
Los cofrades desfilan ataviados con sus propias mortajas durante la procesión del Santo Entierro de Bercianos de Aliste. FUENTE: JAVIPE
Como cada Viernes Santo desde hace casi cinco siglos, los cofrades de Bercianos de Aliste vistieron sus mortajas y sus capas pardas para despedir a Jesucristo en el día de su muerte. Pero esta ocasión fue diferente. Porque ahora, la cofradía de la Santa Cruz de Bercianos de Aliste, que es como se llama la hermandad de la que forman parte prácticamente todos los vecinos de esta pequeña localidad zamorana, quiere no sólo celebrar la Pasión con ese recogimiento y devoción que la caracteriza, sino también recibir algún reconocimiento institucional que asegure el futuro de una de las Semanas Santas más llamativas de Castilla y León.
A las 16.30 horas y bajo una fina lluvia salían los cofrades de la iglesia de San Mamés para, entonando el 'Perdón, Oh Dios Mío', congregarse en la plaza detrás del templo junto a las figuras del Cristo Crucificado y la Virgen La Dolorosa. Comenzaba entonces el Sermón del Descendimiento a cargo del vicario general de la Diócesis de Zamora, don Juan Luis Martín Barrios, quien habló de la debilidad humana y el significado de la Cruz e incluso hizo referencia a las recientes críticas hacia la Iglesia asegurando que “al final brillará la verdad”. Ya no llovía, y dos sacerdotes pudieron descolgar sin problemas la figura de Cristo, primero el letrero, luego la corona, a continuación la mano derecha, la izquierda y finalmente los pies. Una vez lo presentaron a su madre, depositaron al Crucificado en la urna donde permanecerá hasta el próximo Viernes Santo.
Así, pasadas las cinco de la tarde comenzaba la procesión del Santo Entierro, encabezada por la juventud del pueblo que llevaba consigo los dos estandartes conocidos como Pendones. Les seguían unos ochenta cofrades vestidos con la sencilla mortaja blanca con la que algún día serán enterrados, entre los que se incluía un niño pequeño, y que acompañaban la urna de Cristo hacia el Calvario. Tras ellos, cofrades con capa parda -reservada para los mayores y los 'novatos'-, y las mozas del pueblo cargando la Virgen. La procesión la cerraban los sacerdotes y el resto de vecinos de Bercianos, así como numerosos turistas.
Hacía frío y llovía a ratos, pero el mal tiempo no impidió que los cofrades llevaran a su Cristo al Calvario, le cantaran a sus Cinco Llagas, y luego regresaran a la iglesia con paso lento, ni tampoco que los cientos de curiosos que se habían acercado a este pueblo a orillas del río Aliste siguieran la procesión en todo su recorrido. Porque si algo define el Viernes Santo en Bercianos, es el fervor.