La selección española estará un Europeo más entre las cuatro mejores. Logró su billete para las semifinales después de vencer a Rumanía (3-8) en un partido que mostró a una España de dos caras. Una, esplendorosa con la pelota y a la que se le cae la calidad de los bolsillos; y otra, inesperadamente frágil ante el portero-jugador de su rival. Rumanía salió sin ningún tipo de complejo. Quitó –algo inaudito– la pelota a la selección española, poco acostumbrada a que sus rivales le obliguen a correr. No se prolongó mucho esa circunstancia sorprendente. España agarró el balón y comenzó a combinar como solo ella sabe. De una estupenda asociación entre Alemao y Kike nació el primer gol. Torras consiguió que la selección abriera la lata de nuevo muy pronto y obligara a su rival a proponer cosas nuevas.
La ventaja en el marcador y el gran nivel que las rotaciones permitieron mantener propició que se viera la mejor versión de España. Miguelín rozó el segundo gol en otra fenomenal jugada colectiva, y el cajista Borja Blanco también lo intentó con un disparo blando. Los rumanos, que estuvieron varios minutos sin catar el balón, se levantaron del golpe y empataron antes de que se alcanzara el ecuador de la primera mitad. Gherman se deshizo de Ortiz con un poco de suerte y ejecutó a Luis Amado con una estética volea.
La selección, aturdida por el gol, sesteó y tuvo que recurrir a Luis Amado para no encajar el segundo. Rumanía volvió a sorprenderla utilizando portero-jugador. Los de Venancio López se pusieron el mono de faena para defender y trataron de crecer a partir del balón. Pero son tantos los recursos que maneja este equipo que esta vez le apagó el sofoco un disparo exterior de Aicardo. El jugador del Lobelle Santiago contó con la complicidad de los defensas rumanos.
Picada en su orgullo
Sin embargo, España iba a comprender de nuevo que el partido de cuartos de final iba a ser un campo de espinas. Rumanía insistió con el portero-jugador y Gherman repitió acierto con un lanzamiento exterior que entró por la escuadra. La selección, picada en su orgullo, se adelantó otra vez tras una combinación entre Alemao y Rafa Usín. Salvado el apuro, sacó el mazo y asestó otro tortazo a su rival antes del descanso con Torras como protagonista.
El arma de los rumanos era el juego de cinco y con ella fueron a muerte. Así salieron en el segundo periodo, pero España se encargó de rebajar su euforia con una defensa mucho más sólida y un Luis Amado muy inspirado. La selección, que circuló el balón con velocidad, perdonó el quinto y se volvió a ver sorprendida por una Rumanía con una calidad inesperada. Esta se vistió de la Roja y recortó distancias a quince minutos para el final. Cada gol rumano había sido respondido por España y en esta ocasión no fue menos. Una jugada de estrategia permitió a Aicardo marcar el quinto y con un robo de balón llegó el sexto de Torras. Lin, que está entre algodones, se unió a la fiesta con un golazo. Ortiz cerró la goleada con el octavo.