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Cumbre de Leonardo Hernández: tres orejas y cuarta Puerta Grande

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Cumbre de Leonardo Hernández: tres orejas y cuarta Puerta Grande

Juan Miguel Núñez
Madrid, 28 may (EFE).- El rejoneador Leonardo Hernández ha vuelto a estar cumbre en Las Ventas, hoy, con un triunfo de tres orejas que le vale su cuarta salida a hombros por la Puerta Grande, su consagración definitiva.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Luis Terrón, reglamentariamente "despuntados", mansos y deslucidos, y lo que es peor, alguno, como el quinto, hasta con peligro, y en parte también el cuarto. Los únicos que medio "se dejaron", segundo y sexto.
Sergio Galán: rejón (palmas tras petición); y rejón traser (vuelta tras petición).
Moura Caetano: medio rejón sin quebrar (ovación); y rejón sin quebrar, pinchazo y rejón (ovación).
Leonardo Hernández: rejón (oreja); y rejón (dos orejas).
La plaza se llenó en tarde apacible.
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LEONARDO, LA MAESTRÍA
Corrida muy accidentada, con tres caballos heridos: "Garabito" y "Passape", éste último finalmente sacrificado en las cuadras, ambos de Moura Caetano, y "Templario" de Leonardo Hernández.
Al margen de los percances, el festejo ha tenido como principal contrariedad la mansedumbre de los toros. Una corrida muy difícil, exigente y absolutamente nada lucida.
A todo eso hay que añadir la intransigencia del "palco" con uno de los nombres importante que ha tenido la tarde, Sergio Galán, negándole nada menos que la Puerta Grande: una oreja en cada toro.
Aunque la corrida tuvo un aspecto positivo que, sobre todas las coyunturas adversas, es el que la va a instalar en la memoria de esta plaza: el triunfo rotundo de Leonardo Hernández.
Más allá de las tres orejas conquistadas, con la correspondiente Puerta Grande, el joven Leonardo Hernández logró la perfección. En los tiempos, en la elección de terrenos, y la manera de citar y arrancarse con una amplia variedad de galopes, unas veces en corto, otras de plaza a plaza, para ir de poder a poder o cuarteando. Por supuesto, muy ajustadas las reuniones.
Rápido cuando fue necesario, y en muchas ocasiones dejándose ver a base de frenar el ímpetu del astado con el arma del temple. Todo muy sencillo, pero muy expresivo. Y sin tiempos muertos. Las dos faenas, muy ligadas, con mucha unidad. Lo de Leonardo Hernández hoy fue de una consumada maestría.
En su manso y parado primero arriesgó una barbaridad, llegando mucho, a pesar de que el toro estaba siempre al acecho para pegar el arreón. Bien, muy bien el jinete, y con él su caballo OH-31. La gente se puso definitivamente de acuerdo con tres cortas al violín.
El sexto fue un buen toro, o en sus manos lo pareció. Pero no tan buen toro desde la circunstancia de haber saltado al callejón, en clara huida de manso, y frenándose después en el primer quiebro en banderillas. Ahí fue donde Leonardo anduvo con una suficiencia bárbara.
El toro terminó echándose para adelante por "el imán" del temple, y tomando confianza por los desahogos que le permitió. Importante tercio de banderillas, con un par a dos manos que fue definitivo.
En uno y otro funcionó el rejón de muerte a la primera. No había otra salida que la del triunfo: una y dos orejas. Ahora mismo es Leonardo Hernández el primero en Madrid.
También fue más que notable la doble actuación de Galán, que tuvo el peor lote, y encima "lo" del presidente. Un Galán más que correcto, clásico y muy suficiente, dominador y muy valiente.
Enceló muy bien a su manso primero a base de llegarle mucho, aprovechando las primeras arrancadas para clavar de poder a poder y recurriendo a los quiebros con el toro ya más aplomado. El cuarto le obligó a un gran esfuerzo, por lo parado que resultó. Galán arriesgó una barbaridad, pero con elegancia, sin hacer ruido, haciendo las reuniones al estribo, con muchas estrecheces y, al tiempo, con suma limpieza. No se podía más. Pero el presidente, como ya había hecho en el anterior, no quiso reconocerlo.
Moura Caetano no tuvo su tarde. Expuso mucho de salida con su primero resultando herido el caballo en el anca derecha al dejar el primer rejón de castigo. Luego la falta de raza del astado planteó muchas dificultades. Pero sobre todo le pasó factura el recuerdo del percance, pues la gente ya no entró en la faena.
El colmo de su mala suerte fue tener que vérselas con el quinto, el más manso y huido del envío. Tuvo que salirle al encuentro para intentar clavarle de frente, y en un quiebro vino el tropezón en el que salió herido el caballo "Passape". Mala suerte la del portugués. EFE
El Norte de Castilla

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