La escritora Ester Bueno Palacios con su último libro de poesía 'Nada es lo que decías'.
La escritora Ester Bueno Palacios con su último libro de poesía 'Nada es lo que decías'. / M. MARTÍN-ICAL

‘Nada es lo que decías’, una historia vital de añoranzas y pasiones

  • La poeta abulense Ester Bueno publica su primer libro, que presentará después de las fiestas de Navidad

Manuel creció en una habitación negra, donde hablaba con monstruos y sirenitas. Manuel y Ester crecieron juntos y atisbaban desde esa habitación negra el futuro por un agujerito y jugaban a ser padres o astronautas, o un cocinero loco haciendo pan. Hoy, aquella niña recuerda los días en el valle del Corneja, antes de que su cuerpo y el de Manuel crecieran para convertirse en «alma sin niños».

A Ester Bueno (Martínez/ Piedrahita, Ávila, 1966) le vibra la voz y le brillan los ojos cuando rememora pasajes de su niñez, íntimamente compartida con su hermano, Manuel, a quien dedica uno de los poemas de su primer libro. ‘Nada es lo que decías’ es la moraleja que le ha dejado la vida. «Durante toda tu vida la gente te cuenta muchísimas cosas (tus padres, tus amigos) y al final tú descubres tu propia realidad y nada es lo que te han contado», explica en su encuentro con Ical.

Pero ‘Nada es lo que decías’ es, por encima de todo, un «poemario intimista», una «historia vital», como ella misma lo define y que estará en las librerías en los próximos días. En le primera parte de esta obra, titulada ‘El tiempo, el cambio’, recoge historias de su infancia, de su «arraigo» a su pueblo, Piedrahita. La segunda parte, ‘Amor, desamor’, la componen historias de «desencuentros vitales» con el amor, con las pasiones.

«Es una recopilación de historias de mi vida», confiesa; historias que, por cierto, dedica a su hijo. Los poemas los ha compuesto en el último año y medio y los terminó de perfilar el pasado verano durante su mes de vacaciones en Ámsterdam.

Ante su primer libro en solitario –ha participado en al menos cinco antologías poéticas de mujeres- siente emoción y responsabilidad. Ojea el libro, lo acaricia, le da la vuelta y juega con él mientras reconoce que ha escrito desde siempre, aunque hasta el momento había sido un acto privado y es consciente de que a partir de ahora, lo que le pertenecía en exclusiva, pasará a ser patrimonio de todos los que paseen por sus hojas.

Así que dejará de ser suyo el susurro en el que se pregunta dónde está la tristeza, el análisis de los besos derretidos, la invitación a ser libre, el calendario para la cuenta atrás del próximo encuentro o la contrariedad de que los ojos se encuentren en sueños, aunque las manos de esos ojos no se sientan.

«Escribir era algo que me liberaba de mis fantasmas y me hacía ser mejor persona, porque yo creo que escribir te hace ser mejor persona», comenta para defender que la poesía es algo «terapéutico», que no se debe leer de forma intensiva, sino saboreando versos de vez en cuando.

Leer poesía

El principal proyecto que tiene para ‘Nada es lo que decías’ es su lectura pública en las bibliotecas de los pueblos pequeños, unas sesiones a las que invitará a sumarse a todos los amantes de la poesía. «La poesía leída por el poeta que la ha escrito es diferente, ves la cara de su autor, su expresión y cómo se emociona en algunas partes», defiende.

Esas partes son para ella las que se refieren a sus recuerdos más remotos. «Soy mucho más templada para leer los poemas de amor, los leo con poso; pero los recuerdos más lejanos me cuestan mucho, me emocionan», reconoce. Y no hay un auditorio más emotivo que sus propios padres, como pudo comprobar hace poco.

Esta idea de compartir su poesía tiene mucho que ver con esos recuerdos que desvela en su libro. Lamenta que se haya ido perdiendo la cultura de leer en alto, mientras se traslada a su infancia en la que, junto a la lumbre, en la cocina de Martínez, su abuelo «un agricultor con mucha inquietud» les leía en alto. «En mi familia siempre ha habido una vena artística. Mi padre esculpe y pinta, mi abuelo cantaba muy bien, mi sobrina estudia Bellas Artes y a mí me ha tocado la poesía», relata.

Ester Bueno tiene su primer poemario entre las manos, pero también tiene terminada la que espera que sea su primera novela. Sus planes para ella pasan por presentarla a diversos premios para poder publicarla con un mínimo de resonancia. Si al final no es posible, probará suerte con las editoriales. Sobre la novela, avanza que es una historia de relaciones humanas a través de las redes sociales.