La Virgen de la Fuencisla lucirá restaurada en el novenario que se celebrará entre el 21 y el 30 de septiembre en la Catedral de Segovia, un ritual previo al regreso en romería al santuario donde en enero se registró el robo de las dos coronas y de la bola del mundo sustraídas a la Virgen y al Niño Jesús, además de varios desperfectos. La Diócesis prevé que la Virgen procesione con las coronas restauradas en Segovia y sin el manto, con el fin de que la gente pueda contemplar mejor la imagen. La talla, datada entre finales del siglo XV y principios del XVI, fue mostrada ayer en el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la localidad vallisoletana de Simancas.
En este centro dependiente de la Junta de Castilla y León pudieron contemplar la escultura el director regional de Patrimonio, Enrique Sáiz, acompañado por el responsable patrimonial de la Diócesis de Segovia, Miguel Ángel Barbado y varios responsables de la Real Cofradía de la Virgen de la Fuencisla. Su presidenta, Julia González-Herrero, se mostró «muy contenta y satisfecha» con la intervención restauradora llevada a cabo por los técnicos. «Ha quedado preciosa. La talla, que era una belleza, va a volver a ser la que era».
Aún se encuentra en ejecución el proceso al que se ha sometido la escultura de madera de pino silvestre, una intervención compleja que ha ido mucho más allá de la reparación de los desperfectos ocasionados durante el robo y se ha extendido a acondicionar una pieza sometida al desgaste de cinco siglos de exposición a la devoción popular. El coste de la restauración se valora en unos 30.000 euros, que han sido asumidos por la Junta de Castilla y León. El estudio histórico y científico sobre su estado de conservación se ha complementado con la reparación de la policromía, eliminando anteriores repintados (uno de los daños más comunes de la imaginería religiosa) así como una grieta de gran tamaño. «El rostro de la Virgen tenía una raja que le atravesaba el rostro y ya no queda ni huella», comentaba Julia González-Herrero.
Con todo, las zonas donde más ha sufrido la talla son las que han estado más expuestas al roce de las vestiduras.
Enrique Sáiz, se congratuló de que el episodio del robo fuera «una desgracia que felizmente ha servido para abordar un estudio en profundidad de esta virgen devocional desde el punto de vista científico, histórico y artístico, de modo que se ha sometido a la talla a un proceso de estudio y tratamiento como nunca antes se le había realizado».
De hecho, además de esta intervención los técnicos del centro han ideado un sistema para evitar que la figura de la Virgen sufra daños durante el proceso de manipulación al que se somete cada vez que se le cambian ropajes ceremoniales o se mueve de lugar. «Se le ha realizado una restauración preventiva, de forma que se pueda manipular sin que la policromía sufra deterioros con el roce o el contacto con alfileres de los ropajes», explican los restauradores.