Cerca de cuatrocientas personas se manifestaron esta tarde por las calles de la capital vallisoletana, con motivo del Día Internacional de la Mujer, secundando así la convocatoria realizada por la Coordinadora de Mujeres de Valladolid y para denunciar la discriminación que el colectivo, especialmente la mujer inmigrante, sufre en el ámbito laboral y que se ha visto acrecentada debido a la grave situación de crisis económica.
Bajo el lema 'Nativa y extranjera, la misma clase obrera', como así rezaba precisamente la pancarta que abría la manifestación, los participantes en la marcha, que se inició en la Plaza de Fuente Dorada a las 20.00 horas y finalizó en el mismo escenario tras recorrer distintas calles del entorno, corearon consignas en favor de los derechos de la mujer al son de la dulzaina y el tamboril desafiando así al intenso frío reinante.
La movilización, a la que se sumaron otras pancartas con los lemas 'Por la prevención de riesgos patriarcales', 'El mismo valor, el mismo trabajo' o 'La revolución será feminista o no será', contó también con la participación, entre otros, del subdelegado del Gobierno, Cecilio Vadillo, así como del coordinador de IU en Castilla y León, José María González, y del secretario de CC.OO. en la Comunidad, Angel Hernández.
Entre ellos, Mauri García Vecino, de la Coordinadora de Mujeres de Valladolid, en declaraciones recogidas por Europa Press, resaltó que la convocatoria de este año se ha centrado, especialmente, en el colectivo de la mujer inmigrante, al ser éste "el que más discriminado se encuentra y que, por regla general, es el que se ocupa de servicios que no quieren las nacionales, como dedicarse al cuidado de los mayores".
En este sentido, la portavoz del colectivo, quien confesó sentirse plenamente identificada con ellas, en alusión a que vivió en la década de los 60 una situación similar cuando emigró a Francia y tuvo que ganarse de la vida de la misma forma, reconoció que en los últimos años "se ha avanzado mucho" pero advirtió de que "aún queda mucho camino por recorrer", sobre todo, según dijo, a la hora de mejorar la Ley de Extranjería.
Desprotecció social
La manifestación concluyó en el mismo punto de partida, donde Esmeralda Vadillo, una venezolana inmigrante, dio lectura a un comunicado en el que denunció que la crisis económica ha acentuado las diferencias en la protección social de la mujer extranjera, en cuanto a que su salario es notablemente inferior a que perciben los hombres o las nacionales, lo que igualmente se traduce en menores prestaciones por desempleo, jubilación e indemnización.
La encargada de leer el manifiesto recordó además que la mujer inmigrante tiene acotado su ámbito laboral al sector servicios, principalmente la hostelería y el trabajo doméstico, y que sus empleos se caracterizan por su precariedad, falta de regulación, invisibilidad y desprestigio social, al tiempo que denunció que la situación se agrava cuando la mujer carece de permiso de residencia, lo que la convierte en presa fácil de redes de explotación sexual.
Frente a ello, Esmeralda Vadillo reclamó, entre otras mejoras, una revisión de las políticas de migración, campañas de sensibilización y concienciación para prevenir actitudes de racismo o xenofobia y Planes Locales de Inmigración que contenga medidas de acogida, seguimiento y apoyo especializado, para concluir haciendo suya la frase de la escritora Virginia Woolf: "Como mujer no tengo patria, como mujer no quiero patria, mi patria es el mundo entero".