Pablo Gago y Gonzalo Jorge no son tontos (aunque si hacemos caso al eslogan de la tienda, no lo es ninguno de sus clientes). Y como no son tontos, llegaron a las siete y media de la tarde y consiguieron colocarse los primeros de la fila, los codos apoyados en las vallas amarillas. Nadie por delante. También es verdad que la hazaña tiene truco, porque ya habían quedado con algunos colegas para que hicieran la imaginaria desde las nueve de la mañana. A esa hora llegaron los madrugadores del grupo, de la peña, los del local 2.0, que hicieron cola para ser de los primeros en llegar a la caja y pagar un televisor. «Que es a por lo que venimos, para equipar el local», explicaban Pablo y Gonzalo, los últimos relevos de un grupo del que también formaban parte Óscar, Pablo, Luis Eduardo, Andrés, Álvaro, Alberto y Jesús. A su lado, en la avanzadilla, los hermanos César y Luis Ángel Muñoz. Tampoco son tontos. Llegaron sobre las 15.00 horas, pero antes, sobre las 11.00, ya estaba allí Irina para guardarles el sitio. Todo por el chollo, por el más barato todavía, por la oferta, la gran ocasión. César, Luis Ángel, Pablo y Gonzalo fueron los primeros en apurar el paso, en lucir zancada para llegar hasta la tienda -codo aquí, codo allá- cuando abrió sus puertas metálicas, puntuales, sin retraso, a medianoche.
Fuera había cerca de ocho mil personas esperando. Ocho mil. Y sin exagerar. Y los que todavía estaban en el coche. La prolongación de Padre José Acosta colapsada. Un atasco en toda regla a las doce y media de la noche. Y a dos grados bajo cero. Quienes hacían cola combatían el frío con bufandas, guantes y un chocolate caliente cortesía de Media Markt para soportar mejor la espera. Porque no todos pudieron entrar de primeras. Cuando se completó el aforo del establecimiento -y por razones seguridad- se impidió que entrara más gente, que sólo accedía cuando iban saliendo los clientes anteriores. Con las manos llenas, claro. Como Teresa García, palentina. La primera en pasar por caja. Se llevó un ordenador Toshiba por 599 euros, «unos 200 más barato de lo que he visto por ahí». Y en esas registradoras, cientos, miles de bolsas de plástico (las hay de tres tamaños distintos). Todas las cajas abiertas y aún así no fueron suficientes para asumir la tremenda afluencia de los primeros minutos. Las cestas rojas con ruedas, llenas. Triunfaron (y de qué manera) las consolas Wii, los portátiles. Hubo quien cargó con dos y hasta tres quizá porque en su casa los Reyes Magos son especialmente generosos. En el 'top' de ventas -y a ojo de buen cubero-se podría colocar también las cafeteras y las cámaras de fotos; en fin, las ofertas de la campaña publicitaria de la compañía, que sabedora de sus apuestas, colocó torres con estos productos en el acceso de los principales pasillos. «Hay que ayudar mucho a la gente de caja y de 'stock' para reponer rápido», aconsejaba a los empleados el gerente del centro, instantes antes de la apertura de las puertas. «Que todo el mundo que venga a la tienda se vaya contento» era la consigna. De ello, de atender bien al personal se encargaron los más de cien trabajadores de Valladolid, reforzados por empleados de otras tiendas (Logroño, Pamplona, Zaragoza, Salamanca) llegados ayer para echar una mano en la maratoniana apertura del centro. Porque a estas horas, y hasta medianoche, sigue abierto.