La deuda de las entidades locales españolas sumaba a finales del 2010 la friolera de 35.443 millones de euros, un 3,3% del Producto Interior Bruto (PIB). Pero no todos los ayuntamientos han contribuido a engrosar esos porcentajes; de hecho, Valladolid puede presumir de ser una de las once provincias españolas con más de un centenar de pueblos que no deben nada, pero nada de nada, a las entidades financieras. Según las estadísticas que maneja el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, 116 de los 225 pueblos vallisoletanos tienen adjudicado un cero en el apartado de deuda viva (el resultado de la suma de las diferentes operaciones de riesgo, como créditos financieros, valores de renta fija y préstamos o créditos transferidos a terceros).
La otra cara de la estadística la protagonizan los 109 municipios que tienen pendiente de pago algún préstamo bancario pero, incluso en este caso, las cifras globales son positivas, ya que alrededor de tres de cada cinco ayuntamientos de Valladolid han reducido las cuantías de sus créditos a lo largo de los años 2009 y 2010 y, aunque todavía no hay cifras estatales, parece que siguieron el mismo camino a lo largo del pasado año. Y todo eso, con la que está cayendo y lo que falta por caer, porque lo único cierto es que las entidades locales vallisoletanas están siendo un ejemplo en eso de apretarse el cinturón.
Entre los pueblos de mayor envergadura que han logrado reducir sus deudas con las entidades financieras destacan Olmedo (de 1,44 a 1,35 millones de euros), Boecillo (de 1,67 a 1,59) o Renedo de Esgueva (de 500.000 a 407.000), pero los verdaderos protagonistas son los pequeños: Berrueces, Rábano, Aguilar, Bahabón, Torrescárcela, San Pelayo... y así hasta siete decenas de localidades que se están desviviendo para dejar de deber lo poco o mucho que adeudan.
Pero también están los alrededor de cuarenta que no han tenido más remedio que aumentar los créditos. Muchos de ellos son ayuntamientos grandes, con infraestructuras pendientes de financiación, pero sin los ingresos procedentes de la construcción a los que estaban acostumbrados y con unas cada vez más raquíticas transferencias de las administraciones supramunicipales. Tudela de Duero, por ejemplo, ha pasado de deber 2,7 millones de euros en 2008 a 3,8 millones a 31 de diciembre de 2010, y Simancas, con una deuda que hace dos años apenas superaba los 350.000 euros, comenzaba el ejercicio 2011 adeudando a las entidades financieras 2,7 millones de euros. Destacan también los dos millones de deuda financiera a mayores que en esos dos años suscribió Medina del Campo, que pasó de los 8,9 a los 11,1 millones de euros.
Lo cierto es que la mayoría del centenar de municipios que integran el club de los ‘no morosos ‘–en esta estadística no se incluye la deuda comercial de las entidades locales, sino exclusivamente la bancaria– son pueblos muy pequeños, con alcaldes que ni siquiera se plantean, y en ocasiones no se han planteado nunca, acudir a un crédito bancario. Pero toda excepción tiene su regla y en este caso se llaman Zaratán y Arroyo de la Encomienda. El primero, capitaneado en los últimos años por el popular Carlos Carranza, se mantiene sin créditos desde hace varios ejercicios. El ‘boom’ de la construcción se lo puso fácil al saneamiento, pero el Ayuntamiento fue también capaz de levantar el pie del acelerador inversor cuando la coyuntura económica dio un giro.
Arroyo, con cerca de 16.000 vecinos, es uno de los diez ayuntamientos españoles de entre 10.000 y 20.000 habitantes que no debe nada a los bancos (los otros son los madrileños Arroyomolinos y San Agustín de Guadalix, el navarro Zizu Mayor,_el valenciano Massamagrell, y los vascos Elgoibar, Hondarribia, Llodio, Sopelana y Valle del Trápaga), y el único de Castilla y León en esa lista de privilegiados.
Además de ocupar puestos de honor, Valladolid es también un farolillo rojo, aunque la culpable en este caso sea la capital. Con una deuda de 222,8 millones de euros (cerca de 700 euros por habitante), la ciudad del Pisuerga ostenta el dudoso honor de ocupar la octava posición en cuanto a los ayuntamientos más endeudados de España. Le siguen de cerca Burgos, Salamanca y León, las cuatro capitales de la comunidad autónoma situadas entre las cincuenta más morosas del territorio nacional.