Está ahí, pero no lo vemos. Esto es, al menos, lo que la razón nos impulsa a creer, y esperamos que la ciencia sea capaz de demostrar que no erramos en nuestra búsqueda. El Bosón de Higgs puede ser la respuesta, la llave que nos explique de dónde y cómo surge lo que nos rodea, esa prueba que convierte la hipótesis en ley y nos lleva a un nuevo nivel de conocimiento y con ello, a nuevas dudas.
El Bosón se configura como el último eslabón que queda por confirmar en el Modelo Estándar de Física de Partículas. Es la llave que da origen a la masa y, sin él, el mundo tal y como lo conocemos no sería posible.
Desconocer cuál es la razón que subyace tras el origen de la materia ha quitado el sueño a más de uno y sigue siendo un mar de incertidumbres en el que van encajando, como fichas de un puzle, las islas de conocimiento que unos y otros van descubriendo.
Encontrar el Bosón supondría la confirmación definitiva de que estamos en el buen camino. Descubrir que hemos errado nos llevaría a la necesidad de replantearnos el Modelo y volver a recorrer el camino. Pero no sería una derrota, sino el inicio de una nueva batalla. Una que empezamos hace mucho tiempo.
La búsqueda
El nacimiento del Bosón, como concepto, es el resultado de un razonamiento lógico. Los físicos habían conseguido diseñar un Modelo que explicara el comportamiento de las partículas elementales, pero quedaba por completar un aspecto: la forma en que adquieren su masa.
Fue así como, allá por los sesenta, Peter Higgs llegó a concebir la existencia de una fuerza presente en todo el Universo, responsable de la masa de las partículas, el “campo de Higgs”. Esta conclusión permitió dar un paso de gigante en el estudio de la física y completar el eslabón que faltaba en el Modelo Estándar de Física de Partículas.
Llegados a este punto, y dando por válida la hipótesis de Higgs, se hacía necesario demostrarla. Pero es aquí donde surge el gran conflicto. La forma de probar la existencia del campo era encontrar su partícula portadora (el Bosón de Higgs) y hacerlo sin conocer su masa resultaba, cuanto menos, muy complicado. Empezaba aquí, entonces, la auténtica búsqueda.
Para ello, la Organización Europea para la Investigación Nuclear o CERN (European Organization for Nuclear Research), se puso manos a la obra y apostó por utilizar el LHC (Gran Colisionador de Hadrones) para encontrar el Bosón.
Los últimos avances apuntan a que el descubrimiento tendrá lugar a lo largo de este año, aunque desde el CERN explican que resulta complicado acotar la masa de la partícula, puesto que su duración es extremadamente corta y se desintegra en muchas formas distintas.
Puede que este año nos deje la noticia de que el LCH no ha conseguido encontrar el Bosón de Higgs y que es necesario replantearse el Modelo de Física de Partículas. Pero también es posible que 2012 pase a nuestra historia como el año en el que la ciencia pudo encontrar esa a la que algunos llaman, en contra de los deseos del propio Higgs, la Partícula de Dios.