Luis Sanz y Mariluz Cid posan delante de su bodega. / Ramón Gómez

Bodegueros por amor

  • Luis Sanz y Mariluz Cid cumplen 25 años al frente de Dehesa de los Canónigos

Han pasado 25 años de desde que los bodegueros Luis Sanz y Mariluz Cid abrieron las puertas de Dehesa de los Canónigos, un proyecto familiar y muy singular ubicado en una finca entre los municipios de Valbuena de Duero y Pesquera de Duero, en plena milla de oro vallisoletana de la Ribera del Duero. Si es cierto que el amor mueve el mundo –no solo el dinero– desde luego este es el mejor ejemplo. Este sábado el matrimonio Sanz Cid y sus cuatro hijos celebrarán el primer cuarto de siglo rodeados de amigos, muchos de ellos «con cargo», como dice Luis Sanz, pero en definitiva «amigos».

Se espera entre los cerca de 500 invitados a ex presidentes de la Junta de Castilla y León como José María Aznar y Juan José Lucas, así como el actual titular del Gobierno regional, Juan Vicente Herrera. Pero esta historia va de otra cosa. Va de los orígenes de una bodega que ha logrado alcanzar un merecido prestigio gracias a los esfuerzos de la familia durante cinco lustros. Corría el año 1969, cuando Luis Sanz y Mariluz Cid firmaban un importante documento que cambiaría sus vidas de forma definitiva. Con esa rúbrica se convertían en los propietarios de una finca agrícola que había sido de los padres de ella, Ildefonso Cid y Vicenta Sánchez, desde 1931. Los padres de Luz, tía abuela de Mariluz, compraron Dehesa de los Canónigos tras aconsejarles los médicos que su hija viviera en el campo. Posteriormente, los hermanos de Mariluz vendieron la finca en los años sesenta.

Pero sus compradores decidieron volverla a vender porque los pinos no les servían a sus propósitos y no les autorizaron a plantar otras especies forestales. Lucio, el encargado de la finca, fue quien avisó a la pareja recién casada de que los nuevos propietarios se iban a deshacer del terreno.

En esa época, Luis Sanz estudiaba Medicina en Valladolid, de manera que seguía los pasos de su abuelo materno, médico y agricultor en Camporredondo, donde se crió el hoy bodeguero. Algo aparentemente banal ocurrió para que el futuro tomara otra dirección. El mismo Lucio encontró escrito en un pino: «Dehesa, querida, ¿cuándo te volveré a ver?». Los sentimientos expresados por Mariluz Cid en aquel árbol fueron suficientes para que Luis Sanz abandonara los estudios y se pusiera manos a la obra, de acuerdo con su mujer, para cambiar el curso de las cosas.

El bodeguero todavía recuerda que quedó en el restaurante Landa, de Burgos, para deshacer el entuerto: comprar a un precio más alto la finca que meses antes había vendido su suegro. Era el 5 de julio de 1969. «Pedimos préstamos, compramos la tierra y hasta ahora», señala Luis Sanz, sin un mínimo atisbo de arrepentimiento.

El tiempo, 25 años, ha ‘bendecido’ aquella decisión tomada por amor. Pero aquella finca que solo tenía cinco hectáreas de viñedo hoy cuenta con 72, el 85% de tempranillo, 12% de cabernet sauvignon y 5% de albillo.

Compraron ovejas que han mantenido hasta hace poco, aunque la finca ya solo es agrícola. «Siempre decía mi abuelo que el ganado y la agricultura han estado íntimamente unidos», rememora Luis Sanz. Ya en 1972 comenzaron a plantar el viñedo. Lo más importante para este proyecto enológico porque «primero son las uvas y después son las cuvas». De hecho, Dehesa de los Canónigos alcanzó hace 12 años el techo que la familia se había marcado como objetivo: 250.000 botellas. Una producción que no tienen intención de ampliar. «Yo he alcanzado mi objetivo, si los hijos quieren crecer, ellos verán», explica.

Al principio vendían las uvas a Vega Sicilia y elaboraban 15 barricas para el consumo doméstico, hasta que los ya entonces «enólogos punteros» Mariano García y Antonio Sanz «me dieron el empujón para que me animara a elaborar mi propio vino». Era el año 1989, hace ahora 25 años.

Luis Sanz y Mariluz Cid se muestran satisfechos un cuarto de siglo después, además, dos de sus hijos garantizan la continuidad del proyecto de la Bodega Dehesa de los Canónigos. La enóloga Belén, que estudió primero en Valencia y después en Burdeos; e Iván, que es perito agrícola y estudió en la Escuela de Negocios de Salamanca, es el director. Marta optó por la Medicina, que su padre abandonó por amor, y Luis es farmacéutico.

Los orígenes

Antes de la Desamortización de Mendizábal estos terrenos formaban una única finca de mucha más extensión con las actuales propiedades de Vega Sicilia. Había pertenecido al Cabildo de la Catedral de Valladolid, compuesto por 22 canónigos, de ahí su nombre. Situada en el término de Pesquera de Duero, lindaba por el oriente con la cañada del Indio, por el poniente con la dehesa del monasterio de Bernardos de Valbuena, por el norte, con las tierra de Valdemadera y con el monte alto, y al sur con el gran río Duero.

En 1842, tras la Desamortización de Mendizábal, que convirtió en bienes nacionales las propiedades del clero, pasó a manos del empresario vasco adinerado Toribio de Lecanda y del Campo, quien construyó su casa a la imagen de un caserío vasco, aunque con mayores proporciones. En la actualidad el caserío se mantiene como vivienda de la familia Sanz Cid. La bodega ocupa las antiguas naves que fueron utilizadas como silos para guardar el cereal de la finca agrícola.