«Hay que compensar la vida del medio rural y a los que necesitamos vivir de él»

Un ganadero muestra ternero atacado por lobos/Alianza UPA-COAG
Un ganadero muestra ternero atacado por lobos / Alianza UPA-COAG

Mónica Gutiérrez, ganadera abulense, ha sufrido ocho ataques de lobo en lo que va de año y asegura que «estamos rompiendo la cadena alimentaria»

PAULA VELASCO

Mónica Gutiérrez es una mujer de 41 años, ganadera en la provincia de Ávila. De su explotación vive, además de ella, su marido y su hija, y también sus dos hermanos. Y en lo que va de año han sufrido ocho ataques de lobo; tres de ellos, la semana pasada, en los que han perdido tres terneros.

Esta ganadera abulense cuenta en la localidad de Tornadizos, en Ávila, con doscientas cabezas de vaca cruzada de carne; y otra explotación más en El Espinar, localidad segoviana, en el paraje llamado Campo Azálvaro.

Su medio de vida es la ganadería extensiva, es decir, aquella en la que los animales viven a campo abierto, alimentándose del prado y con ayuda de pienso en invierno. La venta de ingresos de este tipo de explotaciones es la venta de terneros a un tercero, a los seis o siete meses de vida, para que este los cebe y puedan servir para el consumo humano. Este tipo de ganadería para engorde de reses se llama ganadería intensiva, y es la que se encuentra en los cebaderos, donde se ceba al animal para su posterior consumo.

«La ganadería extensiva no puede estar encerrándose cada día en una nave, es eso, extensiva, no podemos ir contra natura», asegura Mónica Gutiérrez. «El manejo de esa cantidad de reses es muy complicado, no es como las ovejas».

Y es que, la principal fuente de ingresos de estas explotaciones, que es la venta de terneros, se ha visto afectada en los últimos tiempos por los ataques de lobos que está sufriendo la provincia de Ávila. Según los datos aportados por el consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones, la población de estos cánidos se ha quintuplicado en los últimos años en Castilla y León, pasando de cuatrocientos a dos mil ejemplares.

«La población se les ha ido de las manos, las órdenes de Bruselas para proteger la especie son estrictas y además los políticos tienen a los grupos ecologistas en contra. Los ganaderos estamos pagando las consecuencias», asegura esta empresaria. «Hay que hacer compatible la vida en el medio rural con los lobos. Me parece muy bien que se recupere la especie, pero tendrán que tomar medidas porque nosotros no podemos hacernos cargo de las pérdidas» que supone la muerte de un ternero, ya que las ayudas aportadas por la Junta no compensan los ingresos que obtendrían de la venta de cada ejemplar.

Actualmente la administración indemniza «con 385 euros la pérdida de un ternero de dos meses, que es la edad en la que normalmente han sido atacados. Pero nosotros, en su venta, que se da sobre los siete meses, obtendríamos alrededor de 650 euros», explica Mónica. A los ataques, además, hay que sumarles el estrés que sufre el ganado, los abortos y los nervios de las vacas, que no vuelven a parir un ternero hasta el año siguiente.

Por otra parte, afirma que actualmente los plazos para abonar estas indemnizaciones se han reducido mucho, y en este momento la media de espera para el ingreso suele ser de un mes, en comparación con el año que se daba anteriormente.

Gutiérrez asegura que las «cosas no pueden seguir así si queremos seguir manteniendo la explotación y a nuestras familia. Estamos pocos, algunos jóvenes, y esta es una actividad sin relevo generacional», asegura.

A esta problemática se suman las «trabas» que ponen los forestales a la hora de dar un parte de lobos. Hay que cuidar el ternero muerto para evitar que lo ataquen las aves carroñeras «mientras viene el forestal», cuenta Mónica. «Si a la hora de ir a mirar el ternero para hacer el parte se lo han comido los buitres, los guardias dicen que ya no pueden hacer el parte porque no ven que ha habido un ataque de lobo».

Mónica asegura, además,  que los buitres «están muertos de hambre, hemos ido contra natura y se está rompiendo la cadena alimentaria. Estamos limitados. Todo viene de Bruselas pero los consejeros tienen que mirar y compensar la vida del medio rural y a los que necesitamos vivir de él».

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