El Norte de Castilla

A reinventarse con Luis Enrique y Luis Suárez tras tocar fondo

Luis Enrique.
Luis Enrique. / Afp
  • El Barça no ha ganado ningún título en 2014, algo que no sucedía desde 2008, un hecho que conlleva un cambio que todavía no está bien definido por el técnico

Desde que Pep Guardiola se fue del Barça al término de la temporada 2011-12, tres entrenadores han pasado por el banquillo del Camp Nou, uno por año, y a todos se les ha exigido que mantengan aquella excelencia o, como mínimo, que demuestren en el día a día que aquel es el modelo. En ese sentido, 2014 ha sido bastante parecido a 2013 o 2012. La diferencia es que éste es el primer año desde 2008 que el club azulgrana no gana ningún título, un hecho que es más doloroso todavía por lo bien acostumbrado que se estaba.

La sequía de títulos ha permitido que comience a aceptarse, poco a poco, siempre con la exigente lupa del entorno enfocando al estilo, una reinvención de aquel Barça sublime. Luis Enrique, firmado cuando la última Liga todavía era posible, tiene el permiso del club, incluso de una parte cada vez más numerosa de los socios y aficionados, para liderar un cambio que no se olvide de la posesión de balón, pero con un fútbol más directo, vertical y efectivo. Y para ello llegó un rematador como Luis Suárez en agosto a cambio de 81 millones de euros. Acabados los primeros cuatro meses de competición, dos de ellos sin el uruguayo por sanción, queda claro que el proceso necesita tiempo. El técnico asturiano no ha acabado de poner su sello definitivo a un Barça que en ocasiones vuelve a dormirse con el balón como en los partidos más aburridos de la era reciente, pero que en otras enloquece con un cierto descontrol. Demasiadas dudas que se han traducido en ir a remolque del Madrid en la Liga tras el 3-1 del Santiago Bernabéu, aunque en la Liga de Campeones se acabó arreglando el tropiezo en París (3-2) con el 3-1 en Barcelona que llevará al conjunto culé enfrentarse al Manchester City en octavos de final.

Hace falta tiempo para salir del pozo en el que el club y el equipo se metieron al término de la temporada 2013-14. El Barça del Tata Martino comenzó bien la campaña en los últimos meses de 2013, pero ya arrancó 2014 renqueante, con señales alarmantes de bajón físico y anímico, también con grietas en la relación entre cuerpo técnico –dividido entre un ‘staff’ de la casa heredado y los tres argentinos- y algunos pesos pesados de la plantilla. El fallecimiento de Tito Vilanova, el que mejor resistió la comparación con su ‘ex jefe’ Guardiola gracias a la Liga 2012-13 de los 100 puntos, también afectó a la  plantilla, al corriente desde principios de año del empeoramiento de su enfermedad. La ‘Messidependencia’ pasó factura porque el argentino arrastró pequeñas lesiones que le impidieron jugar cómodo en un Barça demasiado bien acostumbrado a las genialidades de su ‘10’. Y para colmo también se lesionó Víctor Valdés de gravedad, quien se perdió la fase decisiva de una temporada en la que Puyol tuvo una aportación testimonial. Además, los problemas judiciales de todo tipo se amontonaron y desviaron la atención una y otra vez: la fiscalidad del fichaje de Neymar (de irregular rendimiento en su primer año), la sanción de la FIFA por los fichajes de niños extranjeros, el contencioso de Messi con Hacienda…

El resultado de tanta fatalidad, el castigo a una cierta indolencia general, fue el KO en cuartos de final de Liga de Campeones ante el Atlético con una impotencia dolorosa (1-1 y 1-0) y la derrota en la final de Copa frente al Madrid (2-1). El Barça se quedaba sin dos títulos con marcadores ajustados, siendo competitivo, teniendo opciones. Pero eso no bastó. Y menos cuando los tropiezos del Madrid y del Atlético pusieron la Liga en bandeja al equipo del Tata Martino, que acabó el campeonato con tres empates que ofrecieron una imagen muy pobre, como en el pulso decisivo que le dio la Liga al Atlético en el Camp Nou (1-1). Se había tocado fondo porque no sólo se trató de jugar peor o mejor, más aburrido o menos. Esta vez los jugadores dejaron la sensación de no luchar, de no creer, de dimitir.

Se marchó el Tata Martino, hoy seleccionador de Argentina, al igual que dejaron el equipo referentes como Puyol y Víctor Valdés y jugadores importantes como Cesc y Alexis. Tello, Pinto, Cuenca, Afellay, Song y Jonathan dos Santos completaron la criba. También estuvo a punto de irse Xavi, que al final se quedó cuando ya había anunciado que se marchaba. Y, entre otros, llegaron Mathieu, Rakitic, Rafinha, Bravo, Ter Stegen, Douglas, Vermaelen (quien no ha debutado por lesión) y, en especial, los citados Luis Enrique y Luis Suárez, en cuyo carácter, denominador común en los dos, están puestas las esperanzas del cambio en 2015.