Preside desde Palencia la Federación de Asociaciones para el Respeto Social y Urbano (Farsu) que, con una inquietud medioambiental, lucha contra la contaminación acústica y de los campos electromagnéticos. Jesús María Calvo considera que la ineficacia de las administraciones ampara niveles de contaminación acústica que son verdaderos atentados contra la salud.
-¿Le sorprende el porcentaje de castellanos y leoneses que dice padecer problemas de ruidos?
-Los datos de esta encuesta no me sorprenden, porque nosotros manejamos estadísticas que hablan de un 30% de ciudadanos molestos por los ruidos.
-¿Es la contaminación acústica uno de los males de las ciudades del siglo XXI?
-Sin duda alguna. La contaminación acústica merma la calidad de vida y mina la salud, pero no sólo es un mal de las ciudades. En los pueblos también hay problemas, porque hay actividades de ocio que perturban a los vecinos, trasciendan o no a la opinión pública.
-Pero parece que lo que más molesta no son los botellones, sino los ruidos que provocan de los vecinos.
-Todos los estudios coinciden en que el tráfico y la maquinaria pública (recogida de residuos y servicio de limpieza de los ayuntamientos) es lo más molesto, aunque una cosa es lo que los ciudadanos manifiestan y otra lo que denuncian. En este segundo apartado destacan las actividades de ocio.
-¿Qué ruidos son los más difíciles de soportar?
-Son aquellos que alteran más directamente la calidad de vida y la salud y que, además, gozan de una protección de hecho inconcebible: las actividades de ocio nocturno. Se producen en las horas de descanso de los ciudadanos y tienen como consecuencia el estrés, la falta de rendimiento, el agotamiento, la aceleración del ritmo cardiaco... El ciudadano se ve afectado en un derecho fundamental, un derecho constitucional básico, y la administración en vez de velar por su protección ampara su vulneración.
-¿Qué es peor, un ruido chirriante o un continuo y permanente mal olor?
-Los dos son tremendos. Yo creo que la diferencia está en aquel que se mete en tu domicilio y que no puedes repeler aunque quieras. El olor es más fácil de ocultar, el ruido es más agresivo porque no hay puertas ni ventanas que puedan con él.
-¿Por qué cuesta tanto denunciar?
-Porque los ciudadanos se aburren ante la inoperancia. Por un lado se ven desasistidos y desamparados y, por otro, temen sentirse señalados o acabar siendo objeto de alguna represalia de un tipo o de otro, sobre todo cuando se trata de vecinos o de locales nocturnos.
Falta de educación
-¿Por qué en España somos tan ruidosos?
-Por falta de una educación general básica y de auténtica solidaridad. Somos solidarios con los países del Tercer Mundo, pero no con la persona que tenemos al lado o con la que nos cruzamos todos los días.
-¿Qué opinión le merece la Ley del Ruido de Castilla y León que entró en vigor el pasado mes agosto?
-La ley, en términos generales, está bien, aunque presenta alguna laguna o imprecisión. Aplicarla sería eficaz y más que suficiente, pero no hay voluntad política de cumplirla y hacerla cumplir. Y digo de cumplirla, porque la misma Administración no muestra ningún interés, de ningún tipo, en aprenderla.