Leo con sumo interés que el Ayuntamiento de Salamanca ha decidido paralizar el aparcamiento de la plaza de los Bandos porque la Unesco lo ha amenazado con llevarse el título de Patrimonio de la Humanidad. La noticia me sorprende. Quizá en mi ignorancia, desconocía que la Unesco se interesara tanto por la actualidad de las ciudades que un día adornara con sus distinciones. No me parece mal, porque los títulos de la Unesco tendrían que ser renovables en función de los méritos que cada urbe hiciera para ello. Inevitablemente, he relacionado el asunto con el proyectado aparcamiento del Salón segoviano, que está a la vuelta del año según el alcalde, aunque de ello se habla poco porque tiene espinas.
Sé que hay un grupo de ciudadanos especialmente molesto con el subterráneo que el Ayuntamiento quiere construir en el paseo del Salón y que Izquierda Unida, ahora borrada del mapa municipal, estudia la posibilidad de detener los deseos arahuetiles. Intuyo que puede haber noticias en breve. Izquierda Unida, apartada del Pleno por mandato expreso de un electorado bipolar, tiene en el aparcamiento del Salón una oportunidad para sacar la cabeza y tomar oxígeno, y no creo que Peñalosa y compañía estén dispuestos a desaprovecharla.
El aparcamiento del Salón concitó en los noventa el rechazo de la izquierda segoviana. Era un proyecto del PP y un empeño personal de Ramón Escobar. Sólo el traumático pacto con el CDS de López Arranz lo devolvió al cajón de donde nunca debió haber salido. El pacto con el CDS y el revolcón que el asunto recibió en otras instancias superiores, claro. Transcurrido el tiempo, Arahuetes fue permeable a la idea de Escobar, pero tuvo que envainársela ante el pacto con Izquierda Unida que le dio la Alcaldía. Cuando la primera legislatura independiente/socialista agonizaba, el PSOE se sacó de la manga un nuevo proyecto que rebajaba las pretensiones de Escobar y lo llamó aparcamiento de los Tilos para diferenciarlo del subterráneo del PP.
El precedente de Salamanca vuelve a complicar el proyecto. El Ayuntamiento puede defender que el acceso a la infraestructura está situado fuera del recinto amurallado, la zona protegida por la Unesco, pero es evidente que el aparcamiento tendrá un impacto sobre la panorámica de la ciudad desde su costado occidental y más todavía en el propio paseo del Salón, balcón de la vieja Segovia. El comercio tradicional no ve la hora que se construye, porque cree que esta megaobra lo sacará de la crisis, pero los males que aquejan al pequeño comercio son de otra índole, más complicada de atajar. En fin, que el Ayuntamiento no lo va tener fácil. El aparcamiento del Salón no es el de José Zorrilla; ni siquiera el de Padre Claret.