Apenas acumulan 56 hectómetros cúbicos de agua de los 322 para los que tienen capacidad, es decir, casi seis veces menos que la cantidad actual. Además, supone la mitad que hace un año y un tercio de la media de la última década. Los embalses de Requejada, Cervera y Pisuerga, de los que 'beben' los regadíos de los sistemas Pisuerga y Bajo Duero, están casi agotados. Tanto, que a partir de las 24.00 horas del día 29 de agosto, el agua para los regantes del Pisuerga se cerrará. En el caso del Bajo Duero se esperará hasta el 3 de septiembre porque el agua tarda más en llegar, al estar más alejado de los embalses.
Este cierre del grifo llega dos días antes de lo previsto en la Junta de Explotación de este sistema, pero el director adjunto de la Confederación Hidrográfica del Duero, Daniel Sanz, recuerda que a principios de campaña, incluso «se dudó de que pudieran regar más allá del mes de julio».
Precisamente en la Comisión de Desembalse del pasado 30 de marzo, en la que se planifica la campaña, este sistema se calificó como en «situación deficitaria y extremadamente problemática». En esa reunión se aprobó que, a final de campaña y debido a la situación de sequía, los embalses de Cervera, Requejada y Aguilar deben llegar con 30 hectómetros cúbicos de agua (cinco menos que el año anterior).
Aunque la situación es complicada, Daniel Sanz es muy tajante al afirmar que el agua para beber está garantizada «durante meses».
En cuanto al resto de sistemas, el Órbigo, que «tradicionalmente también sufre carencia de agua», presenta muchas diferencias en función de los canales de riego. A cada uno de ellos se le ha asignado un cupo de agua y mientras, por ejemplo, el canal de Carrizo -sin modernizar- ya no dispone de más agua. Sin embargo, en el Páramo Bajo «aún tardarán en dejar de regar» porque está modernizado.
Agua para una campaña
Entre los sistemas que presentan mejor situación, Daniel Sanz destaca a los que dependen del río Tormes, en Salamanca, y el Esla, en León. Además, en esta última provincia, los regantes del Porma «aunque no está muy bien de agua, llegarán a final de campaña». En todos ellos, matiza, «no es que se esté disfrutando de alegrías pero sí pueden llegar bien. Si hace falta una última ayuda, la tendrán, mientras Aguilar y Pisuerga, no».
Aunque hablar de lo que puede suceder la próxima campaña es «muy prematuro», Sanz recuerda que la cuenca del Duero no está preparada más que para embalsar agua para un año hidrológico (comienza el 1 de octubre y termina el 30 de septiembre del siguiente año) porque «la capacidad de los embalses es pequeña». Nunca se han dado dos años seguidos de sequía, pero si eso ocurriera el Duero no estaría preparado porque el agua de los embales «solo garantiza una campaña», mientras que otras cuencas cuentan con presas que, llenas, llegan a garantizar hasta tres campañas.
Actualmente el agua acumulada en los embalses del Duero es de 1.003 hectómetros cúbicos, frente a los 1.484 del año pasado, es el 36% de su capacidad total.