"Para los que aprendimos a leer y escribir con
Delibes es un día difícil". Lo dijo al borde de la lágrima la diputada popular Soraya Sáenz de Santamaría al despedir a su paisano y agradecerle su magisterio. Lo repite la periodista y escritora Nativel Preciado, que descubrió la literatura con 'La sombra del ciprés es alargada', o la vicepresidenta De la Vega, que incorporó a Delibes a su bagaje cultural "casi en la infancia". Pertenecen las generaciones muy distintas pero con un denominado común: amar la literatura a través de Delibes. Conocen y admiran una obra que el propio Delibes resumió como un reflejo de sus cuatro puntos cardinales: "la muerte, la infancia, el prójimo, y la naturaleza".
Una obra construida con su palabra exacta, desnuda, límpida ayuna de artificio.
Una lengua que Delibes aprehendió de las gentes de Castilla, que escribió como la hablaban los campesinos, y que regaló a sus lectores en sus artículos, libros y novelas. Unos libros que colmaban de nuevo el viernes de nuevo los escaparates de la Valladolid de don Miguel, que volvieron a agotarse, y que se leen, estudian y comentan sin descanso en colegios, institutos y universidades de todo el orbe hispano.
"Siempre tuvieron alta demanda y desde ayer vuelven a pedirlos todos lectores y estudiantes" explica Charo Vergaz, librera vallisoletana al frente de 'Rayuela', que ha puesto en sus anaqueles medio siglo de lectura del patriarca de las letras españolas. "'Los Santos Inocentes' y 'El hereje' es lo que más me piden, pero también 'Camino'. 'La sombra del ciprés es alargada' y 'Señora de rojo sobre fondo gris'" explica Charo que prefiere "al primer Delibes ".
Miguel Sánchez, librero de 'Sandoval', preparó otra 'mesa Delibes ' con la totalidad de su obra. "No es por afán de vender, sino para rendirle homenaje y contribuir a la difusión de una obra extraordinaria", dice. Atestigua su intención la gran foto de Delibes que preside su establecimiento, cerca de Kafka y junto a las de otras glorias locales como Martín Garzo y Jiménez Lozano.
En 'Oletvm', Estrella García recuerda el 'boom' que supuso la aparición de 'El hereje', "la novela más vendedora de Delibes cuando se publicó y ahora". Como sus colegas, dice que " Delibes ha escrito el mejor castellano" pero valora también que fuera la avanzadilla del ecologismo y nos enseñara a amar el campo allá por los años sesenta". Manuel Cambronero, al frente de 'Margen', se ufana de la amistad de Delibes que cultivó "y de haber proporcionado toda su obra a varias generaciones". Muy tocado por la pérdida del amigo "que mejor castellano ha escrito en el siglo XX", de su librería salieron la veintena de títulos de Delibes dispuesto ante los libros de condolencia de la capilla ardiente.
Unos libros que están en lo currículos de Primaria y de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), que se leen y se seguirán leyendo en colegios, institutos y universidades de todas España, muchos de ellos, por cierto, llamados Miguel Delibes, y en centros docentes de todos los confines.
En ellos los lectores adolescentes y universitarios de ayer y hoy aprenden de los cuatro pilares sobre los que el propio Delibes asentó su obra: "la muerte, la infancia, el sentido del prójimo y la naturaleza" como gustaba repetir
Así se lo explica Ángeles a los alumnos de sexto de primaria en el colegio Miguel Delibes de Valladolid, unos de tantos -en Burgos, en Madrid, en Parla..- en cuyas aulas se escucha estos días la palabra exacta del maestro. Esta vez en voces adolescentes que se aproximan de la manos de su profesora a al obra del autor que denomina su colegio. Leyeron el viernes pasajes de 'El príncipe destronado' pero hay alumnos, como Carlos, orgulloso de haber leído por su cuenta 'Los santos inocentes' y de habar visto la peli "muy triste pero muy buena".
Dolores Marín es la directora del centro y explica que cada curso se aborda en profundidad la obra de Delibes deteniéndose en esos cuatro pilares a los que siempre se refirió el escritor.
La muerte
"Desde que tengo uso de razón, me sirve para pensar en la muerte", repitió un Delibes obsesionado desde la infancia con la posible muerte de su padre y que llevó esta reflexión a libros como '
La sombra del ciprés es alargada', o '
La hoja roja'. También en '
Las guerras de nuestros antepasados' y a través de Pacífico Pérez, un análisis sobre la violencia y las pesadas herencias de la guerra. "El odio es toda la novela, el abuelo y el bisabuelo tuvieron sus guerra y están esperando la del hijo, y si no llegan tendrá una gran decepción" explicó el propio Delibes
La infancia
"La infancia es la etapa de la vida que merece la pena de ser vivida" dijo el autor de Libros como '
El príncipe destronado' o '
Mi idolatrado hijo Sisí' en los que habla a través de la experiencia de quien fue padre de siete criaturas. El pequeño Pedro es el protagonista de '
La sombra del ciprés es alargada' y donde se casan infancia y muerte. "No me gustan los cipreses son árboles tristes. Hasta esos frutos secos que dan parecen cagarrutas y las sombra alargada de ese no se sabe qué señala" explica el crío.
Los otros
La pasión más real de Delibes son los otros "el prójimo".
Cipriano Salcedo es el hereje de su última novela, en la que Delibes se interesa de nuevo por el diferente, pro el distinto, por el prójimo, por 'otro' perdedor que recrea medio siglo después de Pedro, el niño que huía de la sombra alargada del ciprés. "Es mi novela más compleja, más trabajada, la que me exigió más preparación y la que me costó tres año en lugar de la tres semanas del '
El camino'".
Salcedo es un ser desvalido como tantos de sus memorables personajes, el Nini de '
Las ratas', el Eloy de '
La hoja roja', la Carmen de '
Cinco horas con Mario', el Pacifico Pérez de '
Las guerras de nuestros antepasados', Daniel 'el mochuelo', Paco 'el bajo' y el inefable Azarías de la milana bonita en 'Los santos inocentes'. "Los amigo me dicen con la mejor voluntad que conserve la cabeza, pero ¿qué cabeza debo conservar? ¿La mía o la del viejo Eloy, la Pacífico Pérez, la de Menchu Sotillo, la de Cayo Fernández, la de Mario, la de Azarías?" se peguntó el propio Delibes al recoger el Cervantes.
La naturaleza y el paisaje castellano
"Castilla es una presencia constante en mi obra. Crezco donde me plantan y si un día me alejaran de Castilla, no acertaría a vivir" declaró un Delibes agradecido al habla de las gentes de campo que amó y estudió. '
Las ratas' e '
Viejas historias de Castilla la Vieja' son fruto de esta observación entomológica de la lengua.
"He enseñado el buen castellano que he cogido de gorra. Le debo un reconocimiento a la ciudad que me lo ha enseñado" dijo. "Escribo con el oído. Jamás he escrito con la nariz" reconoció "El ruralismo, como lo entendíamos a en los pueblos de trigo y cebada pasó a la historia en el momento en que la televisión sustituyó al abuelo al que los nietos escuchaban boquiabiertos, que no tiene nada que contra y mira a la televisión", lamentó
También enseñan los profesores que Delibes fue un ecologista antes de que supiéramos el significado de la palabra. "Ya se advirtió en su discurso de ingreso en la Real Academia en 1975 -recuerda el vicedirector José Antonio Pascual- cuando Delibes nos dijo que si queríamos sobrevivir, tendríamos que ser respetuosos con la naturaleza.
"Llegué al campo a través del escopeta y de la caña, cambiando impresiones con los pueblerinos y yendo de caza con mi padre de morralero" explico el conservacionista y cazador de palabras autor de "Diario de un cazador" - "mi única novela optimista"- en que habla a través de Lorenzo su alter ego con el completó trilogía con 'Diario de un emigrante' y 'Diario de un jubilado".