Rafi Pérez (Cerecinos del Carrizal, Zamora, 1947) recuerda cómo su madre, Antonia, y su abuela Emilia acercaban las sillas a la lumbre y desplegaban un mundo en sus rodillas, la tarde por delante y una labor encomendada al hilo y a una aguja de coser. «A mí me encantaba sentarme con ellas y mirar cómo trabajaban», rememora Rafi. Y se fijaba en todos los detalles. En cómo remendaban la ropa del trabajo de los maridos. Cómo recosían la muda interior. Cómo bordaban piezas decorativas para la casa. Rafi aprendió a coser en el colegio del pueblo y muy pronto se sentó junto al fuego para sumar dos manos más al trabajo de su madre y de su abuela. Después hizo corte y confección. «Tengo el título». Y ahora se pasa el tiempo entre costuras con un objetivo solidario.
Costureras solidarias
Sus puntadas sirven para financiar proyectos en el tercer mundo. Y no solo las suyas, sino las que también dan Laude, Palmira, Isabel, Aurora, Gloria, Delfina, Meri, Juani, Paqui, Asun y Emilia. Todas ellas forman el grupo de costureras solidarias de Huerta del Rey. Se reúnen los martes, en la parroquia del Henar, para coser mandiles, manteles, caminos de mesa y pañuelos que luego venden para promover acciones solidarias (apadrinadas por la ONG carmelita Karit).
Un mandil, cuaderdos para diez
Con la venta de sus labores han contribuido, solo durante el año pasado, a financiar con una beca la educación de una niña de 16 años en Kenia. Las últimas navidades enviaron dinero a Argentina para que un grupo de ancianos pudiera celebrar la Nochebuena bajo techo. Y en el mismo país han dedicado 300 euros a financiar una biblioteca para familias sin recursos. O en Bolivia, donde han colaborado para poner en marcha un comedor social. Son solo ejemplos solidarios que pueden salir adelante gracias a «nuestros manteles y nuestro ganchillo». «Enviamos pequeñas cantidades, de 150 o 200 euros cada mes, pero que son vitales para muchas personas. Por ejemplo, con el precio de un mandil (10 euros) podemos comprar cuadernos y bolígrafos para diez escolares», aseguran las integrantes de esta cuadrilla solidaria de costureras.
La iniciativa comenzó hace cuatro años, asociada a un rastrillo benéfico que organizan en la parroquia del Henar (en Huerta del Rey). Rafi se presentó con unos mandiles.