«Yo soy Don Quijote de la Mancha. Yo soy Don Quijote de la Mancha». Alonso Quijano-Pepe Sacristán ha exhalado su último aliento y Sanchica, la hija de Sancho Panza, que con tanta fuerza como tino ha construido la joven actriz Almudena Ramos, ya empuña su espíritu. El público, que cree acabada la obra prorrumpe en aplausos al escuchar la proclama. Hay futuro, gente joven dispuesta a la rebeldía indómita y universal.
Aún quedaba un guiño final, pero ya no importaba. Los espectadores que abarrotaban la Corrala de Olmedo se llevaban la esencia de lo que habían visto en escena. Tantos 'Don Quijote' han desfilado por nuestros escenarios, que quizás faltaba uno que se centrara de manera tan cristalina en la esencia de la propia palabra 'quijote', 'hacer el quijote', actuar movidos por el deber, por principios morales, no por el interés, la especulación.
Y en tiempos como estos, el público necesita y agradece formas tan naturales de pedagogía de los clásicos, esos que nos hablan de los valores universales, que se salen del tiempo presente, el aquí y ahora. José Ramón Rodríguez, el dramaturgo de esta pieza, hizo un pacto con Miguel de Cervantes para pedirle que le dejara transitar por su libro con libertad, sin ataduras. Así, le entregó a Sacristán y a sus dos buenos acompañantes (Fernando Soto como Sancho y la citada Almudena Ramos como su hija) un texto que usa el 'Quijote' como una excusa. Las aventuras, los molinos, la cueva de Montesinos, el Toboso... todo está ahí pero apenas aparece, un una mezcla de aventuras vividas o relatadas en las que también hay guiños para reflexionar sobre el presente.. Escenario tan limpio como la propuesta, con una pasarela que marca las transiciones, las idas y venidas, un delicioso 'Rocinante' hecho con toneles, cubos de madera y una escoba. Y el conmovedor violonchelo en directo de José Luis López para ayudar en esas 'cortinillas' y transiciones entre las escenas.
Sacristán está tan acostumbrado a la esencia del personaje que se mete en el papel con un dominio total. El gran actor madrileño tiene ya la estética de caballero (cabreado) de la Triste Figura. Y le facilitan la tarea un texto (en principio se pensó en hacer un monólogo) que le permite todos los registros: ironía, reflexión, mordacidad, enfado... Y, como no resaltar la labor del director del montaje, Luis Bermejo, que cumple con su compromiso inicial de usar el mito para hablar de la actualidad. Una actualidad que parece reclamarnos a todos el 'quijote' que llevamos dentro para afrontar tanta injusticia.
Comedia de capa y espada a ritmo de carnaval en la despedida
¿Un clásico del Siglo de Oro en el carnaval de Las Palmas de Gran Canaria de los años veinte? Esta es la propuesta que cerrará este domingo y por este año la programación de Olmedo Clásico, con la versión de 'Abre el ojo', el texto de Francisco de Rojas Zorrilla que ha adaptado Yolanda Pallín y que dirige Rafael Rodríguez. La acción original de esta comedia del discípulo de Lope de Vega transcurre por las calles del Madrid imperial. Se trata de una comedia de figurón, propia de la época de capa y espada, en la que se aborda el amor, los deseos y los celos. Todo ello a ritmos salseros y con ropajes propios de esos 'locos años veinte'. Pallín y Rodríguez insisten en que ¡Abre el ojo' es «una obra muy contemporánea en la que la relación entre la economía y el amor es fundamental en su desarrollo». El texto recoge elementos muy canarios tales como la música, léxico, folclore, luminosidad o gastronomía y la plástica está inspirada en el pintor Néstor de la Torre. Al igual que otras obras que también se han visto en este Olmedo Clásico (Corsario, 'Don Quijote', 'La Celestina'), 'Abre el ojo' también tuvo muy buena acogida en el reciente Festival de Almagro.