«¿Que qué me parece la subida?, pues qué me va a parecer, muy mal. Sólo en farmacia, calefacción, teléfono, luz y las compras en la plaza, dime tú... y que no se rompa nada. Antes con la peseta, bueno, pero ahora vas con 50 euros y no traes nada». Petra Sinovas tiene 89 años, una cabeza privilegiada, el desgaste de la edad (maldita artrosis) y dos sobrinos que la adoran. Son su familia, al igual que Piedad, la asistente social que le atiende desde hace seis años en el servicio de ayuda a domicilio y a la que considera «como una hija». Esta veterana, nacida en Arrabal de Portillo, pero vivida en la calle Imperial desde hace más de cuarenta años, ajusta al máximo los 720 euros que cobra de pensión. «No hay otra», dice. Hasta ahora pagaba 44 euros por su ángel. «Viene una hora al día, me ayuda a asearme, limpia la casa y de vez en cuando salimos a dar un paseo», explica esta ex cocinera, que fundó junto a su marido ya fallecido el antiguo bar Sporting de la calle José Antonio. Desde el 1 de enero esta ayuda, de la que no puede prescindir, pasará a costarle 120 euros. Nuevos equilibrios para llegar a fin de mes. «No nos parece normal una subida así de un día para otro», subraya Juan, su sobrino, quien ya ha escrito al Ayuntamiento para pedir explicaciones. «Yo qué sé, que bajen la intensidad de la luz por la noche y con lo que ahorren que ayuden a pagar el incremento», propone. Petra lo tiene claro: «Estos políticos y presidentes están todo el día discutiendo, pero luego se abrazan, estos no tienen crisis de nada», sentencia. Ella, sin embargo, la va a notar aún más. «Nosotros estamos encima, la atendemos lo que haga falta, pero tenemos que trabajar», recalca Conchi, la sobrina encargada de llevarle las comidas suculentas, esas que cambian la dieta de «judías verdes, un filetito a la plancha y pescado cocido». «No se qué me pasa que si hago otra cosa se me quema», justifica su tía, aficionada a los debates de 'Dónde estás corazón', 'Sálvame' - «ahora la Belén se ha operado la nariz»- y seguidora del periodista Herman Tertsch.
Petra no tiene queja de los servicios que recibe. Piedad «es como de la familia» y los chiquitos de teleasistencia son «muy majos». «Me riñen, porque no les llamo y me dicen que vaya a visitar a mi vecina, que está muy sorda y también tiene de esto», explica. Lo que no le convence nada es el nuevo precio. «No sé cómo lo voy a hacer yo y hay gente con pensiones más bajas», recalca.