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«El medio ambiente va a ser la principal causa de restricción de la libertad»

UN MUNDO QUE AGONIZA

«El medio ambiente va a ser la principal causa de restricción de la libertad»

José Manuel Sánchez Ron, científico

10.01.14 - 19:19 -
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Madrileño de nacimiento y de ejercicio, aunque con segunda residencia en Segovia –en el pueblecito de Marugán, donde tiene casa propia– José Manuel Sánchez Ron es uno de los más populares divulgadores científicos del país, especialmente gracias a sus colaboraciones con el humorista Antonio Mingote. Licenciado en Ciencias Físicas, ocupa la cátedra de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid y es miembro de la Real Academia Española, de la Real Academia Europea de Ciencias y Artes y de la Academia Internacional de Historia de las Ciencias. El año pasado reeditó, reformado, su libro ‘Cartas a Newton’, en el que coinciden un tratado de historia de la ciencia y una novela de anticipación científica en la que aventura, sobre bases racionales y con afán de rigor, cómo puede ser el futuro de nuestra especie. La conversación apunta en esta ocasión a ese mañana que nos espera, aunque imaginar el futuro no deja de ser otro modo de pensar el presente.

–Empecemos por el principio: el futuro ¿es un país tranquilo o no tanto?

-Para unos, como el protagonista de mi libro ‘Cartas a Newton’, es un país insoportablemente tranquilo, porque no puede hacer lo que desea. En la hipótesis que describo, la capacidad humana de hacerse nuevas preguntas se ha agotado. A lo largo del libro se esboza una sociedad que ha resuelto la mayoría de las cuestiones que interesan a las personas (salud, educación, información...). Pero es un mundo en el que late una intranquilidad de fondo.

–Un mundo en el que parecen haberse perdido las ganas de vivir.

–Sabemos que con la edad disminuyen las pasiones. El escenario que yo planteo es uno a muy largo plazo y en el que la esperanza de vida media puede llegar a los 130 o 140 años; eso llegará a ser normal. Esto, unido a una sociedad que te brinda de una manera razonable un cúmulo de seguridades, debe conducir a un estado demasiado tranquilo.

Si miramos la historia, el mundo actual es más justo y más democrático de lo que lo fue en cualquier otro momento pasado de la historia. Esa justicia social no creo que se pierda. Al contrario, estamos viendo como las redes sociales, uno de los hijos tecnológicos del progreso, favorecen que los individuos reclamen una justicia sin privilegios. Otra cosa es que los políticos sepan cómo manejar esa democracia on line.

–Pero el futuro que dibuja también es el de una sociedad donde existe menos libertad.

–Los derechos son un delicado equilibrio entre autoridad y libertad. Asumimos que el principal condicionamiento de la libertad es el bien de la comunidad y el del planeta y eso pasa por unos controles estrictos.

–¿Está planteando que la preocupación ecológica va a llevarnos a limitar nuestras libertades?

–Creo que el medio ambiente va a ser la principal causa de restricción de la libertad. Pero como soy un idealista creo que mejorará la cultura de las personas, y que aceptarán de buen grado limitaciones de su comportamiento siempre que sean racionales. Hoy, por ejemplo, ya está prohibido fumar en muchas partes, y lo entendemos como positivo.

–La racionalidad ¿lleva necesariamente a una pérdida de libertad?

–La tecnología te da libertad, pero también te la quita. Si tienes un teléfono móvil, terminarás estando localizado a todas horas. Tienes la libertad de desconectar, pero en la práctica no la tienes. Porque tu empresa querrá poderte localizar, tu pareja también, etc. En este proceso de desarrollo científico tecnológico esa mejora de la situación humana termina, por racionalidad, produciendo una falta de libertad. En ese sentido, conduce a un mundo no deseable, porque nosotros pensamos que una de las mayores glorias de la historia humana es la lucha por la libertad. Hasta ahora el conocimiento ha sido una ayuda esencial para esa libertad, pero no está claro que continúe siendo así.

–El problema es que los hombres nos sentimos un poco dioses.

–Sí, nos sentimos dioses pero no lo somos. Y lo importante que nos enseñó Darwin no es tanto que estemos emparentados con el resto de la vida, sino esto. Esta es la consecuencia que debemos sacar: no somos dioses, y creemos que no hay dioses, afortunadamente. Hay preguntas que quizás no seamos capaces de responder nunca, pero sí podremos decir: «no me haga trampa usted con sus respuestas». Hablo de lo de los dioses.

–De todas formas, vaticina que en el 9.000 persistirán las religiones...

-Efectivamente. Así lo creo.

–Usted da por hecho que no seremos capaces de evitar el cambio climático, pero considera seguro que sobreviviremos.

–Así es. Pero el impacto no será irrelevante. Se reducirá dramáticamente la biodiversidad. El número de especies que desaparecen anualmente es ya muy alto y continuará siéndolo en un mundo penetrado por el acero, el hormigón y el cristal; en un mundo en el que tardaremos en librarnos de los medios de transporte actuales. Eso será un daño irreversible, aunque apunto que quizás en el futuro la genética permitirá reconstruir algunas especies. Pero la increíble biodiversidad actual la perderemos.

–¿Por qué no podremos evitar el cambio climático?

–Sospecho que hace tiempo que hemos pasado el umbral que permitía evitarlo. Pero aunque no lo hubiéramos superado, y aún aceptando que se han corregido algunas cosas, algunas de las principales fuentes del cambio climático, como el deterioro de los océanos por la contaminación, el dióxido de carbono o la liberación de metano no han mejorado lo suficiente. No es ser pesimista, es que sería ser descaradamente optimista pensar que en un plazo razonable vamos a cambiar de comportamiento y tomar las medidas drásticas que son necesarias. Y menos en un momento de crisis.

–Solo sería posible con un cambio radical del modelo económico.

–Sí. Y ya no tenemos tiempo. En el futuro tendremos que cambiar muchas cosas, pero la especie sobrevivirá. Si los esquimales han sobrevivido a temperaturas extremas de frío y los tuaregs a extremos de calor, sobreviviremos. Cambiarán las fronteras, por la subida de los océanos, aunque no se verá de forma clara en una o dos generaciones.

–Plantea que el transporte se verá muy restringido. Habla incluso de acabar con el vicio de viajar.

–Nadie puede estar seguro de nada. Lo que yo planteo es una reflexión racional de como imagino el futuro. Los medios de transporte no son gratuitos. Tienen unas consecuencias ecológicas y energéticas, y serán mayores en un mundo en el que la energía será un bien precioso, como lo es ya. Los combustibles más eficaces son contaminantes y finitos. Eso obligará a restricciones, por la religión de la energía, entendida como un bien que hay que cuidar, aunque se desarrollen las energías alternativas.

Hay que tener en cuenta también que el desarrollo nivela. Hoy muchas personas que quieren ir a Nueva York a comprar, encuentran ya lo mismo en su país o en internet. Además, avanzarán las posibilidades para conocer virtualmente desde tu casa y serán más poderosas y estimulantes. El vehículo propulsado por petróleo o derivados puede ser sustituido por el eléctrico, pero con un rango muy limitado.

–Este cambio en el transporte afectará sustancialmente al modelo económico.

–Pero es que yo también preveo que la población mundial disminuirá de forma sustancial tras alcanzar un pico al que todavía no hemos llegado. Lo que no se puede es mantener un sistema como el actual en el que los gobiernos obtienen grandes beneficios en gasolina y vehículos que luego generan costes medioambientales y de salud. Esa lógica no se sostiene.

El informe Stern es un famoso informe sobre el cambio climático que sugiere que tendrá también consecuencias económicas en el futuro. El mapa laboral será muy diferente. Avanzará el teletrabajo, que ya está desarrollándose hoy. No hay por qué pensar que los modelos laborales se mantendrán a lo largo del tiempo. Hablo de cambios a muy largo plazo. No creo que esto se concrete antes de uno o dos siglos.

–Una de las hipótesis más sorprendentes, y más viniendo de un académico de la Lengua como usted, es la de que las lenguas tenderán a unificarse en una sola. En la medida en la que las lenguas son expresión de diferencias culturales, eso sería como decir que habría una única cultura en el planeta.

–Pero fíjese que lo mismo que las especies, muchas lenguas desaparecen. La variedad lingüística es hija también del aislamiento sociocultural, pero avanzamos hacia la existencia de una cultura planetaria, global. Vemos incluso en nuestro idioma la penetración de la lengua del imperio, el inglés. No sería de extrañar que precisamente por esa facilidad de comunicación se termine produciendo la dominación de una sola lengua, que tendrá en su seno muchos extranjerismos.

No me extrañaría que eso ocurriera porque la diversidad lingüística está disminuyendo y cada vez hay más relación entre las diferentes lenguas. Y algunas que se mantienen, como el francés, es sobre todo por una cultura nacional y por iniciativas políticas. Si pensamos en un mundo más uniforme, también se unificará el lenguaje.

–El latín unificó los vastos territorios del Imperio romano, pero eso no impidió que se desarrollaran peculiaridades que terminaron generando las lenguas actuales.

–Pero la historia nunca se repite. Eso de lo que habla fue posible por la emergencia de los estados nación, y ocurrió en un mundo muy diferente, con muchas más barreras y menos facilidades. El mundo del futuro será muy distinto y la evolución también.

No sé qué lengua será finalmente la ganadora: no sé si será el inglés o el español, u otra. Sí creo que no será el chino porque es un idioma demasiado complejo a la hora de trasladar los sonidos a la escritura.

–Me llama la atención que en su libro vaticine el fin del cine y también el fin de la poesía. Llega a decir que en épocas tranquilas la poesía es un visitante extraño. Esto ya son palabras mayores. Si en ese futuro no caben el cine y la poesía...

–No lo entienda en ese sentido, sino como que para entonces todas las historias habrán sido ya contadas. Porque no son infinitas. Y ya estarán ahí: en la hemeroteca. Como otro ejemplo que pongo: cuando el Real Madrid haya ganado 7.200 ligas ¿cree que interesará eso a alguien?

–Pero aunque la sociedad sea longeva, para cada individuo la vida empieza con su nacimiento, luego no es tan larga.

–Es verdad, pero no del todo, porque influye lo que ha pasado antes. Recordamos...

–«La nuestra es una especie maldita que ha expoliado todo y a todos», afirma el protagonista de su libro. ¿De verdad lo cree? Una frase como esa invita a pensar que la Tierra sería un paraíso si no se hubiera cruzado por en medio el hombre.

–En lo que se refiere a la vida vegetal y animal, sin ninguna dura. Somos una especie exitosa y que ha sido más o menos solidaria consigo misma, pero ha expoliado todo lo que ha podido, sin ningún tipo de remordimiento. Y al mismo tiempo ha utilizado las fuentes no vivas sin mirar al futuro.

–¿Otra especie hubiera actuado de modo distinto?

–No digo que no. Una especie debe mantener un equilibrio entre el egoísmo, la solidaridad y el respeto a la diversidad. La lucha es una clave en la supervivencia. Y eso afecta a la nuestra también.

–Plantea asimismo que con el avance de la civilización se pondrá fin a los conflictos que ocasionan hoy los nacionalismos. Pero la sociedad que dibuja parece regida por una especie de imperio total.

–Soy consciente de que eso puede ocurrir. Mi visión es una visión optimista porque creo que se impondrán limites desde la racionalidad y el deseo del bienestar social. Confío en que los controles excesivos estén sometidos al control de todos. Serán una serie de normas establecidas y asumidas que también generarán una serie de derechos.

Podemos pensar que los países escandinavos son un poco eso. Está todo establecido. Pero es un sistema democrático, y la gente está feliz. Aunque se suicidan mucho, eso es cierto. Pero es algo parecido. Aunque a la vista de lo ocurrido en el pasado no puede descartarse una posibilidad menos democrática.

–Sugiere que los hombres del futuro serán pacíficos, sin pasiones, imperturbables, aburridos...

–Sí, desde luego. La desaparición de las pasiones genera un cierto aburrimiento. Pero claro, yo hablo de un hombre que tiene 120 años. Siempre habrá jóvenes que deberán encontrar el modo de canalizar su pasión y su energía. Aunque ese es un tema que no he tratado.

–En el terreno de la medicina, vaticina que los antibióticos terminarán por perder sus cualidades terapéuticas, pero piensa que serán sustituidos por la genemedicina y las técnicas de clonación, a las que augura una gran capacidad para prolongar la vida humana en buenas condiciones.

–Creo que no es una previsión muy arriesgada. En cuanto a los antibióticos ya lo estamos viendo con algunos, como los que se usan contra la tuberculosis. Las bacterias que tratamos de combatir también son inteligentes a su manera y desarrollan estrategias para subsistir. Esa es una de las mayores dificultades para desarrollar la vacuna del sida, su capacidad de mutar. Por otra parte, las posibilidades de la genemedicina ya las intuirnos, aunque sólo tiene 20 años de existencia. Sería muy difícil que no se concretaran. Y pronto.

Otra cosa son los peligros que ya se señalan acerca del riesgo de crear castas superiores. El desarrollo de la genemedicina puede conducir a abusos manifiestos. Pero creo que a largo plazo se impondrán las soluciones mejores económicamente y socialmente.

–De algún modo la insatisfacción de su protagonista es la prueba de que no todo en la vida es tener salud, conocer, disfrutar de la tecnología y gozar de comodidades...

–Sin ninguna duda. Pero lo que pasa es que el bienestar material es el bien al que se encaminan todas las sociedades de forma racional. Nadie hace planes de futuro contemplando un poco de tristeza o de dureza para la existencia.

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