Los carteles recomiendan circular a 20 o 30 kilómetros por hora cuando atraviesas los tres puentes situados en la comarca, junto a esclusas del Canal de Castilla. Sin embargo, cuando uno pasa por encima, prácticamente es obligado detener el coche y extremar la prudencia a límites extremos.
Al margen de la enrevesada curva del punto donde ha ocurrido el trágico suceso, lo cierto es que el puente sobre el Canal de Castilla en Naveros de Pisuerga está prácticamente derruido. Grietas, piedras inclinadas y una protección simbólica rodean a un espacio al que los vecinos reconocen tener pavor, pero por el que no tienen más remedio que pasar cada vez que quieren salir del pueblo.
La situación es similar en los otros dos puentes situados en la comarca. El puente sobre el Canal en Castrillo ofrece una estampa semejante, mientras que el de Zarzosa de Riopisuerga, el municipio donde residían en verano todos los fallecidos, representa una fotografía realmente tenebrosa. Circular sobre él en coche o en bicicleta ofrece la sensación de pasar sobre un alambre sin red. Con un petril completamente destruido y sin barrera de ningún tipo que separe la carretera de las aguas del Canal y con unas piedras con escasa estabilidad en el otro lado, parece la fotografía de los restos totalmente destruidos de un antiguo puente que cuesta pensar que hoy siga teniendo su uso.
Quizás por esa sensación permanente de jugarse la vida cada vez que entran y salen de sus pueblos, los vecinos llevan años reivindicando sin éxito que se arreglen. Ayer, todas esas peticiones volvían a estar en boca de todos, que en su fuero interno confesaban que cualquiera podría ser la víctima de un accidente como el ocurrido ayer. Algunos echaban la culpa a la Confederación Hidrográfica del Duero, «que pretende conservar esas cuatro piedras como patrimonio del Canal, sin molestarse en construir otro puente mínimamente seguro para los habitantes de estos pueblos».
Otros aseguraban que las diputaciones de Palencia y Burgos se pasan la pelota para ver quién pone soluciones. Y los más reconocían que el conformismo y la falta de una reivindicación conjunta les llevan a soportar ese tipo de infraestructuras.
Lo cierto es que son ya decenas las víctimas y los heridos que estas obsoletas infraestructuras, ajenas a cualquier elemento mínimo de seguridad se han cobrado. «Y ahora, que no hay dinero para nada, quizás lleguen promesas, pero seguro que nunca soluciones. Siempre se toman demasiado tarde», apura uno de los vecinos.