla y León. Ella trabaja en el departamento de enoturismo de Bodegas Arzuaga Navarro (Valladolid) y compartió con los asistentes su experiencia en esa labor. «De un tiempo a esta parte se ha introducido más público joven en las visitas. Además, yo soy de las que creen que sí que consumen vino».

«En Ávila antes se bebía Coca-cola y ahora se toma vino», apuntó después su padre, convencido además de que si se separara el vino de las tapas «se consumiría más. Sería más económico y se invitaría más». Él lo sabe bien, porque lleva muchos años trabajando en uno de los principales restaurantes de la capital abulense y ha visto cómo «en lugar de hablar de cómo se ha elaborado el vino, cuando se toma una copa, se sigue hablando de fútbol».

Es cierto que modificar los hábitos de consumo es una tarea conjunta, como apuntó después Josefa San Juan, una joven bodeguera que compartió con orgullo la posibilidad que ahora le está dando el vino. «Ya podemos vivir de ello», explicó tras haber detallado cómo comenzó el proyecto junto a su marido, hace diez años. Rehabilitaron la cooperativa de El Tiemblo y crearon su propia bodega en la que empezaron vendiendo el 80% de la producción en España y el resto fuera. «Ahora es justamente lo contrario», lamentaba San Juan, aunque sin un ápice de tristeza porque en todo momento se mostró orgullosa de su trabajo. «Hacemos de todo: podamos, elaboramos el vino e incluso lo comercializamos, que es lo más difícil».

Su testimonio sirvió de ejemplo a los jóvenes universitarios hasta el punto de convencerse de que la constancia y el empeño por hacer lo que le gusta, puede tener buenos resultados. «No obstante -matizó- en este sector nos necesitamos todos. Si al final no somos capaces de hacerlo atractivo, no podremos conseguir que les guste a los jóvenes».

Y es que ese es el empeño de la jornada: desmitificar el mundo del vino y acercar a la juventud a esta cultura alimentaria. El vino es, más que una bebida, un alimento. Y su elaboración, más que un trabajo, una dedicación. Y en eso están los nuevos bodegueros de Ávila, los que han encontrado en la variedad de la garnacha una materia prima que mimar con encanto a empezar a exhibir en los mercados. «Ahora la gente quiere respeto por la materia prima y el terreno y eso lo ofrece perfectamente la variedad garnacha», apuntó Aurelio González. «Yo me quedé prendado», reconoció el joven Alfredo Maestro, que llegó por casualidad a esa zona de alta montaña y descubrió las posibilidades de otro tipo de vida. Empezó cuidando cuatro o cinco parcelas que encontró en el sur del Valle del Alberche y terminó aceptando las cesiones de los mayores de esos pueblos que «con tal de que la tierra esté cuidada, te lo prestan para que las trabajes». Él está encantado de poder hacerlo y elabora con mimo cada botella de su vino. «Lo que antes era residual, ahora empieza a tener valor», aseveró, dotando de contenido a una labor casi olvidada en una zona entre gris y verde, sembrada de vieja vid y fuerte tierra. Es la zona de la garnacha, una variedad casi desconocida de uva, venida a más gracias a la labor de unos enamorados del producto dispuestos a luchar sin complejos por entrar a formar parte de las figuras de calidad.