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Quince horas de sacrificio

RAMADÁN

Quince horas de sacrificio

Los aproximadamente 3.000 musulmanes de Valladolid celebran el Ramadán

28.07.12 - 18:28 -
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Quince horas de sacrificio
La comunidad islámica en el rezo de las siete de la tarde en la mezquita de la calle Rincón de Esgueva. / Henar Sastre
Cinco rezos diarios, ayuno absoluto desde que el sol sale hasta que se pone. Ni comida, ni bebida, ni sexo. Prohibido todo lo que alimenta hasta la noche. No todo es tan inflexible como parece, hay excepciones. El Ramadán, el noveno mes del año lunar de los musulmanes, no obliga a tantos sacrificios a los niños menores de 13 años y a las chicas hasta su primera menstruación. Tampoco a las embarazadas y los enfermos. Para el resto, los aproximadamente 3000 mahometanos que viven en Valladolid, esas reglas son el día a día desde el pasado 20 de julio y hasta el próximo 19 de agosto, las fechas de la fiesta este año. Un mes que cada año empieza diez días antes, dos después de la aparición de la novena luna nueva del año islámico.
El día empieza hidratándose antes de que salga el sol. En torno a las seis de la mañana tiene lugar el primer rezo, que se repetirá a las 14:30 y 19:00 de la tarde y por la noche, antes y después de la cena, llamada en este caso desayuno. En la mezquita de la calle Rincón de Esgueva, en Pajarillos, tienen una hora más exacta. Cuando faltan cinco minutos para las siete de la tarde llega el momento de orar. Por una trasera del bajo que usan, los hombres, por otra, las mujeres, que acceden a una habitación distinta. En un intenso goteo llega un centenar de fieles, se quitan las zapatillas y chanclas, las depositan en una estantería y se lavan los pies en una pila habilitada para la ocasión. Prohibido cruzar el arco que da acceso a la sala de oración con calzado. En la moqueta oran apenas diez minutos y vuelven a sus quehaceres. Entre todos ellos está Zaki Zayed, imán responsable de la comunidad musulmana de la ciudad, que explica que el Ramadan es una oportunidad para recuperar la fe. «Es un mes para cumplir con las obligaciones que faltan, para volver a la religión. Se lee más el Corán, se piensa más en la gente. Tiene muchas ventajas sociales y modales. Se trata de ser buena personas, de corregir los modales, una purificación de la fe musulmana», explica entusiasmado.
Un buen rato después de la tercera oración, en una casa de la calle Estornino, también en Pajarillos, el barrio en el que más comunidad se concentra junto a Rondilla y Delicias, según Zayed, el matrimonio formado por Fatima Saiddat y Anouar Chagraoi preparan una cena copiosa. La abuela lleva un buen rato mezclando las lentejas, garbanzos, harina, apio, tomate, fideos, especias, agua y perejil que componen la harira, la sopa típica de la fiesta, netamente marroquí. «En los países del Magreb son muy típicas las sopas y en Palestina, Jordania, Líbano o Siria se llevan más las ensaladas», ilustra Zayed, del segundo grupo, aunque en Valladolid el primero es mayoritario.
Una larga espera
La extensa mesa del salón espera hoy a cinco invitados, todos amigos españoles de la pareja, plenamente integrada en la ciudad despues de ocho años de su llegada en el caso de Anouar y doce en el de Fatima. Sobre el mantel se extienden platos de huevo cocido, tortitas, algunos días rellenas de carne, pimiento y cebolla y otros de almendra o atún. Tampoco falta la chebakia, dulces con aspectos de almendras garrapiñadas gigantes formadas por harina, huevo, anís, miel, aceite y agua de azahar; y el salow, un plato que mezcla cacahuetes, almendras, sésamo, miel, anís y aceite de oliva. Frutos secos triturados y presentados en granos. Los dátiles y los higos secos completan el mantel, aunque la harira es la estrella de la noche. «Esta es lo que comemos todos los días en el Ramadán y hoy falta el pescado o la carne picada. Fuera de este mes, normalmente las cenas son más ligeras», aclara.
Pasan las nueve de la noche y la pareja de Estornino suma más de quince horas sin ingerir alimento o bebida alguna, ni siquiera mientras cocinaban. Sus invitados también esperan a que el reloj del salón marque las diez menos cuarto para empezar a cenar. Después de la cena habrá que rezar. Antes no lo han hecho porque tenían invitados. «La hora del rezo no es tan estricta, puedes adelantarlo o retrasarlo una hora y no pasa nada», afirma Anouar. «Normalmente vamos a la mezquita, damos una vuelta y volvemos a casa, porque al día siguiente trabajamos», explica Fatima. Su esposo añora el Ramadán en Casablanca, su ciudad. «Allí se vive más por la noche. Después de la cena la gente está por las calles con su familia y sus amigos, se va a los bares, espacios de ocio, cafeterías y discotecas. Por el día hace demasiado calor para salir de casa», explica con una sonrisa en la boca, desmintiendo el mito de la fiesta musulmana como un sacrificio constante. Antes de que el sol aparezca y sea la hora del primer rezo de la mañana, el marido desayuno unos dátiles y dos litros de agua para aguantar el calor del día. «Algo ligero, porque a esas horas no puedo con más».
Trabajo compatible
Fatima y Anouar aguantan el ayuno trabajando. Él lo hace en una empresa de aluminio y ella como mediadora intercultural de la organización Red Incola. Su labor les impide acudir a la mezquita para hacer todos los rezos, así que van tanto como pueden y hacen el resto cuándo es posible. También cuando se hacen viajes largos se pueden interrumpir rezos y ayunos para retomarlos más tarde. Anouar adapta sus horarios y en su empresa, lejos de extrañarse, sus compañeros se interesan por cómo lleva los sacrificios. «Yo en el Ramadán me siento mejor que en los días normales», afirma convencido cuando se le pregunta si no teme que la falta de alimentación afecte a su rendimiento. «Es duro, pero se puede aguantar gracias a la fe».
El esfuerzo se ve compensado el último día de Ramadán, «una fiesta más de dulces que de comida» para Zaki Zayed, que explica que cuando el mes termina los musulmanes se invitan a las casas y ofrecen pastas con el te y el café. Estos dulces especiales y las tortitas se preparan desde días antes. También será la hora de la novedad. «Se compra ropa nueva para los niños y las mujeres estrenan trajes», explica Fatima.
Tres días antes, este año el 15 de agosto y coincidiendo con la noche del día 26 del mes del Ramadán, se hace otra fiesta en la cena en el que se cocina cuscus. El matrimonio espera la visita de amigos españoles para ese día. En esa jornada se conmemora la bajada del Corán, sobre la que hay diversas teorías, que coinciden mayoritariamente en señalar ese día el elegido. Por eso se terminan de leer las 60 partes del libro sagrado, que se han escuchado en la mezquita todas las noches desde las 23:15 , -cuando el templo está «a tope», según Anouar- a razón de dos por rezo. En ese mismo templo los viernes es un día especial. Se celebra la oración semanal, la más larga de la semana, que incluye un discurso previo. Noches de fe y días de sacrificios.
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