Traslado de los restos a un nuevo panteón en un acto de la Agrupación de Familiares de Personas Asesinadas en el Monte de la Pedraja.
Traslado de los restos a un nuevo panteón en un acto de la Agrupación de Familiares de Personas Asesinadas en el Monte de la Pedraja. / RICARDO ORDÓÑEZ-ICAL

Los restos de 135 fusilados en el Monte de La Pedraja reposan en un panteón de Villafranca de Oca

  • Los familiares reclaman que se «siga buscando» a las personas que faltan porque se estima que en este paraje se ocultaron 300 cuerpos

Los restos de 135 personas que fueron fusiladas durante la Guerra Civil en el monte de La Pedraja (Burgos) -un paraje de la N-12O cercano a la localidad burgalesa de Villafranca Montes de Oca- reposan desde este sábado en un panteón del cementerio municipal del municipio. Familiares y amigos se han reunido en el camposanto para rendir homenaje y poner nombre y apellidos a los restos que fueron apareciendo en las campañas realizadas en el monte durante los años 2010 y 2011.

El panteón, con un coste de 14.000 euros, ha sido sufragado con fondos pertenecientes a la Agrupación de Familiares de Personas Asesinadas en el Monte de La Pedraja, que reclama «ayudas públicas» para seguir buscando a los cerca de 170 personas que siguen desaparecidas en este paraje de la provincia de Burgos. Se estima que en el Monte de la Pedraja fueron fusilados durante los primeros meses de la contienda bélica alrededor de 300 personas que perdieron su vida al ser acusados de pertenecer al bando republicano.

Desde hace más de tres décadas, los familiares de los desaparecidos se reúnen cada primero de noviembre en el monolito erigido para recordar a los suyos. Una fecha: 1936; la misma que marcó un antes y un después en sus vidas. Hoy el monolito ha estado muy arropado. Junto a él se fueron acumulando los restos de 135 personas. A su lado, los suyos. Emocionados por haber conseguido lo que para muchos era un sueño.

Rafael Martínez era uno de ellos. De la mano de su hermana, cinco años menor que él, este anciano de 92 años sostenía una foto de su padre junto al monolito. «Vivíamos en Briviesca, mi padre tenía 42 años cuando lo fusilaron y yo trece y me acuerdo perfectamente de aquel día. Era un 3 de octubre. No se me olvida», indicó en declaraciones a los medios. Es el testimonio de Rafael, que habló también por su hermana Victoria «porque ella no puede hacerlo de la emoción», aclaró.

El paso del tiempo no ha borrado aquella mala tarde de 1936. «Aquello fue horrible. Lo hemos superado y ahora estamos dando gracias por haber encontrado los restos de nuestro padre. Otros no han tenido tanta suerte, los pobres», aseveró este vecino.

Nombre y apellidos

El nieto de Saturnino Gracia también acudió a La Pedraja para rendir homenaje a su abuelo. «Era pelotari, militante socialista, y fue asesinado en el año 1936», indicó muy emocionado mientras sostenía un cuadro de su abuelo con el traje con el que solía darle a la pelota vasca, su mayor hobby. Alegre y contento, el descendiente de este vecino de Castañares de la Rioja (La Rioja) «lamenta que en un país que presume de estar tan avanzado siga habiendo fosas comunes con miles de personas». «Este país tiene una cuenta pendiente y ningún gobierno ha hecho nada», añadió Gregorio Gracia.

Luis Casaval es otro de los familiares que este sábado ha conjugado las lágrimas y las sonrisas. A sus 78 años, este vecino de Burgos contó a los medios lo «feliz» que se siente de poder «sostener» la caja con los restos de su padre. «Yo tenía diez meses cuando mataron a mi padre y a tres de mis tíos. Quedamos 16 primos sin padre», afirmó. La vida no fue fácil desde aquel momento pero hoy se siente «un poco recuperado». «Siento mucha alegría por haberlos encontrado, pero mucha pena también», apostilló.

Panteón para los restos

Concluido el homenaje en el monolito, los familiares se desplazaron hasta el cementerio municipal de Villafranca Montes de Oca para reinhumar a los suyos. En la entrada al cementerio se vivieron momentos de mucha emoción. En especial, cuando el forense Francisco Etxebarria, impulsor de los trabajos de identificación de los cadáveres hallados, animase a los familiares a expresar sus sentimientos.

«Yo quiero dar las gracias a los que han apoyado esta búsqueda», declaró la nieta de uno de los finados, «yo quiero honrar la labor del maestro que fue asesinado», indicó otro vecino. Así hasta una decena de frases en las que se mezclaron sentimientos de gratitud hacia quienes han hecho posible el poder haber encontrado a sus seres queridos casi 80 años después de su desaparición.

Uno a uno, y en manos de los suyos, las 135 cajas -la mayoría con restos sin identificar- fueron introducidas en un panteón ubicado a la entrada del pequeño cementerio. Las familias que quedan pendientes de encontrar a los suyos también acudieron al acto, muchas afirman que «seguirán luchando hasta que se haga justicia».