Una tarde de hace siete años, Ramiro Ruiz Medrano llegó a Valdestillas para inaugurar su polideportivo municipal. Le sorprendió que un gran lienzo tapara la parte superior de la fachada. Y preguntó por qué. Una sorpresa, le dijeron: «Debajo está tu nombre». Inmediatamente le cambió el gesto y pidió que no se destapase. Minutos después, tras agradecer el detalle del Ayuntamiento por querer "bautizar" el nuevo espacio con su nombre, declinó el honor y rogó que fuese un descendiente ilustre de la localidad quien ocupase en grandes letras la parte superior de la fachada del gimnasio.
Aquella anécdota es la muestra que mejor define al político que desde el lunes 16 de enero de 2012 ocupará el tercer puesto institucional de la comunidad autónoma como primer representante en la misma del Gobierno de España. Lo hace después de haber estado fugazmente siete meses) en un escaño de las Cortes regionales como vicepresidente primero de la Cámara y tras haber estado sentado en el primer sillón de la Diputación de Valladolid 17 años. Ninguno de sus rivales políticos en los últimos dos decenios, incluidos los de su partido (como decía Pio Cabanillas, hay adversarios, enemigos y compañeros de partido), saben pronunciar una mala palabra de este renediense de 53 años, casado y padre de dos hijos.
En Ruiz Medrano si algo no engaña es la mirada. Es de las más sinceras que circulan entre la clase política de Castilla y León. Como su mano tendida, auténtica tarjeta de visita que le ha granjeado fama de afable, comprensivo, dialogante y, sobre todo, humano, muy humano. Hasta sus adversarios políticos se hartan de resaltar estas cualidades. Y muy a flor de piel sale la vertiente que mejor puede descifrar el secreto en el que se sustenta este raro (para lo que circula por ahí) ADN político: es feliz. ¡Se declara feliz! Y eso que anímicamente es vulnerable. Quizá de los que más. «Pero seguro que sé asimilar las nuevas facetas políticas ante las que me ponga la vida», confesaba en junio pasado.
Pero, ¿y defectos? ¿No tiene defectos? Es imposible, puede pensar cualquiera. Pues a tenor de la cantidad de responsables de la oposición y de su partido a los que se ha preguntado para escribir estas líneas, no se le encuentran defectos visibles.
Lo que sí parece verdad es que su forma de vida y de actuar le han granjeado más simpatías que críticas. La última forma de ponerla de manifiesto fue el homenaje que en junio le rindieron más de 250 trabajadores de la Diputación de Valladolid. Cuando se lo plantearon, Ramiro Ruiz pidió que lo dejaran para después de las elecciones, que el cubierto (que se pagó de su bolsillo cada uno de los asistentes) no superase al de cualquier otro homenaje a un trabajador de la Diputación que se hubiese jubilado y que su conductor estos 17 años, Fernando, se sentase en su mesa.
El lunes 16 de enero, cuando jure el cargo de delegado del Gobierno en Castilla y León, se convertirá en el hombre que representará al Gobierno de Rajoy en Castilla y León. Y en el primer delegado del Gobierno –atentos a este detalle nada baladí- que es a la vez responsable de una estructura territorial de partido político (preside el PP de Valladolid).