elnortedecastilla.es
Miércoles, 22 octubre 2014
sol
Hoy 14 / 23 || Mañana 17 / 25 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
Villafrades, el pueblo que luchó para no morir ahogado

50 AÑOS DE LA MAYOR RIADA DEL SIGLO XIX

Villafrades, el pueblo que luchó para no morir ahogado

Los vecinos de la localidad terracampina pelearon varios días para contener la furia del río Sequillo

03.01.12 - 19:32 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
La aldaba que suena en mitad de la noche y una voz recia que, desde el otro lado de la puerta, anuncia con nerviosismo: «Severiano, toca las campanas que el río está a punto de desbordarse». Le avisaron de madrugada. Y Severiano, el sacristán del pueblo, salió de la cama, se levantó pitando a las cinco de la mañana de aquel 2 de enero de 1962, y corrió hacia la iglesia para que el revuelo de las campanas advirtiera del peligro a los cerca de 500 vecinos que, por aquel entonces, vivían en Villafrades (hoy 91 empadronados). Este fue el pueblo más afectado por la riada más importante del siglo XX (2 y 3 de enero de 1962), una localidad de Tierra de Campos que estuvo a punto de morir ahogada, si no fuera por la providencial intervención de sus habitantes, que durante días lucharon para contener la furia desatada del río Sequillo, que amenazaba con llevarse por delante sus casas, sus posesiones, sus vidas.
Gloria Pastor tenía entonces 12 años, pero recuerda aquellos primeros días de 1962 como si esta misma mañana hubiera desayunado con ellos. «Estaba durmiendo en casa de mi abuela Saturnina. Allí pasábamos la noche los niños y las mujeres de la familia. Era la parte más alta del pueblo y aquí nos habíamos venido casi todos porque era la más segura. Mientras, los hombres trabajaban para evitar que el agua avanzara». Lo hacían colocando barro en las puertas de las casas, para impedir que se inundaran, y sobre todo, abriendo la parva del río que daba a los campos de labor (y no al pueblo) para que el agua no invadiera las calles de la localidad.
Entre aquellas manos afanosas estaban las de Francisco Sánchez (hoy 88 años, el veterano de Villafrades), quien recuerda cómo todos los hombres y jóvenes del pueblo, armados con picos, palas y sacos terreros, intentaban controlar el Sequillo, desbordado por las lluvias de los últimos días... y por el mal estado de limpieza en el que se encontraban los puentes (uno a la altura de la N-610, otro sobre el arroyo Berruez) que hicieron tapón y se convirtieron en una presa que terminó por reventarse. «El agua se acercó al pueblo y destrozó casi la mitad de las casas», explica hoy el alcalde, Alfonso Gordaliza, mientras curiosea en una carpeta marrón extraída del archivo municipal. En ella se custodian los documentos que dan cuenta de una riada que pudo terminar en tragedia. 159 personas afectadas (afortunadamente, ninguna víctima), 47 viviendas hundidas (5 millones de pesetas, 30.000 euros, en pérdidas), 20 casas en ruinas, más de 415 hectáreas de trigo y cebada anegadas, numerosas calles destrozadas. Un infierno del que daba cuenta el alcalde de aquella época, Policarpo Giraldo, quien recogía el listado de daños que le pasaban los vecinos. Lo hacía, quizá, seguramente, en su propio hogar, porque no había Casa Consistorial donde trabajar. El Ayuntamiento fue uno de los edificios del pueblo que cedieron al paso de las aguas. Y también las casas del maestro, del cura y del médico. «Curiosamente los primeros en caer fueron los edificios más recientes del pueblo, los de nueva construcción», explica José María Gómez, entonces un niño, y uno de los muchos habitantes de Villafrades que se refugiaron en Villalón hasta que pasara lo peor.
Lo peor se descubriría cuando el agua volvió poco a poco a su cauce y Villafrades se destapaba como un auténtico lodazal, una colección de casas en ruinas con las que se topó José María Ramos el día que volvió a su pueblo. «Yo estaba haciendo la mili en Madrid y me avisaron allí de la situación. Así que pedí el permiso a los superiores para venir a echar una mano. Cuando me bajé del tren (el tren burra) y vine andando desde la estación estuve a punto de echarme a llorar. Había barro por todas partes, los edificios estaban caídos. Aquello parecía la guerra», explica. No fue al único al que la riada le pilló fuera de casa. Tan cerca de la Navidad y el Año Nuevo, muchos vecinos de Villafrades se encontraban en Madrid o con sus carros por los pueblos de Castilla, vendiendo el afamado queso de una localidad que tuvo que proteger a su ganado «soltándolo a las eras, lejos del pueblo, en la parte más alta, para que los animales no murieran ahogados por la riada».
Amenaza
Hoy, cuando se cumplen 50 años de aquella tragedia, el recuerdo de la riada todavía golpea en la memoria y llena las conversaciones de los vecinos de Villafrades. «Para muchos el río es aún una amenaza permanente y cada vez que llueve mucho o que el río baja un poco más crecido, recuerdan aquellos días», explica el alcalde, Alfonso Gordaliza, quien añade que la situación del pueblo, por debajo del nivel del río, tampoco ayuda mucho. Pero es que el emplazamiento actual también tiene historia, ya que originariamente, Villafrades estaba situado a unos pocos kilómetros, en un punto más elevado. Sin embargo, aquel núcleo original fue quemado y arrasado por el cardenal Ximenez de Cisneros en mayo de 1517 como venganza ante el escaso apoyo de la localidad a su causa. Los pobladores decidieron entonces trasladarse al otro lado del Sequillo, junto a un pequeño monasterio, en los terrenos que hoy ocupa el pueblo que hace medio siglo volvió a nacer gracias al tesón de sus vecinos, que unieron fuerzas para evitar que el agua inundara su futuro.
En Tuenti
Villafrades, el pueblo que luchó para no morir ahogado
El alcalde, Alfonso Gordaliza, ojea un periódico de la época junto con José María Ramos, Gloria Pastor y José María Gómez, vecinos de Villafrades / Fran Jiménez
El Norte de Castilla

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.