«El conductor me dijo que se había quedado dormido»

«El conductor me dijo que se había quedado dormido»

Estiman que el tiempo de reacción fueron 5,43 segundos; la media de reacción de una persona en condiciones normales se sitúa en 1,2

M.F.J.Ávila

El juicio por el accidente de autobús en Tornadizos que dejó 9 fallecidos prosigue en una tercera jornada, dejando más dudas tras las últimas declaraciones de los peritos y de los agentes de la Guardia Civil.

El accidente ocurrido en la N-403 en 2013 y sus causas presentan varios frentes, sobre los que los testimonios de la nueva oleada de testigos han aportado su visión, con incongruencias en varios casos.

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En primer lugar, el agente instructor de un primer atestado y miembro del equipo de la Guardia Civil que llegó antes al lugar de los hechos, ha admitido que interrogó al conductor del autobús a los pocos minutos de producirse el accidente, lo que afecta a dicha declaración, firmada por Ramón G., el acusado, porque se hizo sin presencia de un abogado y sin dejar constancia de que el interrogado podía negarse a responder.

No obstante, dos agentes de la Guardia Civil, el instructor y un compañero, han coincidido en sus declaraciones: el conductor les dijo, momentos después del siniestro, que se había «quedado dormido».

Esa misma patrulla de la Guardia Civil constató, en el viaje de ida hacia el kilómetro 123 donde se desencadenó la tragedia, que no había obstáculos en la vía ni condiciones meteorológicas adversas que explicaran el accidente.

Mediante la Teoría de la Evolución del Accidente, los peritos recrearon la sucesión de acontecimientos desde el momento en que el vehículo quedó inmovilizado hasta que se salió de la carretera. Todo ocurrió en una pendiente con buena visibilidad desde la cabina del conductor. Las “manchas de los neumáticos” y el doblamiento de una señal de tráfico al golpear contra ella el lateral del autobús, marcarían el lugar donde se salió de la vía. Desde esa salida hasta el primer impacto, los peritos consideran que transcurrieron los segundos suficientes como para asegurar que el conductor «no estaba atento», ya que «ni giró a la izquierda» ni «accionó los frenos».

Además, según la Guardia Civil, sólo la cara interna de los neumáticos permanecía en contacto con la carretera. Señal, junto a la «huella del sueño», una marca que indica falta de atención, de que la salida no fue sorpresiva sino «paulatina» en su avance.

En este punto, los informes señalan que las ruedas del lateral izquierdo se bloquearon, en una posible maniobra evasiva por parte del conductor que no obstante podría deberse al golpe sufrido en el lateral derecho del autobús.

Finalmente, se ha determinado tras el análisis de los tacógrafos, que la velocidad a la que circulaba el vehículo en el momento del impacto era de 108 a 110 km/h aproximadamente. Analizando el mismo tramo en los 28 días anteriores, se aprecia que la media era de 90 a 95 km/h. El testigo que ha aportado estos datos, un agente de la Guardia Civil, ha recalcado que al tratarse de un tacógrafo analógico, los datos no son tan fiables como serían en uno digital. No obstante, sí se ha manifestado que en el momento del impacto, la velocidad presentaba una tendencia ascendente, contraria a un potencial acto de frenado.

Por su parte, el Equipo de Reconstrucción de Accidentes de Tráfico, prestando declaración por videoconferencia, ha estimado que el tiempo de reacción de Ramón G. fue de 5,43 segundos, multiplicando el tiempo asociado a la media, 1,2 segundos. Afirman que podría haberse debido a un episodio de microsueño.

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