Mercedes Álvarez
Toulouse (Francia), 24 mar (EFE).- Estímulos físicos y emocionales invadieron hoy los Encuentros de Cines de América Latina de Toulouse con propuestas interactivas de videoarte y una selección de cine gay que descubren el lado más innovador del Nuevo Continente.
Y es que, ver a través de la cámara de un móvil a personas que no están físicamente donde aparecen puede llegar a ser tan impactante como cuando los mexicanos vieron a dos hombres besarse en una película de Arturo Ripstein de los años setenta.
"América Latina está viviendo un momento de cambios sociales", dijo a Efe el programador de los Encuentros, Érick González, quien explicó que la organización lo había percibido en lo referente al cine gay, pues habían visto una "especie de eclosión" de estas películas "en los últimos años".
Pero no solo la apertura se refleja en los temas que se tratan sino también en la incorporación de nuevas tecnologías al cine, como mostró hoy el brasileño Bruno Vianna con "Invisibles".
En su presentación, entregó un móvil a varios grupos de personas y después de que éstos activaran una aplicación específica en el aparato, les pidió que empezaran a caminar.
A medida que avanzaban o se movían, iban apareciendo en las pantallas de los teléfonos personajes que se fundían con el patio de la Cinemateca de Toulouse y que, sin embargo, no se encontraban allí.
"La realidad 'aumentada' siempre me interesó", aseguró a Efe el artista, quien explicó que gracias a este sistema se pueden añadir elementos virtuales a la realidad sin, por ello, crear un mundo totalmente nuevo, por lo que es más fácil para el espectador sumergirse en el proyecto.
El título de "Invisibles" no hace referencia únicamente al aspecto físico del proyecto sino que tiene una dimensión social, puesto que las personas que aparecen, que se hacen visibles, son vendedores del rastro de esta ciudad del sur de Francia a las cuales se les ha incorporado una historia ficticia, que bien podría ser real.
Vianna, quien confesó que le gusta "usar la tecnología para expresarse", presentó el pasado sábado en los Encuentros otro proyecto, "Ressaca", un largometraje que va cambiando en cada sesión puesto que el montaje lo va decidiendo sobre la marcha.
Junto a la pantalla, Vianna iba escogiendo -mediante un dispositivo especial llamado "Sprocket"- cuál de las 120 secuencias sería la próxima en ser mostrada a los espectadores.
La historia, a pesar de estar sujeta a la arbitrariedad del momento, es la de un adolescente que crece en el Brasil de los años 80, metáfora con la que el director quiso poner en paralelo el desarrollo económico y político del país con la vida del joven.
Los Encuentros de Toulouse han apostado por hacer visible en esta edición la producción de cine gay en Latinoamérica, en un "periodo de maduración" de la sociedad tras las dictaduras que, junto con la globalización, contribuye a la predilección por esta temática en algunos autores, explicó González.
Dictaduras y revoluciones que interfieren en la vida y en los amores de los personajes, travestis, adolescentes que buscan su camino y la amenazante violencia que rodea la diferencia se encuentran en esta sección.
El festival proyecta hoy "Un lugar sin límites" (1978), de Ripstein, que se erigió como un icono del cine gay, porque en esa época no era usual mostrar un beso entre dos hombres en el cine, y "no solo en el latinoamericano", precisó el programador.
González añadió que la "osadía" de este reconocido cineasta fue que, sin ser homosexual, dedicase un filme a esta temática.
"Fresa y Chocolate", éxito de los '90 que lanzó a la fama internacional al actor Jorge Perugorría, se vio hoy también en Toulouse, poniendo el toque cubano en la sección LGBT, que incluyen diez largometrajes, procedentes en su mayoría de Argentina, Brasil y México.
Una mención aparte es la que los Encuentros dedican al mexicano Julián Hernández, uno de los directores contemporáneos "que más ha tratado el tema" y cuyos trabajos -tres de los cuales se proyectan en Toulouse- han sido reconocidos internacionalmente. EFE