La de Miguel de Unamuno (Bilbao 1864-Salamanca 1936) no es una figura que pase desapercibida. No lo hizo en su tiempo, ni lo hace 75 años después de su muerte. Hoy en día no sólo es recordado como el gran pensador, escritor y político que fue, sino también como un ‘Don Quijote’ que no dudó en posicionarse y luchar contra lo que creía que era una causa justa. Con el paso de los años y al igual que el personaje cervantino, don Miguel de Unamuno también tiene sus propias novelas de ficción, porque se ha convertido en un “mito” para la literatura europea. Desde Salamanca, lugar donde vivió la mayor parte de su vida y donde falleció un 31 de diciembre, se rememora la gran dimensión de una figura irrepetible de la que en este 2012 se conmemora el 75 aniversario de su muerte.
El filósofo que quería educar al pueblo
De entre todas las facetas que describen a Unamuno, para el profesor de Filosofía de la Universidad de Salamanca Cirilo Flórez Miguel, la de filósofo es “la primera de todas ellas”, ya que desde sus inicios como pensador, cuando vivía en Bilbao, lo importante para él fue “crear sistemas filosóficos”. Después, al llegar a Salamanca, convirtió su filosofía en escritura, porque su objetivo era “interpretar el mundo desde el lenguaje”.
Cirilo Flórez destaca que su objetivo era “intentar educar al pueblo” desde una posición personal que consideraba la adecuada, y de ahí que interviniera siempre con un “afán” de crear opinión y educar”. Es por eso que Unamuno fue “un gran educador, desde el punto de vista político”.
Al igual que en otras muchas materias que tienen que ver con su producción, el legado que para los filósofos dejó Unamuno está “muy al tanto de su momento histórico, de lo que vivió, porque estaba en contacto con las corrientes más características de su época”. Flórez considera que adoptaba una posición hermenéutica o pragmática y utilizaba la filosofía como “un instrumento para cambiar el mundo, para cambiar al hombre”. Este experto resalta la importancia que Castilla y León tuvo para su obra, por ser también parte de su vida. Su trabajo, añade, es “inseparable” de Salamanca, por “el uso” que hizo de la ciudad.
El intelectual moderno
Y es que la Salamanca del primer tercio del siglo XX es, a juicio del catedrático de Historia Contemporánea Mariano Esteban de Vega, “la Salamanca de Unamuno”. Cuando el intelectual vasco llegó a la institución académica, ésta no estaba en una situación “muy floreciente”, sino que atravesaba una etapa “crítica” que provocó casi su desaparición: sólo había dos facultades oficiales -Ciencias y Medicina-, no tenía personajes relevantes, el nivel del profesorado era “mediocre” y el número de estudiantes “muy reducido”. Sin embargo, destaca De Vega, Unamuno la coloca “en un lugar de privilegio, dentro del ámbito español”, no por su obra filosófica en sí, sino porque ejerció el papel de intelectual moderno “que nadie había ejercido hasta el momento en la ciudad”.
Esteban de Vega recuerda que esta acepción describía a un personaje que “opinaba de todo y salía a la luz pública para mostrar su actitud de manera constante”. Ésta fue una faceta que adoptó el pensador bilbaíno “desde muy pronto, desde Salamanca y con notoriedad”. En opinión de este experto, Unamuno se sirvió de la ciudad para convertirla en “una cierta metáfora de sí mismo”, hasta el punto de que “no se concibe Salamanca sin Unamuno, ni tampoco Unamuno sin Salamanca”.
Sin embargo, en su época no fue “un personaje indiscutido y, por su excepcionalidad, no era particularmente querido” en determinados entornos, aunque explica que tampoco lo pretendía. Esteban de Vega cree, incluso, que si el nombramiento de rector se hubiera hecho por elección en vez de decidirse desde fuera de la institución, quizá no hubiera ocupado el sillón rectoral.
Para este catedrático, el momento de mayor “sintonía” de Unamuno con la ciudad se produjo cuando el 14 de abril de 1931 proclamó la República desde el balcón del Ayuntamiento en la Plaza Mayor, donde pronunció un discurso en el que puso de manifiesto su imbricación con la ciudad en la que habían nacido sus nueve hijos y cuyas palabras finalizaron con una “apoteosis” pública.
Personaje de ficción
A todas estas facetas sobre el ex rector, el catedrático de Italiano de la Universidad de Salamanca, Vicente González, suma una tan novedosa como excepcional y pintoresca: “Unamuno como personaje de ficción”. Y es que su importante proyección internacional le ha convertido en protagonista de novelas escritas fuera del país.
En la mitología literaria, añade González, Miguel de Unamuno “se ha convertido en un Don Quijote” que libra batallas en las novelas de ficción de autores italianos, como Raffaele Nigro, Romana Petri e incluso del escritor austriaco Egyd Gstättner, entre otros.
En la obra de Nigro ‘Viaje a Salamanca’, el escritor tiene el papel protagonista en una metáfora literaria sobre la permanencia de la literatura frente a los medios de comunicación, el valor de la palabra “tranquila” en contraposición a la rapidez o la urgencia. En esa historia, la capital del Tormes se presenta como la única ciudad del mundo capaz de hacer “renacer” la literatura.
Por su parte, Petri narra en las páginas de ‘Dagoberto Babilonio. Un Destino’ el periplo de un inmigrante latinoamericano que llega a España a través de Portugal, durante la Guerra Civil, y a través de un viaje en tren pasa por Salamanca. Durante ese trayecto habla con alguien, que resulta ser el pensador vasco.
En cuanto a la novela de Gstättner ‘Horror Vacui. Die spanischen Dörfer des Don Miguel de Unamuno’, el experto considera que ofrece una visión “muy interesante” de su figura, narrada a través de un personaje que llega a Salamanca para conocer más al escritor, hasta que le da un infarto. En ese momento se imagina que encuentra su tumba y se inicia el recorrido por la historia.
Después de cerca de 40 años dedicado al estudio del pensador bilbaíno, González confiesa que es una “figura” que le persigue y sobre la que ya se cae en un “cierto maniqueísmo”, de ahí su interés por la búsqueda de nuevos aspectos que le redefinan. Y en su opinión, éste en concreto, como protagonista de ficción, “le hubiera encantado” al propio Miguel de Unamuno.
Un hombre comprometido
Para don Miguel, como se le conocía en aquella Salamanca de principios de siglo, no era suficiente trascender desde la literatura, el pensamiento o la docencia. Su inquietud vital le llevó a comprometerse con la ciudad que le había acogido cuando consiguió la cátedra de Griego en la Universidad, hasta el punto de integrar en varias ocasiones las listas al Ayuntamiento de Salamanca. Así, fue concejal en dos periodos diferentes hasta que el 13 de octubre de 1936, reunida de forma secreta la corporación municipal, le fue retirada el acta. Sucedió 24 horas después del incidente con Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca.
Tuvieron que pasar 75 años para que otro Ayuntamiento capitalino le restituyera los honores como representante público de los que fue injustamente desposeído. El consenso entre PP y PSOE en un pleno municipal hizo posible parafrasear de forma simbólica las palabras del literato cuando afirmó que los seres humanos “son más padres de su provenir que hijos de su pasado”. “Animaba a construir el futuro”, recuerda el actual alcalde de la ciudad, Alfonso Fernández Mañueco, para el que Salamanca ha de ser “una ciudad de concordia” capaz de demostrar que en su espíritu ha germinado el poso dejado por aquellos que han pasado por sus aulas y paseado por sus calles. La frase, estima Fernández Mañueco, es la representación del sacrificio por los demás que no abandonó a Miguel de Unamuno hasta su muerte.