«Mi trabajo es que nada se pierda». Una frase corta para intentar abarcar la pasión desbordada e inabarcable del director de la Filmoteca Regional, Juan Antonio Pérez Millán, que ayer habló a los alumnos del Curso de Cinematografía de la Universidad de Valladolid de la importancia del archivo. El papel del 'filmotequero' –como les llama él mismo– se parece al del periodista. Este perdería fuerza e influencia si revelara sus fuentes de información. «Hay que ganarse la confianza de quien cede la copia de una película o una colección de fotos. El boca a boca es la mejor propaganda para que la sociedad confíe en una filmoteca y nos tenga en cuenta», explicó.
Solo así se entiende que, de vez en cuando, se presente en la Casa de las Viejas de Salamanca, sede desde hace 20 años de la Filmoteca, cualquier ciudadano con una lata vieja que contiene una película. Como aquel ciudadano que encontró en un contenedor de basura una cinta de animación rusa de 1929 y se la llevó a estos 'forenses del nitrato de plata', el principal compuesto de las películas de cine hasta antes de los años ochenta. De estas historias, encuentros y casualidades están llenas estas dos décadas de vida de la Filmoteca, el mismo tiempo que lleva Pérez Millán dando sus charlas magistrales en el Curso de Cine sin bajar un ápice su verborrea entregada y documentada.
Datar, rehabilitar («restaurar es devolverlo a como estaban y eso es casi imposible») cine es una labor joven. «Ha habido un desprecio absoluto y no se consideraba un arte que mereciera la pena conservar», explicó el también exdirector de la Filmoteca Nacional en tiempos de Pilar Miró. En España no se plantea la necesidad de archivar la producción fílmica hasta 1956. Veinte años antes, Francia abrió la primera Filmoteca occidental después de que su ministro de Cultura, André Malraux, se dejara convencer por sus asesores. Una tardanza con unos efectos que difícilmente tienen marcha atrás: «entre el 60% y el 70% de las películas se han perdido por desidia».
Fuente documental
Una lástima porque el cine hace mucho que dejó de ser algo más que el séptimo arte. También es sociología. «Se parece tanto a lo que representa que a veces lo confundimos con la realidad». En todo caso, contiene mucha información de una sociedad y un tiempo concretos. Ahora, los arquitectos, los modistos o cualquier profesional acude a las filmotecas para estudiar cómo construíamos, vestíamos... En tono un tanto provocador, aseguró a su auditorio que «la mejor forma de conocer la España franquista es ver las películas de Alfredo Landa, aquel español bajito, con boina y cejas corridas que corre detrás de una sueca con la que nunca se acuesta». En esta línea, Pérez Millán reclamó ante los alumnos su papel como fuente documental frente al «fetichismo de la letra impresa que es, igual que el cine, el testimonio de un mediador con la realidad».