La guerra de los Balcanes en la década de los noventa y la Europa actual al borde de un precipicio con la población desesperada, crisis económica y resurgimiento de movimientos políticos populistas y nacionalistas. Una reflexión con tintes de convergencias que se abordó ayer en la Feria del Libro de Valladolid al hilo de dos novelas unidas por la mirada al conflicto balcánico: 'Pasajero K' y 'La hija del este'. Sus autores, Adolfo García Ortega y Clara Usón conversaron sobre ello en la carpa de la Cúpula del Mileno en un encuentro moderado por Angélica Tanarro, responsable de la sección de Culturas de El Norte de Castilla.
A ambos autores les surgió la idea de escribir una novela con el avispero de los Balcanes como fondo a raíz de la aparición de dos de sus protagonistas en los medios de comunicación. «Vi en televisión la detención de Radovan Karadzic, el criminal de guerra más buscado durante 13 años, que vivió camuflado en Belgrado como gurú naturópata y me pareció tan chocante y burlesco para las víctimas que vi al go que contar».
La barcelonesa Clara Ausón armó otra historia balcánica, 'La hija del este', a raíz de la lectura de una noticia en el diario 'The Times' sobre otro genocida, Ratko Mladic, cuya hija Ana, de 23 años se suicidó en 1994, en plena guerra, utilizando una de las pistolas favoritas de su padre, al parecer tras un viaje a Rusia «del que volvió muy cambiada; la imagen que tenía de él como un héroe parece ser que se desmoronó después de que algo sucediese en ese viaje», cuenta Clara ausón. Ambos autores coincidieron en señalar que la antigua Yugoslavia se convirtió en un espacio propio de tragedia griegaen pleno siglo XX.
La exhaustiva labor de documentación fue otro de los aspectos que requirió la construcción de estas novelas. En el caso de Clara Ausón los dos o tres meses que había previsto dedicar a recoger información se transformaron en más de dos años. Biografías y documentales sobre Karadzic así como los libros de poesía que escribió el genocida serbio proporcionaron a Adolfo García Ortega una amplia radiografía del personaje que usa como trasfondo para contar la historia de la identidad de un hombre que «se para a pensar a dónde va con su vida, conoce a una joven periodista con problemas de identidad, aparece gente con identidades mezcladas y confusas que representarían a la Europa actual y la guerra de Bosnia pone en entredicho ese mestizaje». En opinión del autor cuyo pregón abrió el viernes la Feria, este conflicto armado supuso el inicio de una confusión mundial «en la que todos estamos todavía. Entonces Europa miró para otro lado; en esa guerra hubo buenos y malos pero no quisimos saber quiénes eran».
Angélica Tanarro aludió al lenguaje cinematográfico con el que dan comienzo ambas novelas, un recuerdo que, en palabras de Clara Usón tuvo que ver con que «fue una guerra muy filmada y mediática; esto es algo que marca a los escritores del siglo XX, las elipsis, los saltos en el tiempo en la trayectoria narrativa, todo ello herencia de una cultura muy cinematográfica».
En su caso, Adolfo García Ortega esgrime que el cine está en su formación diaria tan presente como la lectura. «Revisito muchas películas y el lenguaje cinematográfico me resulta muy cercano».
En la conversación salió a colación la pregunta de si Europa ha escarmentado después de una confrontación como la que asoló los Balcanes hace apenas dos décadas. La respuesta de Clara Usón aludió al miedo, dijo, «que nos están metiendo los políticos, estamos todos acongojados».
Para García Ortega, populismo, fronteras, patria y población desesperada por la crisis constituyen un polvorín con mechas que amenazan con prender de momento en Francia, Finlandia y Holanda, donde la ultraderecha está ganando posiciones. «Islamofobia, antisemitismo, gitanos, nacionalismos... Ya empezamos a ver que a los del sur se nos considera vagos, sucios.. Lo que pasó en los Balcanes fue un ejemplo de eso, ¡Y como lo hemos olvidado'».