«Ahora me levanto con ganas de vivir cada mañana»

La carga de tener VIH/PCR
La carga de tener VIH / PCR

Mario Ruiz (nombre ficticio) cuenta su experiencia como afectado del VIH-Sida, y destaca la sensación de «impotencia» ante el rechazo laboral

Patricia Carro
PATRICIA CARROBurgos

Es seropositivo, con carga viral indetectable. Y el tratamiento antirretroviral le ha salvado la vida. «Ahora me levanto con ganas de vivir por la mañana», dice Mario Ruiz (nombre ficticio) a BurgosConecta. Es una de las 3.130 personas diagnosticadas con Sida en Castilla y León desde 1990. La epidemia del VIH-Sida, porque es una epidemia, está controlada. Aun así, cada año aparecen nuevos casos, detecciones tardías principalmente, y fueron 87 en el año 2016.

El caso de Mario encaja en los perfiles tipo. Varón de 40 años que se infectó con el virus del Sida compartiendo jeringuillas. Mario entró en el mundo de las drogas con 14 años, y estuvo enganchado durante 10 años. Fueron años duros, reconoce este burgalés de adopción, pues el consumo de drogas se mezcló con los actos delictivos. Robaba para disponer de dinero y comprar su dosis, y sobre todo a la familia, «porque en casa había de todo». Afortunadamente, pertenecer a una familia económicamente asentada evitó que acabase viviendo en la calle. Eso sí, sus padres se cansaron y le dieron un ultimátum, que Mario no desaprovechó.

«Me arrepiento de haber hecho daño a mi familia»

En León estuvo interno en un centro de desintoxicación y, a continuación, vino a Burgos, donde le acogieron en la Casa de Acogida ‘La Encina’, que gestiona el Comité Ciudadano Antisida. Lleva desintoxicado desde los 30, y con tratamiento antirretroviral desde que comenzó el programa de desintoxicación. «Ahora estoy bien», ha insistido Mario, tanto física como psicológicamente. Su carga viral es indetectable, es decir, el virus no corre por la sangre, y tampoco está en los fluidos orgánicos, la consecuencia lógica de seguir un tratamiento antirretroviral a rajatabla.

Y es que la experiencia de Mario también le ha demostrado que la medicación es un aliado. Cuando empezó con los antirretrovirales «estaba bastante mal», explica, pero luego comenzó a recuperarse y a coger fuerzas, y se confió. Dejó de medicarse y tuvo una recaída muy fuerte. Acabó ingresado en el hospital y aprendió del error, nunca más, desde esa recaída hace cinco años, ha abandonado el tratamiento, porque es lo que le mantiene con vida, en todos los sentidos.

Mario reconoce que, de todo lo que ha vivido, se arrepiente principalmente de haber hecho daño a su familia. Sus padres no se tomaron muy bien su positivo en VIH-Sida, e incluso sufrió un «pequeño rechazo». Ahora ya está superado, pero inicialmente «se asustaron mucho», reconoce. Mario afirma que «no lo volvería a vivir, pero no se arrepiente de nada», pues ha conocido a gente estupenda durante este viaje. Eso sí, no se volvería a meter en el mundo de las drogas, de eso sí que se arrepiente.

«Si te dejas ayudar, hay salida»

Mario está bien, se siente bien y se le nota. Sin embargo, la procesión también va por dentro, pues es difícil vivir escondiendo una condición de seropositivo. Y no queda alternativa, sobre todo si se busca trabajo. Mario es parado de larga duración y se ha sentido rechazado cuando sus empleadores potenciales le han excluido del proceso de selección por tener VIH-Sida, a pesar de que no existe riesgo de contagio. «Es el único miedo que tengo», afirma. «Sienta muy mal» y deja un sabor amargo, de impotencia.

La discriminación laboral es lo que peor lleva Mario, pues entre su familia y amigos se encuentra protegido. Tiene también pareja, y socialmente nota que si bien sigue habiendo cierto recelo, los más jóvenes no tienen en cuenta su condición de portador del virus a la hora de relacionarse con él. Se puede vivir con normalidad, si la sociedad te deja, reconoce Mario. Por ese motivo, su recomendación a los que están en una situación similar a la que él ha vivido es que «se dejen ayudar», pues «hay salida». Otra vida es posible si uno se enfrenta al VIH-Sida con el tratamiento adecuado, y Mario es el mejor ejemplo de su propio discurso.

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