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«Ahora tiene mucha repercusión lo que se hace mal y muy poca lo que se hace bien»

un mundo que agoniza

«Ahora tiene mucha repercusión lo que se hace mal y muy poca lo que se hace bien»

Vicente del Bosque, seleccionador nacional de fútbol

21.06.13 - 12:30 -
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«Ahora tiene mucha repercusión lo que se hace mal y muy poca lo que se hace bien»
El seleccionador nacional durante la entrevista con El Norte en Madrid./ Iñaki Bilbao

Es ocioso querer presentar a Vicente del Bosque. ¿Acaso hay alguien en España que desconozca que es el artífice de que la selección de fútbol lograra la Copa del Mundo en 2010 y la Eurocopa en 2012? Los aficionados recordarán, además, que ganó dos veces la Liga de Campeones y otras dos la Liga española como entrenador del Real Madrid, entre otros méritos. Este salmantino cabal, al que sus paisanos concedieron hace unos meses la Medalla de Oro de las Cortes de Castilla y León, es hombre al que no le gusta lanzarse a la piscina sin agua. Decir que es un hombre prudente y humilde es decir poco. Aun así, Del Bosque acepta someterse a una entrevista no estrictamente deportiva sin rehuir ninguna pregunta. Ciertamente todas las encara desde la seguridad que le proporciona pisar el suelo firme de lo que mejor conoce, el fútbol, pero nunca juega a nadar y guardar la ropa. Por el camino afloran esas verdades que atesoran los sensatos y que tanta falta hacen ahora.

–El éxito de la selección les ha convertido, a usted y al grupo de futbolistas que capitanea, no solo en un motivo de orgullo, sino en mucho más: en una referencia moral, y en un modelo de muchas cosas en un momento de crisis en demasiados campos.

–La primera reflexión que se me ocurre es que eso nos genera una mayor responsabilidad de cara al futuro. Si no hubiéramos ganado, los mismos comportamientos de los jugadores, o los mismos hechos, no hubieran tenido la misma trascendencia. Pero la victoria ha contribuido a dar una imagen contundente del futbolista y del fútbol español. Ha sido un regalo para todos los que llevamos muchos años alrededor del fútbol. Y eso nos alegra.

–De algún modo las virtudes del futbol, sus valores, han pasado al primer plano social.

–Han sido los chavales, los jugadores. Que tengan un buen comportamiento, con el eco que tiene todo lo que hacen, es bueno para ellos, para su imagen, y al mismo tiempo es bueno para la sociedad, porque lo que transmiten es de gran ayuda.

–El éxito siempre es celebrado, y activa el orgullo nacional. Esto no es sorprendente. Lo llamativo es que cuando se habla de ustedes se habla de valores. Quizás estábamos muy huérfanos. Sedientos de una perspectiva ética, de una guía ética.

– Las señales que manda ahora el deporte son buenas, muy buenas. Eso es verdad. Toda la vida el deporte en España no ha estado mal, sobre todo a nivel individual. Lo que pasa ahora (que es algo que podría ser objeto de estudio) es que se demuestra que a nivel colectivo podemos hacer cosas que parecía que no podíamos. Estábamos despegados de los grandes éxitos colectivos y ahora, en balonmano o en waterpolo, en baloncesto o en futbol, somos capaces de competir en equipo y eso es una novedad. Principalmente porque se ha roto el complejo con respecto a otros países, frente a los que siempre nos veíamos empequeñecidos. Si eso somos capaces de hacerlo en el deporte, ¿por qué no en otras actividades? También hay grandes empresas en este país que funcionan muy bien, que son multinacionales, que tienen gran parte de su negocio fuera de España y que son ejemplo fuera. Estamos al mismo nivel de cualquier país de nuestro entorno.

–Una de las lecturas más evidentes de su éxito es que ha sido fruto del trabajo en equipo. La selección es vista como un modelo en el que debería mirarse el país en estos momentos.

–Es que si un equipo no está unido, si no está cohesionado, es muy difícil ganar. Nadie puede hacer las cosas solo. Nadie. Todos necesitamos de los demás. En ese sentido un equipo de fútbol está obligado a funcionar como un grupo, en lo humano y en lo profesional. Eso no se logra de forma automática. No es que te metas en un vestuario y a partir de ahí eso esté unido. Es el resultado de un trabajo de día a día, un gesto, una palabra…

–Un intentar ser justo, le he escuchado explicar en alguna ocasión…

–Sí, sí, totalmente. Tratar a todos por igual, aunque a veces eso pueda ser una de las mayores injusticias. La singularidad del futbol es que hay 23 tíos que quieren jugar, pero solo salen al campo 11, y hay otros 12 que no juegan, y eso siempre es un pequeño gran problema. Deben entender eso, que no lo entiende nadie. Y todos deben verse importantes. Porque no sabemos qué incidencia van a tener en el transcurso del choque los 12 que se quedan en el banquillo. A lo mejor uno sale en el último minuto y da la vuelta al partido. Todos son importantes. Se trata de convencerles a ellos de que incluso los muy buenos van a tener mucho más eco si juegan en equipo. Porque si ganamos tendrá mucha más repercusión lo que hacemos que si perdemos. La bondad del trabajo en grupo no es una cosa lírica, es que si no estamos unidos difícilmente podemos vencer. Pero unidos, además, en el campo, no digo fuera. Aunque lo ideal es estar unidos fuera también, tener buena convivencia, porque sin eso estaríamos más jorobados.

–Y usted, como ciudadano, ¿por qué cree que nos cuesta tanto lograr esto como país? ¿Hemos tenido malos entrenadores?

–No, debe ser algo de la condición humana. El egoísmo siempre está por encima de la generosidad. Y ahora, además, estamos en una coyuntura muy especial, con situaciones muy complicadas que no se resuelven solo con palabras, sino con hechos. No sé si soy un iluso, pero pienso que de las crisis económicas más o menos se va saliendo. Lo importante de verdad es que tengamos una sociedad buena y que los que tienen que tirar del tren sean gente maja.

–¿Cree que en estos momentos en España se puede hablar de crisis de valores en la sociedad?

–No. Lo que pasa es que ahora tiene mucha repercusión todo lo que se hace mal y muy poca lo que se hace bien. Lo que se hace mal, hace años no trascendía. En cambio, ahora lo que se percibe que ha podido ser un delito se juzga en la calle antes de que llegue a los tribunales. Es un problema.

–¿Qué virtudes educativas destacaría usted del deporte?

–Se aprende mucho más de un deporte colectivo que de uno individual. No digo que el individual no exija esfuerzo, talento y que no haya que luchar todos los días por superar la propia marca. Sin embargo, en el deporte colectivo tienes que luchar contra unos y defender a tus compañeros. Ser solidario con los tuyos, pero también entender el comportamiento de los rivales… se traslada todo lo que es la propia esencia de la vida.

–Uno de esos elementos sin duda es el esfuerzo. Pero no sé si usted comparte la sensación de que ha habido un momento en el que las fichas de lujo, los deportivos y las supermodelos hicieron creer a muchos que ser futbolista era una vida cómoda.

–No podemos quedarnos en eso, que es la anécdota de lo que es el futbol. Un futbol muy profesionalizado en el que seguramente esos jugadores de los que habla generan ese dinero que cobran; sin ellos no habría espectáculo y también son necesarios. Pero es un porcentaje mínimo de personas, o de jugadores, los que ganan esas cantidades. Y lo de los coches y todo eso es ya una letanía...

–Usted habrá oído mil veces lo de que un jugador gana millones y no suda la camiseta.

–Pero esos reproches aparecen sobre todo cuando se pierde. Cuando se gana nadie habla de eso.

–Sin embargo, el esfuerzo que usted reivindica está bastante ausente de nuestro sistema educativo.

–Es verdad. Todos los que tenemos hijos lo podemos ver. Tienen muchas alternativas que les quitan mucho tiempo, que les distraen y les perturban. Y que a lo mejor no conducen a nada. Pero, por otro lado, este es un mundo tan cambiante que a lo mejor lo que nosotros vemos con nuestros ojos no tiene nada que ver con la realidad. Ellos tienen otra visión de la vida.

–¿Nota usted un abismo entre su visión del mundo y la de sus hijos?

–Hombre, claro, sin ninguna duda. Nosotros no teníamos nada. Teníamos una calle, un balón y nada más. Y ahora hay una serie de cosas que nos desbordan y que a veces como padres hacen que nos sintamos incapaces.

–Un reciente estudio sociológico del BBVA revela que la mayoría de los ciudadanos no están de acuerdo con recompensar con más sueldo al que trabaja más, lo que resulta preocupante.

– Estamos en una sociedad competitiva a todos los niveles. Creo que hay que premiar a aquel que tiene más talento y al que realiza más trabajo y más esfuerzo. No hacerlo parece propio de tiempos pasados. El trabajo bien hecho hay que recompensarlo.

–La humildad es una cualidad que con justicia alaban de ustedes. Los años del ‘boom’ económico, si han sido algo, han sido años de excesos, de desmesura y de ostentación. Quizás hemos quedado hastiados de todo esto, y hemos descubierto las virtudes de la modestia.

–Tampoco hay que abusar mucho de este término. El modesto está mejor visto por los demás que el ostentoso, el fatuo, el que se cree algo… Tenemos que tener la conciencia, la gente del futbol como la de cualquier actividad de la vida, de que solo somos futbolistas, o somos un seleccionador, y que no somos mucho más. Pero eso no significa que abusemos de ese concepto de la modestia, o de la humildad, porque tampoco es bueno. Tanta modestia llega un momento que empalaga.

Además, es que santo tampoco soy. Hay mucha gente que te ve muy bien. Pero lo importante es que no sea solo por las palabras, sino por los hechos. Intentar hacer las cosas como deben ser.

–Quizá hay que combinar la modestia con la ambición.

–Sería imposible si no tuviéramos, más que ambición, sentido de la responsabilidad. Nosotros tenemos una responsabilidad que hemos adquirido a través de estos últimos años de éxitos y no podemos conformarnos, ni regodearnos, con lo que hemos hecho en el pasado, sino que tenemos que mirar adelante. Eso es el deporte y la propia vida. Lo que hemos hecho, ahí está y nada más. Pero mientras que estemos en esta actividad tenemos que cumplir con nuestra responsabilidad. Unos lo harán por el bien hacer, otros por el dinero, otros por la notoriedad, pero lo que nos debe mover a todos, principalmente, es querer hacerlo bien.

–Se habla también al referirse a usted y a la selección del honor y la elegancia. Usted ha recordado en más de una ocasión lo que le costó felicitar al seleccionador suizo tras aquel partido aciago. Pero que lo hizo porque eso es lo que había que hacer.

–Es verdad que todavía tengo la imagen en el recuerdo. Fui a buscarle y él estaba abrazándose con sus compañeros de banquillo y los jugadores. Fui a felicitarlo porque, aunque no tengamos mucha relación, nos conocemos, y había sido un triunfo suyo. No cuesta nada ser elegante. Es que no cuesta nada. Y no lo digo porque esté pensando en fulano o mengano. Es por pura convicción. No tiene recorrido en el deporte la mala educación. Ni en la sociedad.

–Pero es innegable que existe un contraste entre esto que usted defiende y lo que está en la realidad social cotidiana. Lo que vemos en los debates televisivos, en los programas de telerrealidad, en la televisión popular, o en la llamada ‘televisión basura’, es el insulto, la agresividad, el ponerse por encima del otro…

-Si pone a unos niños a jugar al fútbol, ve cómo aprenden. Al principio van todos juntos detrás de la pelota y luego, poco a poco, aprenden la táctica a través del propio juego. Me dirá, ¿por qué me cuenta esto? Pues porque esa simplicidad, esa naturalidad en aprender los conceptos tácticos de un niño –que poco a poco se van colocando uno de lateral, otro de central, otro de medio campo, otro de delantero, y se van conociendo y entre ellos mismos aprenden desde el juego– es lo que nos define.

Pero si nosotros, como campeones del mundo, no damos una receta muy llamativa, o si no hablamos del aspecto físico y del aspecto táctico, y si nos presentamos desde la normalidad, muchos dirán que no vendemos nada. La simplicidad no vende, lo que vende es la alharaca, el poner una etiqueta, o un eslogan. Pero lo cierto es que hemos ganado con normalidad.

–Lo importante, en el caso de la selección, es que no es un eslogan, sino una realidad.

-Se corresponde con nuestra forma de ver las cosas y es ir a favor de las características de los jugadores, porque no podemos ir en contra de cómo son. Y tratamos de hacer las cosas en función de los valores de los jugadores que tenemos, claro.

–¿Deberíamos aprender como sociedad de la selección?

–Seguro que somos capaces. Hay gente de mucha valía en nuestro país, gente buenísima. Hay gente muy valiosa en España para dar mejor doctrina que la que podamos dar nosotros.

–A lo mejor una lección que podríamos aprender es que hay que procurar que los más capaces estén donde merecen.

–Claro. Hay que apostar por la meritocracia, por que las personas estén por méritos en el lugar que les corresponde.

–Otra de las claves del éxito de la selección ha sido la confianza y la fortaleza mental. Esto era algo que tradicionalmente fallaba en el deporte español, pero parece que últimamente hemos descubierto la fórmula…

–Es una juventud buena esta que nos representa. Es consciente de la situación que vive el país, pero al tiempo ellos han perdido todo el temor en relación a deportistas de otros países. Desde el respeto, pero sin miedo. Pero es que estos chicos, que están ahora en los treinta, fueron capaces de ganar competiciones internacionales en las categorías inferiores y vieron que ellos son iguales que los demás. Es una juventud buena. Yo conozco también otra juventud, que se dedica al voluntariado, y con la que tengo algún contacto, y son fantásticos también.

–En el mundo del deporte quizá hemos perdido complejos, pero como sociedad permanecen algunos. ¿Cómo podemos ganar confianza?

–La confianza viene por no tener complejo de inferioridad. Las personas son valiosísimas y en el futbol yo creo que tenemos una autoconfianza grande en la capacidad individual y en la capacidad como equipo. Eso es fundamental.

–Los resultados también ayudan, claro.

–Eso es indudable. En el deporte hay un factor que es la suerte; sin eso es difícil triunfar. Pero en la vida también influye la suerte. Hay mucha gente que no alcanza sus objetivos por esa pizca de suerte que tienes que tener.

–¿Qué aconsejaría a Rajoy, al entrenador de nuestra sociedad?

–Tiene una buena formación y todos los dirigentes que están en la política llevan muchos años y la conocen bien. Me reconozco absolutamente ignorante de eso.

–Una de las enseñanzas más valiosas del deporte es la tolerancia a la frustración y el aplazamiento de la recompensa. Estas son virtudes que nos ayudarían a sobrellevar el presente.

–Lo importante es que pensemos que esto es coyuntural, que todo tiene solución y que España ha salido de muchos momentos peores que los actuales.

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