No se emocionó en el escenario, cuando le sacó el director invitado John Nelson para recibir el aplauso del público en el que sería su último concierto como regidor de la Sinfónica de Castilla y León. Dionisio Díez, un leonés que lleva 38 años en Valladolid añorando Babia, controló como el profesional que es la compostura. Cuando no le asistió la experiencia fue después. Le pidieron trasladar una marimba y funcionó el engaño. Acudió solícito a donde le esperaba la sorpresa, en la sala de palmeras estaban todos los músicos con los que ha convivido durante sus veinte años de trabajo.
A partir de ahora volverá al Auditorio Miguel Delibes a escuchar a 'su' Orquesta «en los conciertos que me sugiera Julito, el archivero, que son para mí». ¿Quién le iba a decir a este todoterreno que la mitad de su vida laboral la dedicaría a la música disco (Discoteca Atomium) y la otra mitad a la clásica?
«Cuando empecé no sabía nada». Comenzó en el Teatro Carrión. El regidor es el responsable de montar la Orquesta (sillas, atriles), recibir a directores y solistas y controlar la entrada y salida en los conciertos. El tope de un chelo, la distancia entre los violinistas o el montaje de la percusión son algunas de las invisibles e imprescindibles tareas para un concierto. Por eso Dionisio habla en primera persona del plural, ha sido parte de la Orquesta en los programas, en las giras. «Hicimos giras por Alemania, Suiza, Nueva York, Colombia, fueron para mí grandes experiencias».
700 kilos mueve un regidor –en los últimos años le acompañan dos ayudantes de producción–. Es el peso a transportar para 'montar un orquesta'. «Estas sillas que tenemos ahora pesan mucho y se averían a la mínima, y eso que son carísimas. Y los atriles son poco manejables», se queja quien ya no tendrá que moverlos más.
Ha abierto la puerta a Teresa Berganza, Cristóbal Halffter, Alicia de Larrocha, Renée Fleming, Angela Gheorghiu, Zubin Mehta, Rafael Frühbeck de Burgos... «han sido tantos... Me ha gustado mi trabajo, el trato con directores y solistas ha sido siempre bueno, tuve suerte porque caía bien. Con los músicos es otra cosa, hay más roces, pero en general he hecho muchos amigos», dice. Reconoce como maestro a Max Bragado, quien le enseñó los fundamentos de su trabajo. Y entre la familia musical nacional, Alicia de Larrocha «mi segunda madre, era muy cariñosa».
Los expresivos abrazos de Penderecki señorean dos décadas de recuerdos. A Teresa Berganza le pisó el vestido en la inauguración del Palacio de Congresos de Salamanca, pero la mezzo madrileña le disculpó divertida. Y la pasada temporada, al maestro Daniel Barenboim le tuvo que recordar la 'ley antitabaco' cuando le vio puro en boca, a lo que el argentino-israelí le respondió: «Haga lo que deba que yo seguiré fumando».
De la zarzuela a Gaynor
Menos carácter demostró Juan Diego Flórez en la estampida del Teatro Lope de Vega, cuando se desplomó el techo. «Me senté en la tercera fila a ver la grabación. El cascote cayó a dos asientos a mi derecha. Cuando quise darme cuenta de lo que pasaba el tenor había salido corriendo», cuenta Díez.
Durante 20 años ha hecho el mismo horario que los músicos, tanto en ensayos como en conciertos. En su memoria musical destaca Achúcarro –«con él estuvimos en el Carnegie Hall de Nueva York y luego ha tocado aquí»–, el programa de zarzuela del pasado 4 de enero y Gloria Gaynor. «Lo pasamos muy bien, todo el mundo acabó bailando». La cantante americana tiene un hueco especial en su pared de fotos, donde también posa con su paisano Odón Alonso y Larrocha. «Todo llegó a su fin, pero siempre estaré pendiente de la Orquesta. ¡Ojalá nos dure muchos años!». Ahora tiene pendiente la comida con los 'valencianos', los músicos a los que riñe porque hablan su lengua en la barra del CCMD.