Nélida Fernández
Caracas, 11 feb (EFE).- El abogado y gobernador Henrique Capriles Radonski es a sus 39 años un nuevo líder político en el panorama venezolano que trata de ofrecer al electorado una imagen radicalmente opuesta a la del presidente, Hugo Chávez, y a la de los partidos tradicionales de su país.
De discurso conciliador y moderado, Capriles, descendiente de judíos del gueto de Varsovia y biznieto de víctimas del campo de exterminio de Treblinka, defiende la necesidad de mantener los programas sociales de Chávez, de la educación, y de ir al grano, asegurando que él no va a estar hablando durante horas en la televisión.
Se aleja del discurso radical de algunos de sus contrincantes en las primarias de la oposición venezolana de este domingo que aseguran llevarán a juicio a Chávez por crímenes de lesa humanidad y afirma que dejará al Poder Judicial el trabajo de señalar las responsabilidades del actual Gobierno.
Con una gorra siempre enfundad en la cabeza, el gobernador del céntrico estado de Miranda, que incluye parte de Caracas, ha mantenido una prudente distancia de los partidos tradicionales como Acción Democrática y Copei y se ha asociado con otros líderes jóvenes como el exalcalde Leopoldo López quien declinó su candidatura a las primarias para apoyar la de Capriles.
Capriles pertenece a la clase alta caraqueña. Por el lado paterno, forma parte de una familia de dueños de medios de comunicación y empresas inmobiliarias, entre otros intereses, y por el ala materna sus parientes poseen un importante complejo de salas de cine.
Pero, aunque sus apellidos están asociados al poder empresarial, Capriles ha procurado desvincularse de una imagen elitista o poderosa para captar simpatías entre las clases más desposeídas que rondan el 80% de la población venezolana.
Pese a su juventud, el político ya cuenta con un grueso currículum. Llegó a gobernador de Miranda tras vencer en las urnas a Diosdado Cabello, una de los hombres de núcleo duro del Gobierno de Chávez y actual presidente de la Asamblea Nacional (AN).
Además, Capriles fue dos veces alcalde del municipio caraqueño de Baruta y hace 14 años se convirtió en el presidente más joven de la desaparecida Cámara de Diputados
Es militante del partido Primero Justicia prácticamente desde su fundación y se ha mantenido en la militancia de esta organización que se ha erigido como uno de las principales formaciones políticas opositoras desde el 2000.
El 3 de mayo pasado lanzó su candidatura a las elecciones primarias de la oposición y desde entonces no ha dejado de ocupar el primer puesto en las preferencias de los potenciales votantes en estos sufragios.
Capriles nunca se ha casado y tampoco tiene hijos pero se le conocen algunos romances como el que mantuvo durante varios años con la locutora y animadora Erika de la Vega.
En el último año ha comentado que su único deseo es conseguir una novia con la que pueda casarse y así se lo manifestó a Efe en enero pasado cuando fue a la procesión de la Divina Pastora en el occidental estado Lara y aseguró que su petición a la virgen era, justamente, una esposa.
Sus detractores le acusan de "inacción" durante el ataque que sufrió la embajada de Cuba en Venezuela por parte de radicales antichavistas durante el golpe de Estado que sacó a Chávez del poder por dos días en abril de 2002.
El entonces embajador cubano en Venezuela, Germán Sánchez, aseguró que Capriles, que para el momento era alcalde de la zona donde se encuentra la sede diplomática, no intentó evitar las agresiones y destrozos, así como el corte de electricidad y el agua de la legación.
Aquellas acusaciones le llevaron a estar 119 días preso y en algo poco habitual en Venezuela, su caso llegó hasta el final de la vía judicial, donde fue exonerado de culpa.
"Yo lamento que mi buena fe se convirtió luego en una película para llevarme a la cárcel, juzgarme y tener una película de terror todos estos años, a mi me llevaron a la cárcel sin ni siquiera haber sido imputado", indicó Capriles en una entrevista a Efe, al afirmar que él fue a la embajada para garantizar la seguridad de la legación y sus funcionarios. EFE