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Periodista

Comenzó haciendo caricaturas que firmaba con el acrónimo de MAX y acabó dirigiendo el periódico. MAX, eran las iniciales de Miguel, Ángeles y la x del incierto futuro. Finalmente la incógnita se resolvió a favor del periodismo y de este diario al que modernizó con iniciativas que tienen su continuidad hoy

12.03.10 - 09:47 -
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La ‘x’ se resolvió a favor del periodismo y su principal beneficiario fue este periódico. Delibes entró en la prensa por la puerta del dibujo, firmando sus caricaturas como MAX, suma de las iniciales de Miguel, Ángeles, su novia, y X, la incógnita de su futuro juntos. Tenía 21 años y preparaba su tesis para ser catedrático de la Escuela de Comercio, como lo fuera su padre. No cabía el periodismo vocacional en los años cuarenta. Para Delibes, como para la mayor parte de los nueve ‘plumillas’ que formaban la redacción de EL NORTE, era un segundo oficio que completaba los ingresos familiares.
Pese al pluriempleo y a la condición de ‘coprotagonista’, el Delibes periodista dejó un reseñable legado en la historia nacional de este género. Dar una dimensión regional al diario, abrir la edición de Palencia, formar una incipiente red de corresponsales internacionales, promocionar la incorporación de plumas que dieran identidad a la cabecera, parcelar el periódico en secciones, concebir una ‘sala de cultura’ que acercara el periódico a la ciudad o lanzar un suplemento de letras y otro de un tema fundamental para la economía regional, la agricultura, fueron algunas de sus iniciativas.
El que llegara a dirigir este periódico comenzó con caricaturas que ilustraban entrevistas y partidos de fútbol. Colaborador desde 1941, año en el que EL NORTE pierde el subtítulo de ‘diario independiente’ por orden de la Delegación Nacional de Prensa, le hacen su primer contrato de ‘redactor de segunda’ en 1944. Tiene el número 1.176 en el Registro Oficial de Periodistas, requisito indispensable para ejercer en la España de la posguerra. A los dibujos les suceden las críticas cinematográficas que, determinadas por la inmediatez –se publicaban al día siguiente del estreno–, glosan el argumento de manera breve.
Afán didáctico
Un año después hace labores de editorialista. A su vez gana la cátedra de Legislación Mercantil Española y se queda en la Escuela de Comercio. Delibes se levanta profesor y se acuesta periodista, labor que ejerce desde las siete de la tarde hasta la una y media de la madrugada.
A partir de 1946, «los sueltos, necrológicas o informaciones de calle» dan paso a artículos largos más cuidados. En su viaje de novios inicia las ‘Meditaciones de un solitario’, una serie de artículos calificada por su autor de «veleidades literarias». También cultiva la crítica literaria aunque «siempre tuvo conciencia de escribir para un público amplio y se veía a sí mismo como hombre de pocas lecturas y sin pretensiones intelectuales», explica José Francisco Sánchez, glosador de la dimensión periodística de este escritor. Admirador de Pla, le guiaba más el afán didáctico y orientador respecto a los lectores más que la expresión de un juicio de ínfulas académicas.
En 1947 el premio Nadal le abre las puertas para colaborar en otros medios. El Real Valladolid asciende a primera y enviará crónicas de los partidos a ‘Vida deportiva’, de Barcelona. Revistas como ‘Destino’, ‘Ateneo’, ‘Cuadernos hispanoamericanos’ entrenarán su pluma literaria.
En 1950 una amenaza de tuberculosis le obliga a guardar tres meses de reposo. A su vuelta, curiosamente el 23 de abril le dan la sección ‘Los libros’. El Delibes periodista crece y es reconocido por sus compañeros pero sus primos, los Alba que están en Consejo de Administración, muestran ciertas reticencias.
A pesar de ellas, en 1953 es nombrado subdirector, cargo que le permite de paso ser redactor de primera. Siempre a merced de las relaciones entre los Alba, los Royo-Villanova y los Altés, el tándem que formaba con Fernando Altés, bajo la dirección de Juan Aparicio, elevó notablemente la calidad del diario.
Los artículos de Delibes son respondidos con amonestaciones desde Madrid. Irritaba a las autoridades nacionales letras tales como las que dedicó a Diego Rivera, que para la España de entonces, era comunista antes que pintor. Son años del Premio Nacional por ‘Diario de un cazador’, de su primer viaje por América del Sur retratado en sus crónicas, de los primeros peldaños hacia la dirección y de los artículos mensuales a la agencia Serco. En 1958 se convierte en director interino, situación que se prorrogará durante dos años y medio.
Ese mismo año inicia la campaña ‘Castilla tiene sed’ y en 1959 otra para reconstruir la Casa Colón de Valladolid. «Delibes entiende que el diario es el portavoz desde hace más de un siglo de los intereses agrarios castellanos y no puede permanecer indiferente ante la tragedia que se cierne sobre la región», escribe César Alonso de los Ríos, unas de las jóvenes plumas entonces por las que apostaría el escritor vallisoletano.
Pisar la raya
Las relaciones con la Delegación de Prensa nunca fueron buenas pero la sombra de este organismo planea sobre EL NORTE de manera atosigante. El olvido de destacar la onomástica de Franco va seguido de una orden para poner fin a las crónicas de Rusia y sus países satélites o las que informaban sobre la princesa Soraya. La escalada de la censura llega a consignas tales como la reseñada por Alonso de los Ríos; «Ante la posible contingencia del fallecimiento de Ortega y Gasset y en el supuesto de que así ocurra, ese diario dará la noticia con una titulación máxima de dos columnas y la inclusión de un solo artículo encomiástico, sin olvidar en él los errores religiosos y políticos del mismo y, en todo caso, eliminando siempre la denominación de ‘maestro’», advierte la Delegación a EL NORTE.
Tras diseñar las secciones en los cincuenta, Delibes se centra a comienzo de los sesenta en la orientación informativa, en la línea editorial y en buscar nuevos colaboradores. Lanza el primer suplemento de Navidad y una novela por entregas.
Un enfrentamiento con ‘Abc’ –era miembro del jurado de un premio que fallaron por unanimidad sin su voto– y una amonestación por el artículo de Jiménez Lozano titulado ‘Los curas molestan’, que provocaría la obligatoria revisión de sus trabajos por Martín Descalzo, le llevan al retiro para curarse una depresión. Altés recava el apoyo del Consejo pero no parece suficiente para sacar de su triste ensimismamiento al ya director que había abandonado su escritura periodística por las labores de gestión y cuyo tiempo se consumía en gran parte en el enfrentamiento con Madrid o el intento de zafarse de él.
Le queda ilusión para proponer la Sala de Cultura del periódico, de encargar un dominical y de escribir en su sección, ‘El caballo de Troya’. Incorpora a la redacción a Jiménez Lozano, que entonces dirigía la librería Lara. Ayuda a Umbral, una de sus apuestas que quiere irse a Madrid, libera a César Alonso de los Ríos de la cárcel y aprueba la paga extraordinaria de Navidad para la plantilla.
Su campaña ‘Plan Tierra de Campos’ se corresponde con novelas rurales como ‘Las ratas’, «donde cuenta lo que no puede escribir en su diario», apunta Sánchez. Per
o su tesón en la denuncia de la situación agraria le llevan hasta el despacho del ministro de Obras Públicas quien con más amabilidad que diligencia, se interesa por lo que aquel escritor contaba. Se desfonda en ese empeño y con la subida del precio del trigo, elige un segundo plano desde la subdirección.
A pesar de ‘olvidar’ comunicar a la Delegación sus ausencias por viajes, sigue saliendo. Respaldado por el Consejo recupera la dirección en 1963 y pasa a ser delegado de aquel en la Redacción, puente entre la empresa y los trabajadores. Dos frentes informativos determinarán esta vuelta: el Concilio Vaticano II y la campaña agraria. Hace verónicas a la censura con la política de «pisar la raya sin saltarla» y EL NORTE recupera la palabra ‘independiente’ para su cabecera. Viaja a Estados Unidos en 1964 para impartir unos cursos durante tres meses y a su vuelta inaugura la Sala de Cultura con una conferencia de Julián Marías. La segunda, que debía correr a cargo de Gironella, es suspendida por el Gobernador Civil. La obra cultural de EL NORTE continúa con sus propuestas de ‘Los martes de El Norte’, inaugurada por Emilio Salcedo, y un cine-club.
Las peleas con los Alba, con Fraga y el franquismo pesan demasiado en el Delibes periodista que decide abandonar y pasa a ser ‘asesor altamente cualificado’ en 1968 desde el Consejo de Administración.
Delibes recoge estas experiencias en su ensayo ‘La censura de prensa en los años cuarenta’ y auguró que «habrá apertura en la medida en que se informe más y mejor». De los Ríos definió la carrera periodística de Delibes como «marcada por la confrontación con el poder, con el autoritarismo y contra las falsas apariencias de aperturismo».
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