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Muere J. D. Salinger, el literato esquivo

CULTURA

Muere J. D. Salinger, el literato esquivo

29.01.10 - 00:56 -
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Su última foto tenía más de tres décadas. Su voz no está grabada. Jerome David Salinger , el más huraño, huidizo, enigmático y legendario de los escritores norteamericanos, evitó con denuedo enfrentarse a una cámara o una grabadora durante más medio siglo.
Murió este jueves llevándose con él unos secretos que muchos trataron de desvelar. Su desaparición a los 91 años «por causas naturales», según su agente, conmocionó al mundo de las letras estadounidenses en las que reinó en el siglo XX con una novela que marcó a generaciones y generaciones de adolescentes, 'El guardián entre el centeno' (The Catcher in the Rye, 1951) y su protagonista Holden Caulfield, un superdotado genial, contestatario y desadaptado. La novela emblema de Salinger, junto a su magistral serie de narraciones cortas sobre al familia Glass, ha sido una 'biblia de adolescencia' para sucesivas generaciones de lectores.
Un libro genial y fundacional de cuyo estigma no se libró su autor. 'El Guardián...' no ha dejado de reeditarse en todo el mundo desde su aparición en inglés hace casi 60 años. Holden Caulfield, es su protagonista, un adolescente acomodado, expulsado de un selecto internado que trata de regresar a casa sin causar escándalo. Deambula antes por la noche neoyorquina, poniendo en solfa cualquier convención antes de que todo se derrumbe. Holden, superdotado, entrañable y tan brillante como incisivo, es despiadado con el mundo hipócrita de los adultos. Con todo, su sueño recurrente es salvaguardar a las criaturas desamparadas que juegan en un campo de centeno, ignorantes de que al otro lado de las altas hierbas está el precipicio al que no caerán gracias a sus desvelos.
Un libro al que se tiene por el paradigma de la novela de iniciación y que ha influenciado a generaciones de lectores y escritores de todo el mundo marcando un antes y un después. Más de un cuarto de millón de ejemplares siguen vendiendo cada año en todo el mundo, más de 30.000 en España, donde ha superado la treintena de ediciones desde su aparición a mediados de los setenta. Un relato soberbio, que, con todo, no se ha librado del estigma de una genialidad maldita.
'El Guardián entre el centeno' era el libro que leía sin descanso Mark Chapman, el asesino del recordado líder de los Beatles John Lennon. Chapman había estado subrayando las andanzas de Holden Caulfield poco antes de descerrajar varios disparos a John Lennon en la puerta del edificio Dakota de Nueva York y en presencia de la esposa del cantante, Yoko Ono, el 8 de diciembre de 1980. El resto de la obra de Salinger, apenas media docena de títulos publicados todos antes de 1965, sigue viva en el mercado español, entre los catálogos de Edhasa y Alianza. Se trata de 'Nueve cuentos', 'Franny and Zooey', 'Levantad carpinteros la viga maestra', 'Seymour, una introducción' -dedicados éstos al universo emocional de la familia Glass- y 'Hapworth 16, 1924', publicada en 1965 y revisada en 1997.
J. D. Salinger , nacido el 1 de enero de 1919 en Nueva York, escritor enigmático donde los haya, consagrado mundialmente con esa media docena de títulos, fortificó su intimidad desde su primer éxito editorial. Exigía portadas en blanco, sin solapas y por supuesto sin foto. Pero tuvo que soportar desde su «guarida» en Cornish, un rincón perdido de New Hampshire donde ha fallecido, como se oreaban algunos de los episodios más íntimos de su vida, y que lo dibujan como un ser violento, inestable y maniático.
Ostracismo voluntario
Salinger cerró definitivamente el grifo de su biografía sumiéndose en el ostracismo voluntario poco después la Segunda Guerra Mundial. Apenas se sabía que tras su paso por la academia de Valley Forge, trabajó para los servicios militares de inteligencia estadounidense en Inglaterra y que tras la contienda mundial participó en unos talleres de escritura creativa con Whit Burnet en la Universidad de Columbia a finales de los cuarenta. Diez años antes de publicar 'El guardián entre el centeno' y una magistral colección de relatos -los 'Nueve cuentos'- que le garantizaron inmediato acceso y permanencia en Olimpo de las letras estadounidenses, hasta convertirlo en un inamovible tótem de la cultura americana.
Concedió una única entrevista en su vida, llevó a los tribunales a sus biógrafos y a quienes han publicado su correspondencia. Su última fotografía, robada, cómo no, presentaba hace una treintena años a un iracundo anciano de pelo blanco conduciendo un carrito de hipermercado en Cornish e increpando al fotógrafo.
Si se rastrea su pista por Internet sólo aparece una fotografía de carné de los años 50. También dio Salinger la batalla por su maltrecha intimidad en la red de redes y consiguió la supresión de algunas páginas dedicadas a él. Su agente literario, además del escaso trabajo que le procuraba, tenía la orden de quemar sin abrir todas las cartas que recibía de lectores y admiradores.
Ian Hamilton, su primer y arrojado biógrafo, tuvo que vérselas con Salinger en los tribunales cuando el escritor trató de impedir que se publicara la biografía en la que incluía pasajes de sus cartas y que finalmente tuvo que suprimir y reescribir para poder ver impreso su trabajo. Su hija Peggy Salinger no ocultó en un libro titulado 'Sueño del guardián' (Dream Catcher) la decidida y probada propensión sexual de J.D. Salinger hacia las adolescentes, o su proximidad a la Iglesia de la Cienciología, tenida por secta por algunas legislaciones.
Igual de reservado ha sido Salinger con una intimidad que «reventaron», con razón, rabia y coraje, quienes fueran sus seres más allegados, hasta hacer que el mítico enigma de Salinger y su leyenda se desmoronen como un castillo de naipes.
Fisuras
Primero fue una antigua amante, Joyce Maynard, quien derribó el mito del escritor aureolado de una mística superioridad aireando algunas de sus miserias. Su hija Margaret Salinger lo retrató de nuevo como un ogro y un ser sencillamente detestable. Sus comportamientos injustificables, filias, fobias y extravagantes manías quedan reflejados en la crudas y a veces escabrosas memorias que firmó Margaret Ann Salinger, más conocida como 'Peggy'. Proporciona detalles de los tiempos en que su padre bebía orina o del martirio psicológico al que el escritor sometió a su madre, Claire Douglas, con quien se casó en 1955 y se divorció en 1967, y que le diera dos hijos, Margaret y Matthew. Desveló los pasajes más desconocidos de infancia del escritor, hijo de un comerciante de quesos judío, y de su primer matrimonio fracasado con una francesa integrante del partido nazi alemán, Sylvia a la que acabaría llamando 'Saliva' antes del divorcio, o de la reclusión en que mantuvo a su madre y segunda esposa, Claire, cuando ésta se quedó embarazada de 'Peggy'.
La primera fisura en la intimidad blindada de Salinger llegó de la mano de Joyce Maynard (1953), autora de 'Mi verdad' texto biográfico sobre su compleja y dolorosa relación con Salinger.
Maynard intimó con Salinger cuando ella tenía 18 años y despertó, gracias a un artículo en 'The New York Times', la admiración del mítico escritor, que entonces contaba 53 años. Pasaron juntos apenas nueve meses en los que Maynard pudo comprobar sus manías homeopáticas y alimentarias, su interés enfermizo por el zen, el misticismo oriental y el cine antiguo, antes de ser expulsaba de casa-fortaleza de Cornish en la que Salinger se instaló en 1953 sin agua, electricidad ni teléfono.
Salinger no ha publicado una sola página durante décadas -una revisión de una obra anterior en 1997 es su última cita con la imprenta-, aunque se sabe que seguía escribiendo sin cesar en cuadernos que acumula en una habitación fortificada y que sólo podrán salir a la luz tras su muerte.
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Salinger, en 1951, en uno de los pocos retratos que existen de él. :: AP

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