Dar la orina de la abuela o la de una hermana en lugar de la propia en un control antidopaje o poner como excusa para evitar el análisis una larga noche de amor son algunos de los métodos utilizados por algunos deportistas para no dar positivo y arruinar sus carreras. En los escasos segundos de intimidad de los que dispone un deportista para llenar de orina su vaso de plástico es cuando se producen gran parte de los engaños. Por ejemplo, cuando el recipiente no está templado, sino frío, como si acabara de salir del frigorífico, es cuando los responsables del control antidopaje tienen motivos para fruncir el ceño y preocuparse.
«En ocasiones, hacemos análisis para nada, porque sabemos perfectamente que es la orina de la abuela», subraya Neil Robinson, trabajador en un laboratorio antidopaje de Lausana (Suiza). El responsable de un control se quedó desconcertado cuando una velocista búlgara a la que ya había controlado antes no tenía la misma cara que la vez anterior: resultó que había dado la dirección de su hermana, que solía presentarse a los controles en su lugar.
Después de la intensificación de los controles por sorpresa, las instancias antidopaje cuentan casos de deportistas que salen corriendo en cuanto ven a los responsables de un control o de atletas que tratan de hacer que caduquen sus muestras.
La corredora turca Sureyya Ayhan, efímero emblema de su país cuando ganó en 2002 los 1.500 metros en los Campeonatos de Europa, es un caso típico de quien trata de evitar hacerse controles, pues lo intentó todo -o casi todo- para no presentarse. Tras un intento de fuga, expulsó a los controladores de su habitación de hotel.
Cuando lograron entrar de nuevo, una mujer más baja, que no se parecía en nada a la de la fotografía de sus documentos de identidad, les recibió como si fuera la verdadera Sureyya Ayhan.
Por «un favor» a su mujer
Los responsables del control recogieron su muestra de orina al tiempo que oían ruidos procedentes de un armario. Días más tarde, los mismos controladores tuvieron que ver de nuevo a la verdadera Sureyya Ayhan. En un total de cinco intentos, no pudieron conseguir una muestra de la atleta, que volcó el vaso que acababa de rellenar y luego trató de entregar como muestra un recipiente que tenía en el cuarto de baño.
En sus audiencias ante las comisiones disciplinarias por este tipo de sucesos, muchos deportistas mantienen unos argumentos de defensa de lo más inverosímil. Los hay que afirman que la muestra se mezcló con dentífrico, crema de afeitar o incluso productos adelgazantes a base de hierbas, como la corredora italiana Martha Bastianelli.
En este mismo capítulo de explicaciones más que atrevidas, el estadounidense Dennis Mitchell es el más famoso. Para justificar el exceso de testosterona, hormona masculina, en su orina, el 'sprinter' aseguró que el control sorpresa realizado en abril de 1998 se produjo tras una larga noche de amor con su mujer. «Era su cumpleaños. Se merecía un trato de favor», alegó el afamado velocista.
También hay deportistas, más inocentes, que se traicionan a sí mismos. Es el caso del belga Ludo Dierckxens, quien tras haber ganado una etapa en el Tour de Francia de 1999, reveló que consumió un producto prohibido para tratar una tendinitis en la rodilla