En la linea del cielo de Martín Muñoz de las Posadas sobresalen de las casas del pueblo meseteño los dos pináculos del Palacio del Cardenal Espinosa y, a pocos metros, la torre y el ábside de la iglesia inacabada de Nuestra Señora de la Asunción. La población, bien comunicada a través de la carretera de Valladolid y de la cercana de La Coruña, está próxima a Arévalo, Olmedo y Santa María de Nieva y debe su nombre al repoblador, Martín Muñoz, compañero de fatigas del Cid Campeador que en el siglo XI se asentó en la zona, hasta entonces probablemente ocupada por los árabes. Es un pueblo cerealista, con productos hortícolas de fama, y que a lo largo de su historia vivió momentos de esplendor y declive como muchos otros de Castilla.
Recuperar el auge que cobró en el siglo XVI, en vida del cardenal Diego Espinosa y Arévalo, su hijo más ilustre, no es posible porque aquel tuvo mucho poder e influencia entonces, pero el Ayuntamiento que preside el popular José Antonio García Gil y, sobre todo, los miembros del consejo sectorial creado al efecto, tienen el empeño de recuperar los bienes que forman su legado principal, su patrimonio y su cultura, para ganar un futuro mejor. Y el bien que requiere más atención es el palacio renacentista del Cardenal Espinosa, de manera que la conmemoración en 2013 del V Centenario del nacimiento del personaje es una ocasión única para impulsar la rehabilitación del edificio, un buen ejemplo de arquitectura renacentista atribuido a Gaspar de Vega y, en estudios recientes, a la traza de Rodrigo Gil de Hontañón.
Construido entre 1569 y 1572, posee dos torres laterales, una portada con cuatro comunas dóricas realizada en ladrillo y granito y en la que destacan los escudos de Felipe II y del cardenal, y en el interior un patio cuadrangular columnado sobre el que descansa una galería superior confeccionada en granito como la balaustrada y la escalinata.
El estado del palacio del Cardenal Espinosa no es bueno. Es mejor que el que puede apreciarse en las diapositivas de la década de 1950, anteriores a la restauración realizada en 1966, cuando había perdido las cubiertas y las columnas y vigas de las galerías se veían desnudas. Pero si no se atienden enseguida sus patologías y, sobre todo, si no se le da un uso, el edificio renacentista puede perderse de nuevo.
Problemas diversos
Los males que aquejan al inmueble los ha expuesto el joven arquitecto Miguel González de Riancho al presentar su propuesta de recuperación ante la audiencia reunida en el salón de actos del Ayuntamiento de Martín Muñoz de las Posadas. Ya en la portada, la piedra de granito está deteriorada por la suciedad y la erosión, el portón presenta un aspecto «deplorable», las balconadas se ven herrumbrosas, a punto de perder los enganches que las sujetan a la fachada y en todos los paños hay humedades. Los cerramientos y la carpintería tienen problemas de estanqueidad y en muchas partes del palacio hay grietas y fisuras.
En las cubiertas, las aves han movido las tejas y la vegetación crece en los canalones, impidiendo el adecuado drenaje de las aguas; el revestimiento de pizarra de las torres, donde descansan pesados nidos de cigüeñas, también se ha perdido en parte y en la galería superior del claustro, hay una parte que ha tenido que ser apuntalada por el deterioro que han causado el peso de los nidos y las filtraciones. Mención aparte merece la parte trasera del palacio, donde se ve la desafortunada restauración de 1966, que no ha dado el resultado deseado probablemente por la falta de medios empleados entonces, como destaca González de Riancho.
En el interior de todo el edificio ganan espacio las aves y sus corrosivos excrementos. En las dos torres y en la galería que las une bajo la cubierta (abovedada con hormigón hace 35 años) la capa de palomina es de varios centímetros y suma cientos de kilos salpicados aquí y allá por cadáveres de palomas, pues las 'ratas del aire' entran con facilidad por las ventanas desprovistas de las alambradas que las protegían. El estado no es bueno, no. Pero a pesar de todas estas patologías, como resalta el arquitecto, gracias al Ayuntamiento y a los vecinos que utilizan el inmueble para diversos actos, el palacio se mantiene y todavía es recuperable.
Contar todo esto forma parte de una estrategia plausible, encaminada a encontrar financiación para las obras necesarias. Por eso el Ayuntamiento y el Consejo Sectorial del V Centenario del Cardenal Espinosa ha invitado a las autoridades a conocerlo, entre otras el presidente de la Diputación Provincial, Francisco Vázquez; el delegado territorial de la Junta, Javier López Escobar, y la diputada nacional Beatriz Escudero.
Ayudas
La respuesta quizá no ha sido la esperada. Aunque la realización del proyecto de ampliación y puesta en valor del palacio no tiene un plazo determinado, la actual situación económica impone sus condiciones. De la reunión del viernes en Martín Muñoz de las Posadas solo salieron compromisos de ayudar en lo posible. Pero para las ayudas concretas Francisco Vázquez remitió a la búsqueda de financiación privada porque en este momento la Diputación Provincial solo podría colaborar para «establecer las condiciones para que no se siga deteriorando», para desalojar a las palomas y que el edificio esté en unas condiciones dignas, para que «el palacio vuelva a su ser original», si bien sería también necesaria la colaboración de otras administraciones, fundamentalmente de la Junta de Castilla y León.
Ese ligero compromiso es un paso, no obstante, para la futura restauración. Y el ejemplo está a la vista también en el municipio, en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, donde diversas actuaciones están rehabilitando las partes en peor estado y están siendo recuperados los retablos y las vidrieras, estas con la actuación de Carlos Muñoz de Pablos.
Fortaleza árabe
El templo quedó sin acabar en el siglo XVI y por eso guarda las trazas de las antiguas construcciones, desde los restos de la muralla de la fortaleza árabe (visibles bajo la cubierta del lado sur) a las pinturas románicas y los muros de la nave central y el ábside gótico, aunque quizá lo que requiera más atención es la portada de estilo gótico flamígero, muy deteriorada.
La iglesia recuerda aquellos tiempos de frontera del siglo XI, y con el palacio renacentista del Cardenal Espinosa, el esplendor del siglo XVI. El futuro de Martín Muñoz de las Posadas está, una vez más, en el Renacimiento.