El Norte de Castilla

Costa, centro de los focos cuando se quebró el sueño de La Roja

Diego Costa.
Diego Costa. / Reuters
  • El punta vivió una nacionalización polémica, completó un gris Mundial en el que sufrió la ira brasileña y fue acusado de falta de "compromiso" tras marcar su primer gol

2014, el año que la selección apostó por Diego Costa para solucionar sus problemas con el gol, pasará al recuerdo como el que trajo de nuevo la palabra fracaso a la selección. El reto era mayúsculo, conseguir un segundo campeonato consecutivo, pero España estuvo lejos del nivel competitivo necesario en el Mundial. El punta, con unos registros espectaculares con el Atlético y ahora en el Chelsea, protagonizó una polémica nacionalización y en Brasil acaparó toda la ira de los hinchas locales, dolidos por la 'traición de Costa' y temerosos de un nuevo éxito de 'La Roja'.

Nada más lejos de la realidad. La participación mundialista fue un desastre. Lo mejor ofrecido por un español en el Mundial fue la imagen de Puyol portando la Copa del Mundo en el césped de Maracaná. Ningún otro estuvo a la altura de la estrella lograda en Sudáfrica. «Me entran ganas de llorar, pero mantengo el tipo. Es importante saber perder, a la gente se le conoce en las derrotas», explicó en una entrevista a este medio Vicente del Bosque en el Arena da Baixada a modo de resumen nada más terminar el torneo más corto que se recuerda a España, que para el partido 19 de los 64 previstos en el torneo ya estaba eliminada.

En Curitiba, lugar elegido de modo erróneo como cuartel general, salió todo lo peor de España. En esa fría ciudad, la generación más gloriosa se descompuso como grupo y mostró lados desconocidos. Quizá estar tan aislados de todo, provocó que muchos de los futbolistas fueran egoístas, tal y como había anunciado su entrenador, y lo mostrasen en sus comportamientos sin rubor alguno.

Tras confirmarse el descalabro deportivo, una mezcla de grupo veterano justo físicamente y una mala planificación, el cante lo dio Xabi Alonso al criticar la actitud del grupo sin ponerse por delante el primero y tuvo que rectificar después ante sus compañeros, con los que no tenía 'feeling' desde hace tiempo, y contar primero entre pasillos que se iba y después negar la mayor con el micrófono abierto. No fue el único: Cesc se enfadó en un entrenamiento intrascendente con su seleccionador tras anunciar el día antes del debut que cambiaba de equipo, Casillas eligió terminar su tarde libre con su pareja en lugar de hacer grupo en la comida de toda la delegación, Pique tomó el sol antes de un partido oficial del que se cayó por unas molestias a última hora tras unos días descentrado por ser suplente ante Chile y haber tenido a su pareja en el mismo de hotel de concentración en Washington, los capitanes dejaron el marrón de aparecer para dar la cara ante los aficionados (representados en los medios presentes) a jugadores con escaso protagonismo y culpa en la debacle, Villa se cabreó al ser sustituido en su último día como internacional y Jordi Alba insultó a un periodista primero en la zona mixta del estadio y después en el avión oficial sin que los directivos frenasen la mala educación indigna de un deportista. En ese avión de regreso no estaba Costa (tampoco Piqué y Cesc Fàbregas) quien dejó vestido de calle el estadio y evitó volver con el grupo a España, donde pese a lo sucedía había centenares de aficionados en la puerta de llegadas de Barajas para verles aunque nadie avisó de ello a los jugadores que no pasaron por allí.

A vueltas con el «compromiso»

Algo se quebró en Brasil, aunque Del Bosque, quien decidió continuar y tratar de volver a pegar esos trozos para crear una nueva obra. Ganas y clase hay, aunque parece que falta «compromiso». Al menos para Ramos, que acusó de no tenerlo a Cesc y Costa, ausente desde que tras 515 minutos lograse marcar su primer gol con España después de un recital de ocasiones marradas. «Ojalá a partir de hoy salgan las cosas bien. Me estaba costando pero ya me quité la presión. Tengo que dar las gracias por el apoyo del míster. Cada partido me daba una nueva oportunidad», dijo. Volvió tocado de ese partido, Mourinho se quejó y el seleccionador optó por darle descanso ante Bielorrusia y Alemania para que se recuperara de sus molestias físicas. «Diego Costa y Cesc deberían haber dado alguna explicación pública ya que pueden crear alguna duda, no sólo en algún compañero, sino de cara a la afición. Si hubiese sido yo [el acusado de borrarse] no lo hubiese permitido. Hubiese salido a hablar para explicar si no vengo por esto o por lo otro. Qué menos que dejarlo claro, para que nadie especule y saque cosas que no son reales», aireó Ramos antes de entrar a valorar los problemas físicos de Diego Costa: «Se puede decir pubis. Otra cosa es que lo tengas o no. De lo que decimos a lo que tenemos hay un mundo. Obviamente, desde tu club puedes mandar una información u otra y creértela o no. Me gustaría que los jugadores tengan un compromiso con la selección igual que con su club. Hay que transmitir ese compromiso a todos los que vengan nuevos. Es al fin y al cabo lo que marca la diferencia». Días después Del Bosque afeó la conducta de Ramos, que nunca rectificó sus palabras. También le pegó un palito a José Mourinho, quien ironizó sobre los conocimientos médicos del andaluz: «No creo que Sergio tenga un máster en Medicina antes de hablar de mis jugadores». «Cada uno debería opinar de lo que pasa en nuestra casa», recomendó el técnico salmantino y volvió a defender a Costa, protagonista en el inicio y final de año.