Una fugaz referencia en un periódico de 1988 fue el germen del interés del jurista peruano Alejandro Tudela por el Duque de Lerma. La curiosidad fue en aumento y los azares de la vida acabaron uniéndole a Valladolid, donde reside una hija tras su enlace matrimonial. Las casualidades sumadas dieron como resultado un 'Retrato del Duque de Lerma' publicado por el Ayuntamiento de Valladolid dentro de su 'Galería de retratos vallisoletanos'.
El libro, presentado en septiembre, fue acercado al público ayer de nuevo por Antonio Piedra, Manolo Sánchez, el embajador de Perú, Héctor Matallana, y su homónimo en la región, José Carlos Palomino. Tudela, ex ministro de Justicia del Gobierno de Alejandro Toledo (2005-2006), considera que Francisco Gómez de Sandoval y Rojas (1553-1625) «cumplía las condiciones de cualquier valido aunque no tenía capacidad de estadista», que estaba rodeado de «una partida de ladrones y prevaricadores e inmorales que no le ayudaron» y que fue un hombre «parido por su tiempo». Y ese tiempo fue el Siglo de Oro, en el que se impone «la maldición de la riqueza. Cuando se llega al punto de satisfacer todo lo material pero no existen los valores, se impone el dispendio, la extravagancia y la decadencia. Lerma manda en el florecimiento del Siglo de Oro español pero, en términos políticos, es una desgracia. Lerma es un personaje decadente en una época decadente». Aunque se confiesa «historiador diletante», quería ollar en un surco transitado con brillantez por Patrick Williams, porque quería revisar la biografía de este «hombre tan denostado y vilipendiado por la corrupción pública que genera» y a la vez, «es injusto dilapidarlo por todas las desgracias y calamidades de la España del momento». Tudela Chopitea fue consciente al seguir los pasos del Duque de Lerma de que el personaje «era dinamita en la historia de España».
Desde 2009 pudo beber en las fuentes originales y visitó el Archivo de Simancas, la Real Chancillería y el mausoleo del valido, la Iglesia de San Pablo. Precisamente en su primera presentación contó con la presencia de uno de sus mayores conocedores y moradores, el catedrático emérito y padre dominico Jesús María Palomares.