Con el reciente cese de su uso industrial, para el que fue concebido hace 48 años, el edificio de la 'choricera' parece haber adquirido una nueva dimensión, la de su valor como icono arquitectónico del movimiento moderno no sólo de Segovia y Castilla y León, sino de España.
Si hace apenas una semana el Colegio de Arquitectos informaba de su inclusión, con categoría de interés nacional, en el registro de la Fundación Documentación y Conservación del Movimiento Moderno (Docomomo) y anunciaba que solicitaría su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), la Cámara de Comercio anunció ayer que, de la mano de los arquitectos segovianos, presentará dicha solicitud a la Junta de Castilla y León, así como la inclusión del inmueble, ante el Ayuntamiento, en el catálogo del Patrimonio Cultural del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Segovia.
El presidente de la Cámara, Jesús Postigo, nieto del empresario que puso en marcha la fábrica de embutidos situada a la entrada de Segovia desde Madrid, explicó que una comisión conjunta con el Colegio de Arquitectos será la encargada de abordar la memoria técnica que avale la solicitud de BIC, que se formalizará el próximo mes ante la Comisión Territorial de Patrimonio.
Igualmente, ambas entidades promoverán un debate social sobre el futuro de este emblemático edificio de los arquitectos Francisco de Inza Campos y Heliodoro Dols Morell, que fue Premio Nacional de Arquitectura en 1963. Aunque el esbozo sobre el papel que debe desempeñar en el futuro ya lo tienen claro. Postigo indicó que la 'choricera' debería convertirse en un contenedor cultural y empresarial para, junto al Círculo de las Artes y la Tecnología (CAT), que se proyecta muy próximo, y la estación de la línea de alta velocidad, conformar los ejes del importante desarrollo urbano que se vislumbra al oeste de la ciudad.
Motor de renovación urbana
En este sentido, desde la Cámara se recuerda la tendencia existente en Europa y en las zonas de mayor concentración industrial de preservar el patrimonio industrial y convertir viejos complejos fabriles de gran personalidad arquitectónica en motores de renovación urbana de barrios degradados o en catalizadores de nuevas áreas metropolitanas.
La protección que se reclama afectaría únicamente a la primera fase la fábrica, al conjunto de edificios construidos entre 1963 y 1965, porque la ampliación llevada a cabo entre 1971 y 1974 ya no atesora la «filosofía rompedora» del primero ni sigue las pautas en cuanto a diseño y técnicas constructivas del mismo, según explicó Postigo. Las dos torres, de tres y seis pisos, de la primera fase, que suma más de 70.000 metros cuadrados construidos, conforman desde hace 48 años el perfil de Segovia desde la entrada desde Madrid, siendo un elemento característico asociado a la ciudad en la memoria de muchísimas generaciones de segovianos y visitantes.
Inventariado y catalogado
En este sentido, desde la Cámara se entiende que, por su personalidad arquitectónica, su ubicación y sus dimensiones , el edificio «está llamado a ser un revulsivo en el nuevo barrio segoviano del entorno de la estación del Ave». Pero el primer paso para ello es que cuente con alguna figura de protección que garantice su supervivencia, para lo que la Cámara ya ha entablado conversaciones con la Junta y el Ayuntamiento, que se muestran receptivos a la iniciativa.
Postigo explicó que el edificio fue excluido del inventario del patrimonio industrial realizado por la entidad en el año 2005 para no interferir en la complicada situación por la que pasaban Alimentos Refrigerados, propietaria del inmueble y Primayor Elaborados, la última sociedad que ha fabricado en e las de alimentos cárnicos, frescos y curados, derivados del cerdo.
No obstante, habida cuenta del reciente cierre de la fábrica, tras declararse la sociedad en concurso de acreedores -junto al resto de empresas del grupo Proinserga- y ejecutarse dos expedientes de regulación de empleo que mandaron a su casa a más de doscientos trabajadores, la prudencia empleada entonces carece de sentido.
Por eso, el Pleno de la Cámara tomó el lunes el acuerdo de incluir a la 'choricera' en dicho inventario. El edifico figura también en el registro del Docomomos Ibérico, con sede en Barcelona, una extensión de la fundación del mismo nombre creada en París. Ha sido catalogado como de interés nacional, que es la máxima categoría, por su significado valor arquitectónico dentro del movimiento moderno que ocupó 40 años del siglo XX.