El Norte de Castilla

«Me dijo que me iba a tirar a mí también»

Bomberos inspeccionan el balcón desde el que Daniel presuntamente arrojó a Alicia.
Bomberos inspeccionan el balcón desde el que Daniel presuntamente arrojó a Alicia. / Igor Aizpuru
  • La madre de la niña que murió en Vitoria en enero arrojada desde un balcón relata en su comparecencia judicial que intentó huir a Burgos la noche anterior al suceso

A Vitoria se le encogió el alma aquella fría mañana del pasado 25 de enero. Alicia, un bebé de 17 meses, y su joven madre, una burgalesa de origen brasileño llamada Gabriela, sufrieron un brutal ataque presuntamente a manos de Daniel M., un sevillano afincado en Vitoria al que la chica había conocido semanas atrás en una red social de contactos. La niña falleció «a las 11:10 horas» del día siguiente a causa, según el informe forense, de un «traumatismo craneo-encefálico» tras ser arrojada desde un primer piso.

El presunto autor, profesor de saxofón de 31 años, está en «prisión preventiva y sin fianza» desde entonces. Para evitar represalias de otros reos, enseguida le trasladaron de la prisión provincial de Álava a Villanubla. Esta semana ha vuelto a Vitoria, al Palacio de Justicia, donde el jueves le sometieron a examen psiquiátrico.

Es un paso «habitual» en esta clase de procedimientos. Pero adquiere tintes de trascendencia porque todo indica que la defensa alegará algún tipo de enajenación. En principio, le acusarán de un delito de asesinato por la pequeña Alicia y de otro en grado de tentativa por el ataque a la madre. Cuando el Juzgado de Instrucción número 1 concluya la recapitulación de tan trágico hecho, la Audiencia Provincial de Álava enjuiciará al único imputado. Las previsiones más optimistas apuntan a «la segunda mitad del próximo año» para la celebración del juicio, que contará con jurado.

La investigación, a la que ha tenido acceso este periódico, aporta nuevos datos relevantes, desconocidos hasta ahora. Como el relato de los hechos de la joven madre. En su comparecencia en sede judicial, esta adolescente –ahora tiene 19 años– contó durante sesenta angustiosos minutos que conoció a Daniel semanas atrás a través de una página especializada en relaciones amorosas. «No éramos novios-novios, pero al final sí nos relacionábamos como pareja sentimental», dijo. De las conversaciones virtuales pasaron al primer cara a cara. Aunque en su primera declaración ante la Ertzaintza habló de «varios encuentros» anteriores a su dramática visita a Vitoria, en sede judicial solo citó una reunión previa. La situó a primeros de año. Pasó un par de horas de charla en una cafetería burgalesa con el músico, eventual en la banda municipal.

La relación fructificó y pasaron juntos la noche del sábado 23 al domingo 24 de enero en una casa rural de una pequeña localidad soriana. Daniel, con una nómina sólida, reservó una junior suite por la que abonó ochenta euros. A última hora de la mañana de ese domingo se dirigieron a Hontoria del Pinar, enclave burgalés donde Gabriela pasó la mayor parte de su infancia. Allí la joven presentó a Daniel a los suyos. A primera hora de la tarde, pusieron rumbo a Burgos. El joven la dejó en la puerta de su casa no sin antes invitarla a acompañarle a Vitoria. «Le dije al principio que no porque mi hija duerme con mi hermana y ella tenía que descansar».

«Miradas» a la niña

Horas después, Daniel lo intentó vía mensajes de móvil. «Como me dijo que me trajera a Alicia, me lo pensé un poco y le dije que nos recogiera después de cenar». Aquella fue «la primera vez» que conoció en persona a la pequeña de 17 meses. «Hasta entonces solo la había visto en fotografías». Durante el trayecto hasta la calle Libertad, le habló de su trabajo «en el conservatorio», donde daba clases a niños. Nada barruntaba el tormento que se avecinaba. Al abrir la puerta de la habitación –alquilada desde abril de 2014– se disculpó «por el desorden». Al parecer, Daniel tenía previsto mudarse en breve a una vivienda en el casco medieval.

Cansada por el viaje, Gabriela optó por ducharse. Siempre «sin perder de vista» a su hija, que estuvo con ella en el baño. Al secarse y vestirse, hubo un detalle que resquebrajó la magia. «Él estaba sentado en la taza del váter. Tenía sobre la cabeza la toalla que yo había usado. Bajaba la mirada hacia abajo y a veces miraba hacia la niña. Empezó a hablar del fin del mundo», describió la joven en su declaración oficial.

Se asustó. Buscó en su móvil autobuses a Burgos. «Eran las doce y algo y hasta las dos de la madrugada no había ninguno. Pensé ‘¿qué hago? Porque no sé dónde está la estación, hace frío, no llevo el carro de la niña, que solo lleva la cazadora’. La cogí y le dije que nos íbamos a dormir», enfatizó. Él se quedó en el salón «escuchando música». Antes de quedarse traspuesta, la joven se incorporó para llamarle la atención «por el volumen de la música»... Al recostarse, recibió varios mensajes en su teléfono. «Eran del estilo ‘ven a tocarme’», aclaró Gabriela. Optó por ponerlo en silencio.

Sobre las 3:30 horas «noté» a Daniel en la cama. Gabriela estaba abrazada a su hija, a la que había colocado contra la pared para evitar que se cayera. Ella le susurró «túmbate a dormir». A partir de ahí, se desató el infierno. «Puso un brazo sobre mí, pero vi que tenía esa misma mano presionando a la niña» a la altura del abdomen. «Le dije ‘¿qué haces?’ Esa mano iba hacia el cuello (de Alicia) y se la quité. Se puso encima de mí. Empezó a pegarme».

Declaró que le llovieron puñetazos a la cara. «‘Te voy a matar’, me decía». Supuestamente la tiró al suelo. «No sé cómo acabamos en el balcón y la niña ahí llorando y gritando ‘mamá, mamá’. Vino hacia mí y la empujé para que él no la hiciera nada». «Me cogió del pelo y me metió para dentro... Y tiró a la niña», afirmó entre sollozos. Acto seguido, Daniel presuntamente cargó contra Gabriela para lanzarla al vacío, pero ella pudo defenderse con un trozo de cristal. «Me dijo que me iba a tirar a mí también. Me agarró de la camiseta, pero como me quedaba grande, me pude salir de ella, le volví a clavar el cristal y salí corriendo». Le dio tiempo a coger una sábana para cubrirse.

Para cuando enfiló las escaleras, los vecinos ya habían llamado al 112. Se dio de bruces con los primeros policías antes de pisar la calle. Ellos se hicieron cargo de la situación. En la habitación hallaron a Daniel, que se resistió. También descubrieron que en el inmueble había una cuarta persona. Era el propietario, también músico, que accedió a alquilarle la habitación como «favor».

«Dani, ¿oyes gritos?»

Alojado en otro extremo de la casa, esta persona sí oyó «ruidos», según alegó. A las 3:41 horas mandó un mensaje a su inquilino que reza:«Dani, ¿oyes gritos? ¿Pasa algo?». No obtuvo respuesta. No fue consciente de lo que ocurrió. Varias personas sí vieron la escena desde sus hogares. Muchos llamaron alarmados al 112. Se encontró sangre en varias prendas del músico sevillano. Previsiblemente, pertenecientes a él y a Gabriela. Con una demora importante, una ambulancia trasladó a Alicia al hospital de Vitoria. Y de allí fue evacuada a Bilbao, donde fallecería horas después. A Gabriela la llevaron al hospital de San Sebastián con una fea herida «incisa en la zona cervical por objeto punzante», heridas «contusas en cara y extremidades» y numerosos hematomas. No pudo despedirse de su pequeña. Ahora clama justicia.