Tras los dos días del en los que se ha fraguado la no inscripción y la fulminante expulsión del CB Valladolid de la Liga Endesa, los motivos de la operación de acoso y derribo a la entidad morada van saliendo al aire. Está claro que la Liga de 16 equipos es el 'leitmotiv', pero existen en el fondo otros motivos más oscuros.
El primero, la especial inquina que siempre ha mostrado la Asociación de Clubes de Baloncesto con el equipo de Valladolid. Recordemos que, en el año de la desaparición del Akasvayu Girona, el entonces Grupo Capitol había perdido la categoría junto al Baloncesto León –los morados habían sido penúltimos– y la ACB no le ofreció la plaza de los gerundenses al club castellano. A esto se le junta que el equipo recupera la categoría un año después y es tratado de manera indigna por la asociación, que pone todo tipo de trabas para evitar la inscripción, algo que se consigue sobre la bocina y gracias al apoyo de los grupos mayoritarios en el Ayuntamiento de Valladolid. Dos de dos. Claramente existe una animadversión hacia el equipo de Valladolid, mucho más clara tras el escandaloso capítulo vivido el lunes en la sede de la ACB en Barcelona.
En el club vallisoletano, tras la nota publicada por la ACB el pasado martes, queda más claro que el asunto de los 'transfers', otro capítulo bochornoso vivido el pasado verano, ha sido 'facturado' por la asociación con este tema. En la valoración que hace en esa nota Albert Agustí, director general de la ACB, habla de reponer el fondo de garantía salarial –ya no habla de deuda como el día anterior, porque es dinero del club– para volver a ser conjunto ACB (189.000 euros) y de presentar garantías para un crédito con la ACB de 180.000 euros establecido el año pasado. Este crédito está en el meollo de la cuestión.
Esos 180.000 euros son la subrogación por parte de la ACB de la deuda que U1st Sports afirmaba que el CB Valladolid mantenía con esta agencia de representación y que provocó el laudo de la FIBA que impedía tramitar los 'transfers' de Bagaric y Touré. Para que la competición no sufriese ni más retrasos –el juez aplazó el primer partido del Blancos de Rueda en Zaragoza– ni más deterioro, la asociación abonó esa deuda.
El problema es que la deuda quedaba sujeta al concurso de acreedores en el que estaba inmerso el club vallisoletano. El objetivo parece que es cobrarla entera ya, pero eso no puede ser ya que es ilegal. Ningún acreedor puede ser tratado de manera privilegiada respecto a otro. La ACB, durante el pasado mes de junio, cobró lo que le correspondía este año por ese concepto. Debe ser que tampoco la asociación anda boyante de dinero.
Mientras, el club y el Ayuntamiento están manos a la obra para captar esos 189.000 euros que en teoría devuelven a la ACB. Los abogados ya están trabajando para la interposición de querellas a la asociación y sus directivos.