Las carmelitas de Singapur tendrán una imagen de la Santa peregrina

Fotografía realizada en el taller de Fernando Cruz (c) cuando se estaba modelando la figura en barro. El Norte
Fotografía realizada en el taller de Fernando Cruz (c) cuando se estaba modelando la figura en barro. El Norte
  • Reproducen la talla que se custodia en la Encarnación por el V Centenario

Teresa de Jesús fue considerada en vida una mujer inquieta y andariega. Aunque los cambios en los usos lingüísticos han ido modificando el sentido de la expresión, en su día esas tres palabras unidas no podían tener una mayor intención peyorativa. Sin embargo, la religiosa abulense fue inquieta, de obra y espíritu, y muy andariega. Sus idas y venidas, entre otras cosas para fundar 17 conventos, son una de las aventuras más formidables del siglo de Oro español.

Lo que no podía saber la Madre es que su caminar no acabó con su fallecimiento en Alba de Tormes. De hecho, Teresa de Jesús se pone en marcha estos días hacia el continente asiático. Es la historia del nuevo y curioso camino de la santa que nunca descansa.

Si hay una imagen que ha conseguido identificarse de manera total con la idea espiritual y religiosa de Santa Teresa, seguramente sea la que Fernando Cruz Solís realizó para la ciudad de Ávila en el año 1968. ‘Teresa andariega’, como es conocida popularmente, se encuentra en la puerta del Convento de la Encarnación y, quizá por su capacidad para transmitir el eterno impulso reformista de la religiosa, ha acabado por convertirse en un auténtico icono para la comunidad carmelita y para los miles de devotos que visitan la ciudad cada año.

Probablemente por eso, esta imagen ha sido precisamente la elegida por la remota comunidad de descalzos de Taiwán y Singapur para conmemorar el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Jesús.

Hace unos meses, el responsable de esta provincia carmelita, el padre Thomas Lim, se ponía en contacto con la Fundación V Centenario Teresa de Jesús para solicitar autorización para reproducir la escultura de Cruz Solís con el objetivo de convertirla en protagonista de la efeméride en Asia.

Peregrina

Según explicaba el provincial, el objetivo no es otro que tomar esa imagen de Teresa «peregrina» como símbolo de los frailes y monjas carmelitas de Asia, «también nosotros peregrinos en esta tierra», señalaba.

La Fundación trasladaba la petición al Ayuntamiento de Ávila, que resolvía favorablemente la reproducción de un total 70 piezas. 50 pequeñas piezas de un pie de altura (aproximadamente 30 centímetros), que serán distribuidas entre los obispados, arzobispados y las nunciaturas en los tres países de la provincia asiática constituida también por Tailandia, además de Singapur y Taiwán.

También se realizaban 20 reproducciones de 2 pies de altura (61 centímetros) para las cuatro casas de carmelitas descalzos situadas en estos tres países, y para los 12 conventos de monjas, repartidos entre Singapur, Malasia, Tailandia, Taiwán y Hong Kong.

Sentimiento místico

Aseguran los carmelitas asiáticos que la escultura de La Encarnación parece como pocas sintetizar la humildad y profundo sentimiento místico de la Santa («aquí estoy, Señor, ¿qué quieres de mí?»). Una obra efectivamente visitada y fotografiada hasta la extenuación, pero cuyos detalles son totalmente desconocidos para la mayor parte de los que se acercan a ella.

Se trata de una cuidada pieza fundida en bronce, con una altura de 3,60 metros. Fernando Cruz Solís retrató a Santa Teresa de Jesús con un cayado en la mano izquierda y sujetándose el hábito con la derecha, dando la sensación de estar comenzando un paso. Como si siempre se dispusiera a abandonar el monasterio de La Encarnación para iniciar su inmensa tarea fundadora.

Su autor falleció en el año 2003, pero su familia atesora numerosos testimonios de la realización de una de las esculturas de las que el andaluz afincado en Madrid siempre estuvo más orgulloso.

Entre los archivos familiares, sin duda destaca el presupuesto entregado por el artista al Ministerio de la Vivienda, entidad promotora del concurso nacional para una «estatua de Santa Teresa con destino a una plaza en Ávila». Tras ganar la convocatoria, Cruz Solís entregaba al ente ministerial en diciembre de 1967 un presupuesto de 650.000 pesetas, «sin contar el pedestal y la cimentación».

El contrato

Sus hijos también conservan la contestación remitida al escultor por Gabriel López Collado, secretario de la Dirección General de Arquitectura, remitida en enero de 1968, autorizando el presupuesto y una primera entrega a cuenta de 250.000 pesetas.

Cruz Solís llevaría a cabo ese encargo en el que fue su primer taller tras su regreso de una estancia en Italia, situado en la calle Mesón de Paredes de Madrid. Allí, tal y como recogen algunas fotografías de la familia, tomaba forma hasta su imagen actual esta emblemática escultura que ahora emprende de la forma más insospechada un largo camino hacia Asia.