«Nos han quitado autobuses, el médico pasa cuando puede…»

San Esteban del Valle./Almudena García Drake.
San Esteban del Valle. / Almudena García Drake.

Los alcaldes de los pequeños pueblos se resisten a que continúe la pérdida de habitantes y diseñan proyectos contra la despoblación

PAULA VELASCO

Castilla y León pierde en un año 18.151 habitantes; la comunidad que más descenso de población ha registrado en España, de las nueve que han perdido población, según los últimos datos provisionales publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) esta semana.

Este dato se sitúa muy por delante de las siguientes en la lista, como son Extremadura y Galicia, con pérdidas de 7.861 y 7.369 habitantes, respectivamente.

Pero de toda la región, las que más han acusado el descenso poblacional han sido las provincias de Zamora y Ávila. La primera ha registrado un descenso de casi tres mil personas (2.860 habitantes menos) desde enero de 2017 a enero de 2018, por lo que pasaría de tener 177.404 habitantes a una cifra de 174.544

En el caso de Ávila los datos son similares: 2.435 personas que se han marchado de esta tierra. Por tanto, la población abulense cae por debajo de los 160.700 habitantes del pasado año, y pasaría a tener una población actualmente de 158.265 personas.

Al pie de la sierra de Gredos, en la comarca del valle del Tiétar, se encuentra el municipio de San Esteban del Valle. Su emplazamiento lo sitúa en el Barranco de las Cinco Villas, junto a Mombeltrán, Cuevas del Valle, Santa Cruz del Valle y Villarejo del Valle.

Dos carnicerías, dos panaderías, siete u ocho bares y varias tiendas. Además, es el pueblo de los cinco que más viviendas tiene. Pero la mayoría son vacacionales. Desde hace unos años, además, su alcaldesa, Almudena García Drake, ve cómo el número de habitantes desciende sin freno. Hace poco más de dos, cuando entró como edil en el Ayuntamiento, la localidad contaba con ochocientos habitantes. Hoy, el número se ha reducido a setecientos treinta y dos, sesenta y ocho vecinos menos. Según Drake «perdemos más de quince vecinos por año y la tasa de reposición es de una o dos personas, sin contar a la cantidad de jóvenes que se marchan del pueblo a estudiar o a trabajar en otro lugar», aunque sigan empadronados allí. El colegio cuenta con treinta y ocho niños, incluyendo a los cinco que asisten a guardería. «Si no nacen más que uno o dos al año, en un tiempo nos quedaremos sin niños», asegura.

García Drake hace un llamamiento a las instituciones para «remar todos en la misma dirección», ya que hay muchos aspectos «que no están en nuestra mano» para evitar la despoblación. Si no se hacen «inversiones para evitar reducir servicios básicos, atención primaria u horarios de autobuses, o no se hacen inversiones en la zona que creen puestos de trabajo, no solo en el pueblo, sino en un radio de treinta o cuarenta kilómetros para que la gente pueda quedarse aquí a trabajar, caemos en picado». Sucede igualmente que algunos de los vecinos con vivienda vacacional acuden a vivir al pueblo en su jubilación, «pero no se empadronan porque para ellos es más fácil acudir a sus médicos en Madrid», y las ayudas que nos da la administración por habitante empadronado no llegan, explica Drake.

Y es que Drake ha visto mermados los servicios de autobús y de sanidad en su municipio en los últimos años. «Antes de la crisis teníamos un consultorio con un médico que venía de 9 a 3, todos los días, y luego realizaba visitas domiciliarias. Ahora mismo nos han suprimido facultativos en la zona. No sabemos a qué hora es el médico, cada día viene menos tiempo» y dependiendo del día viene a unas horas u otras, asegura la alcaldesa. Tampoco se realiza «toda esa atención domiciliaria básica, no digamos ya el pediatra. Solo hay uno los jueves», por lo que si se requiere el servicio cualquier otro día, el niño será atendido por un médico general, y no por un especialista.

«Realmente no existen las mismas oportunidades que en la ciudad. Nos han reducido también el servicio de autobús, el médico pasa cuando puede… Sin servicios esenciales, ¿quién va a venir a vivir a nuestro pueblo?». Por eso para Drake es «importantísimo cubrir lo básico y luego trabajar en todo lo demás. Hay que sacar esto adelante y yo estoy segura de que lo vamos a conseguir».

Ángel Jiménez por su parte, alcalde de Chamartín, un pueblo de noventa habitantes a 27 kilómetros de Ávila, opina que la escolarización es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el mundo rural. «Son los hijos los que arrastran a los padres» a la ciudad, en busca de más oportunidades. A ello se suman las comunicaciones «algo deficientes» y la falta «de empresas que se instalen en las zonas rurales» para fijar, sobre todo, población joven.

Fernando Martín fue alcalde de Gotarrendura durante doce años, hasta 2015, y asegura que en «un pueblo se puede hacer lo mismo que en una ciudad, pero con recursos infinitamente menores y trabas mucho mayores». Explica que todo está concebido para grandes poblaciones: «hablamos de avances, de trámites por la Red, de solicitudes digitales, pero ¿llega Internet a mi pueblo?».

 

Buscar salidas

Los tres alcaldes coinciden en algo, y es en la importancia y potencial de la figura del agente de desarrollo local como dinamizador de las zonas rurales, pero hay que saber «sacarlo provecho», asegura Jiménez. «No puede tenerse como ayudante o administrativo», afirma Martín. Y es que el agente de desarrollo, coinciden, «tiene que potenciar los recursos naturales del pueblo, hacerlo visible, buscar ayudas, implicar a la gente». Una figura que cada vez es más solicitada por los ayuntamientos, con el fin de que saque provecho al potencial del lugar.

Y es que, si algo caracteriza al tono de estos tres alcaldes durante la entrevista, es la pasión con la que hablan de sus pueblos y de su belleza natural.

Drake mantiene la confianza en que trabajando se conseguirá desarrollar el potencial de la zona. «No me callo, hay que sacar políticas efectivas, reclamar», por eso hace un llamamiento a la gente emprendedora, para que acuda a fijar población, y para que la gente joven «ayude a los de más edad a poner los cimientos para el futuro».

Vivir en la zona, asegura, tiene ventajas importantísimas como «la naturaleza, el aire limpio, productos del huerto cada día, relaciones sociales. Se podría vivir aquí, llevar los hijos a una escuela con una educación casi exclusiva», debido a los pocos alumnos por curso y con servicios como el cine «relativamente cerca», en pueblos cercanos con mayor población.

Igualmente, Jiménez alaba el paraje natural donde se enmarca su pueblo, Chamartín, con un yacimiento arqueológico como el Castro de la Mesa de Miranda, al que se puede acceder paseando por «un encinar lleno de árboles con cientos de años», que lleva a una cascada hermosa «que hacía años que no veíamos correr así por las sequía».

Fernando Martín, que participará hoy en una ponencia sobre despoblación en San Esteban del Valle, habla con orgullo de Gotarrendura como «lugar donde nació Santa Teresa, estoy seguro», y de la matanza tan importante que realizan, entre otros.

García Drake no se queda atrás hablando con orgullo de la multitud de actividades que promueve el consistorio y los vecinos de la localidad: gimnasia, yoga, zumba, inglés, talleres de recuperación de memoria, terapia ocupacional, por no hablar del grupo de más de treinta mujeres que se han reunido, que cuentan «con un potencial bárbaro, que llevan tres años haciendo multitud de actividades» para dinamizar la vida en el pueblo, como la decoración navideña realizada con envases reciclados, que plagó las calles del municipio las pasadas fiestas, con repercusión mediática nacional.

La jornada sobre despoblación, celebrada en la tarde de ayer, es una de las actividades que ha puesto en marcha, dirigida sobre todo a los habitantes de allí. En ella que se proyectó el documental «Deshabitados», al que siguió una mesa redonda sobre despoblación.

Almudena asegura que «tenemos los mimbres, que son muchos, para tirar de ellos y poder hacer la cesta de nuestro futuro».

 

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