Bruselas, 11 may (EFE).- La Europa sin fronteras interiores que introdujo el Tratado de Schengen en 1985 atraviesa un momento crítico tras el anuncio de Dinamarca de que instaurará controles aduaneros permanentes con Alemania y Suecia y las peticiones de reforma de Francia e Italia.
El miedo a la llegada masiva de inmigrantes tras las revueltas en el norte de África ha activado las alertas en París y Roma, que reclaman la reintroducción parcial de los controles fronterizos en caso de que se constate una verdadera oleada de indocumentados.
Los ministros europeos de Interior celebran mañana en Bruselas una reunión extraordinaria sobre la cuestión.
El Gobierno liberal-conservador de Dinamarca, apoyado por el ultraderechista Partido Popular Danés, se adelantó hoy al encuentro y anunció nuevos controles aduaneros en las fronteras con Alemania y Suecia, que entrarán en vigor en unas semanas.
Aliviar la criminalidad en el país es, según Dinamarca, el objetivo de la medida que también prevé el refuerzo de los controles en aeropuertos y en las aguas territoriales danesas.
Ese mismo espíritu es el que motiva las reclamaciones francesas e italianas de reforma del tratado que, en realidad, ya prevé que la libre circulación de personas pueda interrumpirse temporalmente en caso de amenaza seria para el orden público o la seguridad interior.
Bulgaria y Rumanía en cambio se mueven en dirección contraria, cada vez más cerca de Schengen.
La comisión de Interior del Parlamento Europeo se pronunció la semana pasada a favor de la entrada de estos dos países en el acuerdo, del que ya forman parte la mayoría de estados miembros. El Pleno de la Eurocámara votará al respecto en junio.
Esta ampliación de Schengen, aunque reciba el aval final de los eurodiputados, depende en gran medida de la los estados miembros que discutirán el asunto en el consejo europeo de Interior y Justicia del 9 y 10 de junio en Luxemburgo.
Francia, Alemania y otros países de la UE han expresado en reiteradas ocasiones sus reticencias a que Bulgaria y Rumanía se incorporen a la Europa sin fronteras, de la que actualmente forman parte los Veintisiete -menos Reino Unido, Irlanda, Bulgaria, Rumanía y Chipre- y los extracomunitarios Suiza, Noruega y Liechtenstein.
Desde la entrada en vigor de Schengen, y a petición unilateral de alguno de sus miembros, el acuerdo se ha interrumpido momentáneamente por motivo de la celebración de grandes acontecimientos, desde bodas reales hasta importantes eventos deportivos pasando por cumbres internacionales.
El pasado 16 de abril, Francia utilizó la salvaguarda prevista en el acuerdo para casos de amenaza al orden público o a la seguridad interior para suspender la circulación de trenes desde Ventimiglia hacia el país galo.
A raíz de este episodio, París ha manifestado públicamente su voluntad de reformar el Tratado de Schengen para incluir medidas de protección extraordinarias, como la restitución de controles fronterizos internos para el caso de situaciones particulares.
El acuerdo Schengen (ciudad de Luxemburgo donde se firmó) implica la supresión por parte de los estados firmantes de todas las fronteras interiores, lo que garantiza la libre circulación de personas y permite tener normas comunes sobre controles fronterizos, emisión de visados o las solicitudes de asilo.