El Norte de Castilla

Oía voces pero nunca lo consultó con su médico

  • Los padres de Daniel M. afirmaron que «tiene brotes violentos desde los 15 años»

Daniel M. parece tener varias caras. En sus declaraciones oficiales, sus compañeros de trabajo coincidieron al describirle en términos como «reservado», «amable» o «culto». Solo una persona explicó a los agentes que «le gustan mucho las mujeres». A ella se le insinuó y obtuvo una negativa como respuesta. Nada más ser apresado, este músico, fuera de sí, gritó que «suelo abusar de la niña porque me dan impulsos». Las indagaciones policiales y forenses lo desmintieron.

Sus padres afirmaron que «tiene brotes violentos desde los 15 años». Pese a ello, ni antes ni ahora pudieron reconducirle «porque siempre se negó». Mostraron un presunto mensaje de su hijo, que el 9 de julio celebró entre rejas su trigésimo primer cumpleaños. En él se leía: «Si me pasa algo, que sepas que ha sido el mal».

El 15 de noviembre, dos meses antes del asesinato, la Ertzaintza tuvo una intervención con él. Fue en la casa de la calle Libertad. Le hallaron «ebrio» junto a la puerta de entrada. Su entonces novia reflejó en su declaración que «empezó a gritar ‘puta’, ‘vete de aquí’». Atemorizada, accedió a marcharse. Poco después llegaron los uniformados tras una llamada ciudadana al 112.

Pero esta supuesta personalidad poliédrica adquiere otra perspectiva cuando habla Daniel. En mayo aseguró que vio «al diablo en la mirada» de la pequeña Alicia. Asimismo, aseguró que hacía «seis meses» que oía «voces» y que «veía al diablo». Pero no acudió al médico.