elnortedecastilla.es
Miércoles, 22 octubre 2014
llovizna
Hoy 14 / 24 || Mañana 11 / 22 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
«La complejidad de las sociedades modernas exige otro modo de hacer política»

UN MUNDO QUE AGONIZA

«La complejidad de las sociedades modernas exige otro modo de hacer política»

Javier Gutiérrez, economista, ecologista y exconcejal de IU en el Ayuntamiento de Valladolid

12.10.13 - 10:37 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
«La complejidad de las sociedades modernas exige otro modo de hacer política»
Javier Gutiérrez, junto a la Playa de las Moreras de Valladolid. G. VILLAMIL

Es uno de los más destacados representantes de la economía crítica en España, desde su posición como miembro del Consejo Editorial de la revista ‘Papeles’ y profesor de la Universidad de Valladolid. Estrechamente vinculado al movimiento ecologista y a Izquierda Unida, partido del que fue concejal en tres legislaturas, Javier Gutiérrez Hurtado es de esos hombres empeñados en reconciliar la vocación utópica con el sentido común. Enemigo del sectarismo y de las simplificaciones, este burgalés asentado en Valladolid nunca rehúye un debate, jamás desprecia las razones de su adversario y busca siempre puntos de entendimiento. Eso sí, está convencido de que el mundo necesita grandes cambios.

–Cada vez más voces, en la calle e incluso en la academia, denuncian que este mundo, el de las sociedades de mercado capitalistas, no funciona, y que es necesario cambiarlo.

–La expresión ‘no funciona’ es demasiado fuerte. Creo más aquilatado decir que funciona muy mal para una parte importante de la población –también en Europa y en Estados Unidos– que sufre unas condiciones de vida bastante precarias. Y esto tiene que ver con el hecho de que no tiene ningún freno. Los socialismos realmente existentes tuvieron muchos inconvenientes, pero, al menos, hacían que el capitalismo tuviera un rostro más humano, que ahora se ha perdido.

–¿Hay otro mundo posible?

–Lo hay siempre. En las ciencias sociales esto es una obviedad. Con algo tan complejo como la sociedad siempre se pueden hacer cosas distintas. Puede que a usted no le guste, o que a mí no me guste lo que hace usted. Pero siempre hay alternativa.

–¿Qué características debería tener ese nuevo mundo? ¿Con qué elementos del pasado, o del presente, lo construimos?

–Lo primero que haría es ponerle valores de referencia. Uno es repensar el funcionamiento democrático. Seguimos apoyando la democracia porque es el sistema menos malo de los posibles, pero está en su época de rendimientos decrecientes. Hay una insatisfacción generalizada con el funcionamiento democrático, y una cierta conciencia de que hemos creado un monstruo. El segundo elemento es la recuperación de la idea de igualdad que parece haberse perdido. Y el tercero es la idea de límites. Esto tiene una desmesura importante y hay que poner límites, sobre todo en las cuestiones que tienen que ver con lo ecológico.

Todo puede resumirse en que hay que promover una transformación ecológica que sea social. Y ahí caben muchas cosas.

–Vayamos por partes. «Hemos creado un monstruo», afirma. Exactamente, ¿cuál es el monstruo?

–El monstruo es una sociedad en la que, por decirlo un poco brutalmente, sus grupos dirigentes insultan a la mayor parte de sus miembros. Un ejemplo. Se nos dice: «El salario mínimo tiene que bajar», y estamos hablando de nóminas de 700 euros. Que es lo que se gastan solo en cambiar las ruedas del coche quienes lo plantean. Pero no hace falta recurrir a ejemplos ajenos. Es que algo tan básico como ponerse una gafas un poco cómodas o arreglarse la boca puede llegar a ser un problema grave para alguien que cobra 700 euros al mes. No es serio decirle a la población que viva con lo que ni siquiera le permite cubrir necesidades normales. No se puede pensar que una sociedad organizada sobre estas bases sea racional.

A mí no me da igual que mi vecino, mi compañero o la persona con la que me cruzo por la calle no puedan aspirar a cosas que creo básicas.

–La posibilidad de gravar con más impuestos a los ricos se reclama ahora mucho. El problema es que pueden espantar capitales y resultar contraproducente.

–Tenemos unos tipos impositivos oficialmente altos, pero pese a ello somos los que menos recaudamos de Europa. La explicación está en la gran cantidad de exenciones existentes, y en el elevado fraude fiscal. Un ejemplo: el impuesto de sociedades tributa oficialmente al 35%, pero en realidad las exenciones permiten que las empresas grandes lo reduzcan al 12%. Y en materia de fraude fiscal todos los estudios indican que tenemos el doble que la media de los países europeos: un 20%, frente al 10% general.

–El enorme peso de la economía financiera, especulativa, en el conjunto de la actividad económica mundial, que algunos cifran en un 90%, lleva a autores como Juan Hernández Vigueras a afirmar que vivimos una economía de casino.

–Al analizar las transacciones de divisas que se producen en el mundo, se ve que solo el 10% del total son necesarias para intercambiar bienes y servicios. De ello se deduce que el resto, el 90%, tiene un componente especulativo. Son operaciones de dinero que juega contra dinero.

Antes de que estallara la actual crisis económica se produjo el ocaso de dos grandes empresas que desaparecieron. Una era Enron, una empresa eléctrica que resultó tener el 80% de su actividad en el campo financiero. Otro caso similar fue el de la empresa láctea europea Parmalat. Cuando desapareció vimos que tenía toda la estructura B en paraísos fiscales y un pasivo de billones de euros. ¿Se sacaron conclusiones de aquello? No.

–¿Y qué conclusión habría que haber extraído?

–Lo malo de la economía financiera con respecto a la productiva es que cuando se hunde nos lleva del cuello detrás. Cuando caen, caemos con ellos, y lo primero que tenemos que hacer, para desgracia nuestra, es salvarlos, porque si no el impacto de la caída todavía es más grande. Por eso, porque eso es así, esto nos obliga a estar más atentos a la regulación del sector financiero.

A la banca lo que hay que hacer es básicamente acotarle su actividad. Separar la parte especulativa de la actividad bancaria tradicional –captar ahorros para prestar a inversores cobrando por ello– que es la única que tiene que estar protegida. Si usted quiere jugar a especular, juegue, pero déjenos en paz a los demás. Yo no le dejaría ni jugar, pero en cualquier caso, regulémoslo para que su riesgo no nos afecte.

–Es un reproche muy extendido afirmar que los gobiernos están hoy más al servicio de los mercados que de los ciudadanos.

–A mí en algunas cosas me interesa que haya mercados que funcionen bien, eficientemente. Lo que no quiero es que haya un poder económico soplando en la oreja del poder político todo el tiempo e imponiéndole lo que tiene que hacer. En la Unión Europea esto se ve mucho, pero en España es ya el súmmum.

Un ejemplo lo tenemos en la actual reforma del sector eléctrico. Se sabe qué párrafo del texto legal está destinado a cada quien. Cuál quiere satisfacer intereses de ACS, cuál a Abengoa, qué párrafo ha impuesto el embajador de Estados Unidos porque afectaba a una inversión de su país en España… Eso no puede ser. Con esto hay que acabar. Muchas personas piensan ya que los gobiernos avanzados han renunciado a representar los intereses populares.

–¿Por qué en España el problema es mayor?

–En España muchos planes de infraestructuras se pactan con las grandes empresas constructoras y se hablan con ellas. Eso no ocurre en otros países europeos donde los grandes informes técnicos se realizan de forma mucho más independiente.

Los grandes grupos constructores tienen mucho poder en este país. Ahora estamos sabiendo que la fuente de ese poder es que financiaban a los partidos políticos. Más bastardo que eso no puede haber nada.

–Ya que lo ha mencionado, con la financiación de los partidos ¿qué hacemos?

–Deben tener una parte pública, austera siempre (no solo cuando hay crisis) y no pasa nada porque pongamos a un interventor a estudiar sus cuentas.

–El problema es que el interventor depende del Gobierno de turno y este puede tener capacidad de intervenir en esa fiscalización…

–El cuerpo de intervención y los cuerpos de funcionarios se crearon precisamente para independizar ese tipo de trabajos del poder político. Luego surgieron teorías aparentemente muy bonitas que abogaban por ir hacia un funcionamiento de tipo más gerencial…. Pero no. Es esencial la independencia de los cuerpos nacionales de habilitación. Otra cosa son los criterios, que los pueden fijar los poderes públicos de forma abierta y transparente.

Dejémonos de ocurrencias y del y tú más, y discutamos funcionamientos públicos claros y transparentes. Y pongamos a trabajar al cuerpo de funcionarios con criterios.

–Lo que cuenta tiene en parte que ver con que nos hemos malacostumbrado a no valorar la eficiencia del gasto público.

–Hablar de nadie, como también ha hecho en un libro reciente Antonio Muñoz Molina, me parece injusto. Hubo gente que sí lo hizo, pero que tuvo poca trascendencia en los medios de comunicación. Creo que hay que hacer un homenaje a los que sí lo hicieron, a los que advirtieron de la burbuja de la vivienda, de los excesos de la construcción… Organizaciones como Ecologistas en Acción alertamos de que los planes de infraestructuras que se nos proponían eran una locura, que se hipertrofiaban unos modos de movilidad frente a otros, que destruían valores medioambientales y naturales del país…

–Es cierto que hubo voces que alertaron y que no se les hizo caso. Pero, sin quitarles mérito, la cuestión de fondo es que no deberíamos haber dependido de hacer o no caso a esas voces, sino que deberíamos contar con mejores procedimientos.

–El problema es que aquí se han saltado muchos procedimientos. En España se han sacado a concurso líneas de Ave sin saber el recorrido. Y se dan por buenas las obras del túnel de Pajares, donde se han desviado los cursos de 9 de las 10 corrientes de aguas freáticas de la zona, causando problemas graves a los pueblos del entorno. Y nadie se ha molestado en estudiarlo.

–¿No es demagógico achacar los recortes/ajustes a una presunta voluntad de acabar con el estado de bienestar?

–Voluntad manifiesta de no ayudar a una persona que esté necesitada no la tiene ningún gobernante con un poco de sentido común y corazón. Pero el debate no es ese. El debate es ¿qué medidas ha adoptado usted en otros campos para evitar que le llegue este problema con la intensidad que le llega? Un ejemplo: pongamos el fraude fiscal en la media de la Unión Europea y luego hablamos. Eso supondría pasar de nuestro 20% a su 10%. Y revisemos las exenciones fiscales. Harían falta menos recortes.

–Una de las propuestas de Izquierda Unida, partido por el que se presentó en las últimas elecciones generales, es la creación de una banca pública. Otros autores hablan de nacionalizar las cajas de ahorros. Pero la experiencia de las cajas, que es lo más próximo que conocemos a una banca pública, es nefasta.

–El problema de las cajas es que era una fórmula híbrida que se fue desnaturalizando a medida que el poder político fue tomando un poder creciente en los consejos de administración. El caso más claro es Caja España, donde el equilibrio de poderes era nefasto: el jefe de los constructores de León auxiliado por políticos de uno y otro partido.

El problema es que el control había desaparecido. Ni los parlamentos fijaban criterios, ni controlaban nada. Solo había acuerdos telefónicos para repartirse los puestos. Y el control es la clave de lo público. Sin objetivos claros y transparentes, y sin control, la banca pública puede ser un gran desastre. Pero bien entendida, ¿por qué no?

–Con las dificultades que se está demostrando que tenemos para controlar las cosas más elementales…

–Lo primero que he dicho es que el mal funcionamiento de la democracia está siendo un problema. Pero, frente a las dudas, la única salida es fortalecer la democracia, no debilitarla.

Lo malo del bipartidismo no es solo la mala representación que da en el Parlamento de la sociedad, sino que al final son solo dos teléfonos los que funcionan. Y si trasladas esto a la sociedad te encuentras con que si alguien tiene la aspiración legítima de ser presidente del Tribunal Constitucional se encuentra con que para lograrlo tiene que ir a un partido u otro. Que el actual presidente haya militado en el PP es vergonzoso. Como lo es también que otros vocales sean militantes de otros partidos.

–Está muy extendida la sensación de que los bancos tienen mucho poder…

–Con los bancos se nos han trastocado mucho los criterios. Si un ciudadano acude a un banco a contratar un plan de pensiones, se encontrará con que le dirán: yo te cobro por gestionarlo, pero el riesgo lo corres tú. Estas son las cuestiones cuya regulación debería tratarse en el Parlamento. ¿Cómo es posible que el presunto experto en riesgos me traslade a mí el riesgo mientras yo debo pagarle en fijo? ¡Qué cachondeo es este!

–¿Puede ser alternativa la banca ética en algún sentido?

–Sí, siempre que se haga bien. Porque la banca ética es banca y debe recibir dinero de los ciudadanos, remunerarlo algo y dárselo a otros que paguen más por ese mismo dinero. Si eso se hace invirtiendo en proyectos socialmente interesantes, claro que tiene un papel. Pero una banca pública sería muy parecido.

–Hay una cierta contradicción en el seno de la izquierda en el modo de abordar la crisis. Algunos autores piden un cambio de modelo que pasa por frenar el crecimiento, o incluso por decrecer, pero otros, como Vicenc Navarro, apuestan por aumentar el gasto público para aumentar el crecimiento. ¿En qué quedamos? ¿Crecemos o no?

–A ese debate, que me parece interesante, yo voy muy libre de prejuicios. Habrá que crecer mucho en algunas actividades y decrecer mucho en otras. Si el resultado final es un poco de decrecimiento, me parece bien porque estamos ya en unos límites en los que cuanto menos crezcamos mejor. Vayamos hacia actividades que no requieren muchos recursos materiales, que mejoran la calidad de vida y que crean empleo.

Ahora vamos a ver en qué tenemos que crecer. En movilidad sostenible, sí. Y especialmente si se demuestra que se crea más empleo que con la movilidad convencional. Pero, ¿nos interesa seguir construyendo? Los constructores apuestan por seguir y piden que les mantengamos las áreas homogéneas. Pero eso es un absurdo que crea muchos problemas. Ahora bien, una parte de las viviendas de Valladolid son de los años 50, 60 o 70 y necesitan reformas y hay estudios que demuestran la alta rentabilidad en empleo de la rehabilitación. Apoyémosla.

–La izquierda hace bandera de lo público y defiende mantener y aumentar el tamaño del Estado. Pero cada vez más ciudadanos empiezan a pensar que un Estado demasiado grande puede ser insostenible y que puede asfixiar la iniciativa privada.

–Que los servicios sean públicos a mí me gusta y me interesa porque yo creo firmemente en la igualdad. Y, en general, cuando se hacen estudios serios sobre eficacia no salen tan mal parados. Por otra parte, aun admitiendo cierto margen de ahorro en la gestión privada, no compensa lo que hay que pagar al que gestiona. Pero el argumento de más peso es que el único modo de comprobar que los adjudicatarios de una privatización hacen de verdad lo que han prometido hacer es ponerles detrás un ejército de controladores, que cuesta carísimo. Porque de lo contrario la he fastidiado y me enfrentaré a mil problemas.

–¿Por qué?

–Porque en España hay dos mundos: el mundo de los pliegos administrativos, que es el mundo de Yuppie, y el mundo de la realidad. Estoy seguro de que los pliegos de privatización de los servicios de alcantarillado recogen que el adjudicatario tiene que hacer inspecciones de la red y limpiezas periódicas. ¿Las hacen? No lo sabemos. Lo sabemos el día que cae la tormenta y vemos que no cuela nada.

España es un país de papel bonito y realidad muy diferente. Y esto es un problema grande. ¿Por qué tiene ahora el sector público que corregir la impermeabilización del aparcamiento de la Plaza España? ¿Por qué tenemos que hacer tantas cosas que no nos corresponden? Porque no se hicieron como decían que harían. Así que en este caso, por pragmatismo y por comodidad, prefiero el sector público, que si dice que pone cinco centímetros de asfalto, pone cinco centímetros.

En Tuenti
El Norte de Castilla

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.