Mucho antes de la irrupción de Cameron y su 'Avatar', Europa ya se moría por el 3D. Tan antes como el siglo XIX. La capacidad de la fotografía para trasladar al espectador al espacio representado motivó continuas innovación técnicas en busca de la mayor realidad posible, entre las que la imagen estereoscópica fue una de las más destacadas. Salamanca acoge ahora de la mano de la Fundación Mapfre una muestra con cerca de 90 imágenes que permiten al espectador acercarse a lo que fue un auténtico fenómeno, la venta de imágenes de distintas ciudades españolas realizadas con esta técnica, que inundó el mercado francés a partir de 1856.
'Una imagen de España, fotógrafos estereoscopistas franceses' es una selección de las más de 900 imágenes localizadas y adquiridas en las últimas décadas por la Fundación Mapfre que permiten acercarse al trabajo de tres fotógrafos: Joseph Carpentier, Jean Andrieu y Ernest Lamy; y dos editores: Ferrier & Soulier y los hermanos Gaudin.
Presentado en la Exposición Universal de Londres de 1851, el visor estereoscópico se convirtió en su momento en el avance más revolucionario para lograr la tercera dimensión a través de una imagen en papel. Su fama pronto traspasó fronteras y alcanzó un notable éxito entre la burguesía francesa en un momento de enorme interés por los viajes y los destinos exóticos, entre los que España se encontraba como punto ineludible para la imaginación de los europeos.
Así que fotógrafos particulares a título personal y otros cumpliendo encargos editoriales se lanzaron pronto a recorrer el país ibérico captando los elementos más singulares para ofrecer al espectador bajo esa nueva posibilidad técnica en la que el escenario podía visitarse casi realmente a través de imágenes perfectamente combinadas con la literatura de viaje tan en auge en aquellos tiempos.
Según explica Javier Piñar, comisario de la muestra, la irrupción de la técnica estereoscópica supone «un viraje hacia la espectacularidad de la fotografía, donde a diferencia de las fotos anteriores de un carácter más elitista, se recupera el gusto por lo popular, lo cotidiano y lo pintoresco, aunque sin renunciar a los telones monumentales que tanto llamaban la atención, sobre todo los vinculados a la Edad Media y Al Andalus».